Volver al ejercicio después de un infarto sí es posible

 

Volver a hacer ejercicio después de un infarto sí es posible, pero el regreso debe construirse de manera progresiva y bajo orientación médica. La rehabilitación cardíaca se ha consolidado como una herramienta fundamental para recuperar capacidad física, mejorar la calidad de vida y disminuir el riesgo de nuevos eventos cardiovasculares. El enfoque actual dejó atrás la idea de mantener una inactividad prolongada y reconoce que el ejercicio, cuando está correctamente prescrito, hace parte del tratamiento y favorece la recuperación integral del paciente.

El temor a exigir nuevamente al corazón puede llevar a limitar caminatas, escaleras y otras actividades cotidianas. Sin embargo, la inactividad prolongada tampoco favorece la recuperación. El momento para retomar el ejercicio no es igual para todos y depende de factores como el tamaño del infarto, la función cardíaca posterior, los procedimientos realizados, la existencia de arritmias o complicaciones y la condición física previa. Por eso, la decisión debe establecerse individualmente con el equipo médico responsable.

“Uno de los mayores avances en cardiología ha sido entender que el ejercicio hace parte del tratamiento”, explica el Dr. Oscar Pérez, médico especialista en cardiología de LaCardio. El especialista señala que un paciente no debe permanecer inactivo por miedo a exigir el corazón y destaca el valor de la actividad física prescrita por profesionales. En algunos casos, la movilización comienza durante la hospitalización y posteriormente se define el momento apropiado para iniciar un programa estructurado de rehabilitación cardíaca.

Antes de incrementar la intensidad, algunos pacientes pueden necesitar una prueba de esfuerzo u otras evaluaciones para conocer la respuesta del corazón al ejercicio. La rehabilitación cardíaca integra entrenamiento físico con educación sobre alimentación saludable, abandono del cigarrillo, manejo del estrés, adherencia al tratamiento y control de factores como hipertensión, colesterol, diabetes y exceso de peso. El propósito no consiste únicamente en recuperar condición física, sino en incorporar hábitos que ayuden a prevenir nuevos eventos cardiovasculares.

Dentro de los ejercicios que pueden incorporarse aparecen actividades aeróbicas como caminar, utilizar bicicleta estática o caminadora y, cuando exista autorización médica, montar bicicleta al aire libre o nadar. El entrenamiento de fuerza también puede formar parte del proceso, generalmente con cargas ligeras, movimientos controlados y varias repeticiones. Los ejercicios de movilidad articular y estiramiento contribuyen a conservar la funcionalidad. La duración y la intensidad deben aumentar gradualmente de acuerdo con la evolución clínica.

En las primeras etapas no se recomienda realizar ejercicios de alta intensidad, levantar cargas muy pesadas, practicar deportes competitivos ni ejecutar esfuerzos bruscos o explosivos sin autorización médica. Una referencia práctica puede ser mantener una conversación sin dificultad durante la actividad, aunque la intensidad adecuada debe determinarla el equipo de salud y no únicamente una aplicación o dispositivo. El objetivo es avanzar sin someter al organismo a exigencias que superen su capacidad de recuperación.

El paciente también debe aprender a reconocer señales que obligan a detener el ejercicio. Dolor o presión en el pecho, dificultad respiratoria mayor de la esperada, mareo, sensación de desmayo, palpitaciones persistentes, sudoración fría o malestar intenso requieren suspender la actividad y buscar valoración médica. La recuperación también tiene una dimensión emocional: después de un infarto, recuperar confianza para retomar las actividades cotidianas puede ser tan importante como mejorar la capacidad física y recuperar independencia.

La rehabilitación cardíaca propone, en ese sentido, una ruta acompañada para volver al movimiento con seguridad y objetivos ajustados a cada paciente. En LaCardio, el enfoque multidisciplinario busca establecer programas de actividad física de acuerdo con las condiciones y necesidades individuales. La recuperación después de un infarto no significa dejar de moverse, sino aprender a hacerlo de forma segura, progresiva y con acompañamiento adecuado. El ejercicio puede convertirse así en una herramienta para recuperar calidad de vida y reducir riesgos futuros.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente