El Día Mundial del Alzheimer, que se conmemora cada 21 de septiembre, pone nuevamente el foco sobre una enfermedad que constituye la forma más común de demencia y una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre las personas mayores. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 57 millones de personas viven actualmente con demencia en el mundo, mientras el Alzheimer representa entre el 60 % y el 70 % de los casos registrados globalmente.
La dimensión del problema también se refleja en el crecimiento de nuevos diagnósticos. Cada año se presentan cerca de 10 millones de nuevos casos de demencia y más del 60 % de las personas afectadas vive en países de ingresos bajos y medianos, entre ellos Colombia. La OMS ubica la demencia como la séptima causa de defunción en el mundo. En 2019, además, el impacto económico global alcanzó aproximadamente 1,3 billones de dólares, cerca de la mitad asociado al cuidado informal.
En Colombia, la situación adquiere una dimensión particular debido al envejecimiento poblacional y a las desigualdades sociales. La Encuesta Nacional de Salud, Bienestar y Envejecimiento, SABE, citada por el Ministerio de Salud y Protección Social, reporta una prevalencia de demencia del 9,4 % entre las personas mayores de 60 años. La cifra aumenta de manera considerable después de los 85 años, cuando alcanza el 57,4 %, evidenciando una mayor concentración del problema entre los grupos de mayor edad.
Los datos nacionales también muestran diferencias asociadas con las condiciones socioeconómicas y educativas. La prevalencia alcanza el 12,8 % en personas pertenecientes al estrato socioeconómico 1, mientras que en los estratos 5 y 6 se ubica en 1,2 %. Entre quienes no tienen ningún nivel educativo, la proporción llega al 25,2 %. Estas diferencias plantean la importancia de considerar factores sociales, acceso a servicios de salud, educación y condiciones de vida dentro de las estrategias destinadas a reducir el riesgo de deterioro cognitivo.
Uno de los principales mensajes para esta conmemoración está relacionado con la prevención. Las directrices actualizadas de la OMS señalan que cerca del 45 % del riesgo de deterioro cognitivo y demencia puede atribuirse a factores modificables. Entre ellos aparecen el consumo de tabaco y alcohol, el aislamiento social, la inactividad física, la contaminación del aire y enfermedades no transmisibles como hipertensión y diabetes. Intervenir estos factores durante la vida puede contribuir a prevenir o retrasar la aparición de la enfermedad.
El cuidado cotidiano también ocupa un lugar central en la respuesta frente al Alzheimer. La OMS estima que los cuidadores informales dedican alrededor de 5 horas diarias a tareas de atención y supervisión. El hogar puede convertirse, por ello, en un espacio fundamental para reconocer cambios que ameriten una valoración profesional. Olvidos frecuentes que afectan la rutina, desorientación en lugares conocidos, dificultades para manejar dinero o teléfono y modificaciones del ánimo o comportamiento pueden constituir señales que requieren atención.
Alejandro Rivas, gerente de la Red Médica de emi Falck, destacó la importancia de actuar antes del diagnóstico y de atender simultáneamente a la persona con deterioro cognitivo y a quien asume su cuidado. “El Alzheimer no empieza el día del diagnóstico: empieza años antes, en hábitos y condiciones de salud que sí podemos intervenir”, afirmó. También señaló la importancia de controlar la presión arterial y la diabetes, mantener actividad física y evitar que las personas mayores permanezcan aisladas, además de reconocer las necesidades del cuidador.
En el marco del Día Mundial del Alzheimer, emi Falck llamó a las familias, empleadores y al sistema de salud a abordar la demencia sin estigmas y promover consultas oportunas ante las primeras señales de deterioro cognitivo. El llamado también busca reconocer el trabajo de quienes cuidan diariamente a las personas afectadas. La prevención, según la evidencia citada, comienza mucho antes de la vejez: hábitos saludables, condiciones adecuadas de vida y atención temprana pueden influir en el riesgo y en la evolución de la enfermedad.
