Los medicamentos vencidos o parcialmente consumidos que permanecen en botiquines y cajones de los hogares representan un riesgo que suele pasar inadvertido. Punto Azul advierte que estos productos no deben terminar en la basura común, el lavamanos ni el inodoro, debido a los efectos que pueden generar sobre el ambiente y la salud pública. La organización insiste en que la disposición correcta comienza en casa, con una acción sencilla: separar estos residuos y entregarlos en los puntos habilitados.
El manejo inadecuado puede contaminar fuentes de agua, afectar flora y fauna y contribuir a la resistencia antimicrobiana, fenómeno que ocurre cuando los medicamentos pierden capacidad para producir el efecto terapéutico esperado. Jorge Enrique Trujillo, director ejecutivo de Punto Azul, explica que la organización articula el plan posconsumo de residuos de medicamentos y el de envases, empaques y plásticos de un solo uso. La entidad agrupa al 98 % de la industria farmacéutica colombiana y reúne más de 500 empresas.
La dimensión del problema también puede medirse en volumen. Punto Azul ha recolectado y dispuesto de manera controlada más de 4.000 toneladas de medicamentos vencidos durante una gestión que supera 15 años. De acuerdo con cifras consolidadas por la Red Iberoamericana de Programas Posconsumo, el peso promedio de un empaque de medicamento es de 28 gramos. Cada unidad retirada de los circuitos informales deja de representar un posible riesgo de contaminación, falsificación o adulteración para los consumidores.
La organización señala que ese trabajo permitió alcanzar más del 95 % de la meta nacional trazada a diez años dentro de la política pública de residuos peligrosos, específicamente para medicamentos. Sin embargo, el resultado depende también de la participación ciudadana. Punto Azul recomienda destinar en cada vivienda un espacio exclusivo para almacenar medicamentos vencidos, parcialmente consumidos o deteriorados, junto con sus envases y empaques, evitando mezclarlos con residuos ordinarios o materiales reciclables convencionales ni con otros residuos aprovechables.
El siguiente paso consiste en trasladar esos residuos a un Punto Azul. Actualmente existen 2.350 puntos distribuidos en el territorio nacional, ubicados generalmente en droguerías, almacenes de cadena y grandes superficies. La organización dispone de un mapa georreferenciado en su sitio web para facilitar la ubicación del punto más cercano. Tampoco recomienda esperar a reunir una cantidad determinada: un medicamento que acaba de vencer debe entregarse de inmediato, porque la fecha de vencimiento responde a estudios técnicos de estabilidad.
Después de la entrega comienza una cadena de logística inversa controlada. Los operadores recogen los medicamentos en bolsas selladas y con trazabilidad, los trasladan en vehículos especializados para sustancias y mercancías peligrosas y los llevan a hornos de incineración, donde se realiza la disposición final bajo controles ambientales. El procedimiento busca cerrar el ciclo de manera segura y evitar que los productos regresen al mercado, contaminen ecosistemas o permanezcan disponibles para prácticas de falsificación y adulteración.
Punto Azul también busca despejar dudas frecuentes sobre los contenedores. La entidad no comercializa, compra, dona ni entrega medicamentos, y los productos depositados no se recuperan para volver a venderse: están destinados exclusivamente a destrucción final. Los puntos habilitados tampoco reciben residuos diferentes de medicamentos, sus envases y empaques. El modelo opera bajo la responsabilidad extendida del productor, con participación del Ministerio de Ambiente, ANLA, la industria farmacéutica, droguerías y Secretarías de Salud municipales, que orientan a los consumidores.
La disposición adecuada requiere, por tanto, una cadena de corresponsabilidad en la que la decisión cotidiana del consumidor tiene un papel determinante. Separar, guardar y entregar los medicamentos vencidos permite completar un proceso diseñado para proteger fuentes de agua, ecosistemas y salud pública. Para Punto Azul, el desafío consiste en convertir una práctica sencilla en un hábito extendido entre los hogares colombianos. La invitación es concreta: identificar el punto más cercano y llevar allí los residuos sin demora.
