Gustavo Petro subió a la tarima en Ciudad Bolívar a las 12:42 del mediodía de este lunes 20 de julio de 2026, con un suéter que decía “somos la tierra de jaguares” y la certeza de que esas serían sus últimas palabras en plaza pública como presidente de la República. A su espalda, los generales ya se habían ido. Frente a él, miles de colombianos que lo habían acompañado a lo largo de su mandato. En ese escenario inusual, el sur de Bogotá convertido en el corazón de la celebración de los 216 años del Grito de Independencia, Petro pronunció el discurso de cierre de un gobierno que llegó al poder en 2022 prometiendo un cambio histórico y que ahora se despide entre la defensa de su legado y la controversia de sus últimas horas.
“Yo quise venir aquí a despedirme por ahora, en lo que será ya el último discurso hecho ante la población en esta Colombia”, dijo el mandatario ante la multitud congregada en la avenida Villavicencio. La frase “por ahora” no pasó desapercibida: la misma expresión que Hugo Chávez usó tras su fallido golpe de 1992 fue resignificada por Petro para dejar abierta la puerta de su regreso a la política activa. El presidente fue enfático en señalar que dejará el poder el próximo 7 de agosto, una vez “alguien tome la banda presidencial”, sin mencionar en ningún momento de manera directa el nombre del presidente electo Abelardo de la Espriella.
Petro arrancó su intervención con un balance de gobierno que calificó como positivo, aunque con matices. “Pudo ser mejor, pero este fue un gobierno que creo, pasará a las páginas de la historia como uno de los mejores gobiernos en la historia de Colombia”, afirmó el mandatario, quien también sostuvo que el país se tuvo que haber reelegido. Resaltó como uno de sus legados los mayores beneficios adquiridos por soldados y militares durante su administración, un guiño institucional que llegó minutos después de que la cúpula castrense lo hubiera dejado solo en la tarima. También habló de las viviendas, colegios y el teatro El Ensueño construidos durante su alcaldía en Ciudad Bolívar, localidad que eligió como escenario simbólico de su despedida.
Uno de los momentos más polémicos de la intervención fue cuando Petro lanzó una pulla directa al presidente electo a través de una disquisición zoológica. De la Espriella es conocido por el apodo de “El Tigre”, y Petro aprovechó el escenario para atacar ese símbolo con ironía: “¿A qué colombiano y colombiana se le ocurrió, por falta de educación, abrir internet y no ver que desde Alaska hasta la Patagonia no existe un solo tigre libre? El tigre es un animal asiático. El felino más grande en América se llama jaguar. Nosotros hemos sido jaguares, somos jaguares y seguiremos siendo jaguares”, expresó el mandatario saliente ante los aplausos de sus seguidores, en una metáfora política que sintetizó la tensión entre su proyecto y el que lo reemplaza.
El pasaje más explosivo del discurso fue la denuncia por presunto fraude electoral. Petro aseguró ante la multitud que el pueblo de Colombia eligió como presidente a Iván Cepeda y no a De la Espriella, y anunció que ya fue presentada ante la justicia colombiana una demanda respaldada por pruebas, videos e indicios recopilados por ciudadanos y expertos en tecnología. “Esta noche se publica la demanda que ya se entregó a la justicia colombiana. Que no digan cuáles son las pruebas cuando hablo de esto. Se entregó con todas las pruebas, indicios y el acervo probatorio”, manifestó. Petro también señaló que descubrió cómo fue el apoyo que brindó Trump y Netanyahu para, en sus palabras, imponerse sobre la voluntad mayoritaria del pueblo de Colombia.
El mandatario saliente también lanzó mensajes hacia el nuevo Congreso que se instala este mismo 20 de julio. Afirmó que espera “una bancada unida” del Pacto Histórico y aseguró que ha pedido “el reglamento más estricto” para que “toda votación sea de verdad pública”. Pidió respeto por el legado de su gobierno y fue enfático en que ni la derecha debe criminalizarse por ser derecha, ni el progresismo debe criminalizarse por serlo, en un llamado al equilibrio político que contrastó con el tono confrontacional de otros pasajes del discurso.
El cierre del discurso estuvo marcado por la simbología que acompañó todo el mandato. Petro convocó a sus seguidores a alistar la resistencia pacífica en las calles de Colombia, encuadrando la etapa que viene no como un retiro sino como una nueva fase de movilización desde la oposición. También se despidió de dos objetos históricos que había llevado a la Casa de Nariño: la espada de Bolívar, cuya réplica ordenó sacar desde su posesión el 7 de agosto de 2022, quedará en el museo de la Quinta de Bolívar, mientras que la sotana de Camilo Torres tendrá como destino el Museo Nacional. Acto seguido le entregó a María José Pizarro el sombrero de su padre, el líder del M-19 Carlos Pizarro, que fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación en 2024.
Petro bajó de la tarima de Ciudad Bolívar con 18 días por delante antes de entregar el poder. Su último discurso en plaza pública quedará en la historia no solo por lo que dijo, sino por el escenario que eligió, el sur que lo vio gobernar primero como alcalde, los símbolos que devolvió, la denuncia que lanzó y la resistencia que convocó. Un presidente que llegó al poder prometiendo transformarlo todo y que se va llamando a sus seguidores a las calles, con la banda presidencial todavía en sus hombros pero con la cuenta regresiva ya activada.

