“Antioquia resistió y Colombia se salvó”: Presidente electo De la Espriella habla desde Medellín


Mientras el presidente saliente Gustavo Petro se despedía de sus seguidores en Ciudad Bolívar, a las 12:45 del mediodía de este lunes 20 de julio de 2026, Abelardo de la Espriella tomaba la palabra en el Aeropuerto Internacional José María Córdova de Rionegro, en el corazón de Antioquia, para presidir el desfile militar del Día de la Independencia en Medellín. El contraste fue inmediato y deliberado: mientras el presidente saliente convocaba a la resistencia desde el sur de Bogotá, el presidente electo escogió la ciudad que lo catapultó al poder para lanzar los primeros mensajes contundentes de lo que será su administración a partir del 7 de agosto. Dos escenarios, dos proyectos, un solo país dividido entre ellos.

De la Espriella llegó a Medellín acompañado de su esposa, varios de sus ministros designados y el ministro del Interior encargado, Rodrigo Lara. Lo recibieron el alcalde Federico Gutiérrez y el gobernador Andrés Julián Rendón, dos de los aliados más sólidos de su proyecto político. La elección de Antioquia como sede de su primer 20 de julio como presidente electo no fue casual: el departamento le dio el 64,42% de los votos en la segunda vuelta del 21 de junio y él se impuso en 108 de los 125 municipios del departamento, cifras que el propio De la Espriella calificó como determinantes para su llegada a la Casa de Nariño.

Arrancó su discurso con una frase que sintetizó el simbolismo político de la jornada: “El Tigre tiene a Antioquia en su corazón y en su espíritu”. Luego fue más lejos: “Hoy celebramos aquí el grito de independencia, en una tierra que es la más patriota de Colombia y que dio el grito definitivo de independencia el 21 de junio, cuando votó masivamente por el Tigre, Abelardo de la Espriella”. Con esa declaración, el presidente electo convirtió el resultado electoral en una narrativa de resistencia territorial, equiparando el voto antioqueño con un acto de independencia frente al proyecto político saliente. “Antioquia resistió y Colombia se salvó”, remató.

El discurso tuvo un tono marcadamente institucional hacia las Fuerzas Militares, en contraste directo con la tensión que había dejado la salida de la cúpula militar del acto de Petro en Bogotá. De la Espriella les envió un mensaje claro a los uniformados: “Las Fuerzas Militares no volverán a temer para defender la ley”. La frase fue recibida con aplausos en el recinto y marcó uno de los ejes centrales de lo que será su política de seguridad: devolverle a la Fuerza Pública la autoridad y la respaldo institucional que, en su lectura, le fue recortado durante el cuatrienio anterior. También ratificó en ese acto que su posesión el 7 de agosto se realizará en una guarnición militar, un gesto simbólico que refuerza ese mensaje.

Sobre seguridad y crimen organizado, De la Espriella fue contundente. “Nunca más la ciudadanía de bien arrodillada”, afirmó ante los asistentes, en una de las frases más aplaudidas de su intervención. El presidente electo reiteró que perseguirá y someterá al crimen durante su mandato y que la lucha frontal contra las organizaciones criminales será uno de los ejes de su administración. “Aquí no se va a tolerar la corrupción”, añadió, en un mensaje que combinó la promesa de mano dura contra el delito con la exigencia de transparencia en el manejo de los recursos públicos, otra de sus banderas de campaña.

El mandatario electo también dedicó un espacio para exaltar el liderazgo de las mujeres colombianas y destacó que su gabinete contará con la participación de tres mujeres antioqueñas, un dato que subrayó ante el público local como una señal de reconocimiento al departamento. Destacó el papel del gobernador Rendón y del alcalde Gutiérrez, a quienes calificó como referentes de buena gestión, y les lanzó un elogio directo que fue leído como un respaldo político explícito a las dos figuras más visibles de la derecha regional en el poder. Tres de sus ministros designados son antioqueños, uno de ellos hermano de Gutiérrez.

La jornada en Medellín tuvo también un capítulo en el Túnel del Toyo, obra emblemática que el gobierno Petro obstaculizó y que los antioqueños financiaron con una millonaria ‘vaca’ ciudadana para reanudar su construcción. De la Espriella visitó ese proyecto junto al gobernador y al alcalde en lo que fue leído como un gesto político hacia Antioquia: el reconocimiento de que el departamento supo sobrellevar los roces con el Ejecutivo nacional y salir adelante por su cuenta. La visita al Toyo completó una jornada diseñada para mostrar que el nuevo gobierno llegará con Antioquia como aliada estratégica desde el primer día.

Desde su cuenta en X, De la Espriella había anticipado el espíritu de la jornada antes de iniciar su agenda: “Hace 216 años nació una nación libre. Pronto comienza una nueva etapa para honrar ese legado con trabajo, autoridad, unidad y amor por Colombia. La Patria Milagro la construimos entre todos. Firme por la Patria”. Su primer 20 de julio como presidente electo quedó grabado no solo como un acto de celebración patriótica sino como una declaración de intenciones: un gobierno que llega con Antioquia en el corazón, con las Fuerzas Militares como aliadas y con la seguridad como primer innegociable del mandato que comenzará en 18 días.

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