El presidente electo Abelardo de la Espriella encabezó este miércoles 22 de julio de 2026 en Montería su sexto empalme territorial, en la ciudad donde creció, con la participación del gobernador de Córdoba, Erasmo Zuleta, y los 30 alcaldes del departamento. El regreso a su tierra natal no fue un acto simbólico vacío: fue una declaración de compromiso directo con una región que históricamente ha reclamado mayor atención del Estado central y que en las elecciones del 21 de junio le dio un respaldo contundente al hoy presidente electo. “Estoy aquí para ayudarlos a quedar bien con sus electores y su pueblo, para llevar el desarrollo a su tierra y a su gente. Ya no importa si votaron por mí o no. Lo que importa es ayudar a Córdoba como nunca antes lo ha hecho ningún otro gobierno”, afirmó De la Espriella ante el gobernador y los alcaldes reunidos en Montería.
El tono del empalme cordobés fue marcadamente diferente al de otros departamentos. De la Espriella llegó a su tierra con el lenguaje de quien conoce el territorio desde adentro y no necesita protocolo para comunicarse con sus mandatarios locales. Fue contundente en su promesa de gobernar sin intermediarios: “Conmigo no van a necesitar padrinos. La relación será directa. Voy a despachar desde los 32 departamentos, voy a venir a mi tierra y voy a ir a los 30 municipios de Córdoba con lista en mano a resolver los problemas, porque yo no soy un mercader de ilusiones, soy un empresario de realidades”. Esa frase sintetizó el estilo de gobierno que el presidente electo ha prometido desde el primer día de campaña: presencia territorial real, sin burocracia de por medio.
De la Espriella reconoció los retos fiscales y administrativos que enfrenta Córdoba, pero fue enfático en destacar la eficiencia con que el gobernador Zuleta y los alcaldes del departamento han trabajado pese al olvido y las limitaciones presupuestales del gobierno saliente. Esa lectura le permitió hacer una diferenciación entre la gestión local, que valoró positivamente, y la relación del gobierno nacional saliente con los territorios, que caracterizó como de abandono. Las solicitudes que no fueron atendidas durante el cuatrienio anterior, anunció De la Espriella, tendrán toda la atención y la planeación en la era del Tigre.
Al mismo tiempo que el presidente electo estaba en Montería, su oficina de prensa publicó el Comunicado 186, mediante el cual designó una delegación de alto nivel para representar al gobierno electo en la ceremonia de posesión de Keiko Fujimori como presidenta de la República del Perú. El vicepresidente electo José Manuel Restrepo, el canciller designado Omar Bula y el ministro de Comercio, Industria y Turismo designado Mauricio Gómez Amín viajarán a Lima en nombre del gobierno entrante, mientras De la Espriella cumple su promesa de campaña de permanecer en Colombia gobernando desde las regiones. La delegación refleja la importancia que el nuevo gobierno le asigna a la relación estratégica con Perú en materia diplomática, comercial y de cooperación regional.
La simultaneidad de los dos eventos del 22 de julio es una imagen deliberada de cómo De la Espriella concibe la gestión presidencial: presencia territorial permanente del mandatario en el país y representación internacional en manos de un equipo de alto nivel. Esa división de roles entre el presidente y su equipo diplomático es una apuesta que el gobierno entrante ha comenzado a ejecutar antes incluso de tomar posesión, y que marca una diferencia de estilo frente a los modelos de gestión presidencial que han dominado la política colombiana en las últimas décadas, donde el jefe de Estado suele asumir personalmente la agenda internacional como prioridad.
El cierre del empalme en Montería tuvo la carga emocional que solo puede tener un político que regresa a la ciudad que lo vio crecer con la banda presidencial en el horizonte. “Se acabó el olvido para este departamento. Tengo la fórmula para resolver lo que haya que resolver y hacer grande de una vez a Córdoba. El Estado debe preocuparse por quienes no tienen nada, para brindarles las condiciones que les permitan educarse, progresar y mejorar su calidad de vida. La acción del Estado debe estar dirigida a los jóvenes colombianos”, afirmó el presidente electo, en una frase que fue al mismo tiempo una promesa y un diagnóstico sobre la deuda histórica del Estado con esa región.
Con el empalme de Córdoba, De la Espriella completó 6 encuentros territoriales en menos de un mes desde que recibió las credenciales del CNE, un ritmo que refleja la urgencia con la que el gobierno entrante quiere llegar al 7 de agosto con el diagnóstico regional hecho y las prioridades de cada departamento ya identificadas. Los 30 alcaldes de Córdoba y el gobernador Zuleta se van de Montería con una promesa concreta: que el presidente electo llegará a cada uno de sus municipios con lista en mano, sin padrinos de por medio y sin politiquería, a resolver los problemas que el Estado central ha postergado durante demasiado tiempo en una de las regiones con mayor deuda social del país.
La jornada del 22 de julio dejó 2 mensajes claros sobre el gobierno que se instala el 7 de agosto: hacia adentro, un presidente que recorre sus regiones y llega incluso a su propia tierra con la misma exigencia que a cualquier otro departamento; hacia afuera, un equipo diplomático que representa con alto nivel los intereses de Colombia en Lima mientras el presidente cumple su palabra de no alejarse del territorio. Ese equilibrio entre la agenda doméstica y la internacional será una de las pruebas más exigentes del estilo de gobierno que De la Espriella prometió y que ahora deberá sostener desde la Casa de Nariño.
