El terremoto del 10 de agosto volvió a poner sobre la mesa una pregunta que muchas familias suelen dejar para después: ¿qué tan protegido está su patrimonio frente a un desastre natural? Según cifras de Fasecolda, apenas el 9,3 % de las viviendas en Colombia cuenta con algún tipo de seguro de hogar. Esto significa que cerca de nueve de cada diez hogares no tienen esta protección, precisamente cuando una emergencia puede convertir en pérdidas económicas años de esfuerzo familiar y patrimonial.
Las primeras cifras conocidas después del sismo muestran la dimensión del impacto para el sector asegurador. Con corte al 14 de agosto, las compañías habían recibido 10.465 reclamaciones en el país, por un valor preliminar de $281.000 millones. De ese total, 9.310 correspondían a daños relacionados con bienes inmuebles, mientras las demás estaban vinculadas con automóviles, riesgos laborales, salud y vida. El panorama evidencia que un terremoto no solamente representa una emergencia física, sino también un desafío económico para miles de hogares.
Después de un movimiento sísmico, una vivienda puede presentar daños en paredes, techos, ventanas, instalaciones y elementos estructurales. Por eso, la prioridad inmediata debe ser proteger la vida, evacuar cuando exista riesgo y atender las recomendaciones de las autoridades. Una vez las condiciones permitan regresar de manera segura, los propietarios pueden documentar mediante fotografías y videos las afectaciones y revisar las condiciones de la póliza. También resulta importante evitar reparaciones innecesarias antes de recibir orientación de la compañía aseguradora correspondiente.
La cobertura dependerá de las condiciones específicas de cada seguro. Algunas viviendas cuentan con pólizas contratadas directamente por sus propietarios, mientras otras pueden tener protección asociada a un crédito hipotecario. En ambos casos, conviene revisar qué riesgos están amparados, cuáles son los límites de cobertura, los deducibles y las exclusiones. Fasecolda ha recomendado informar oportunamente a las aseguradoras sobre los daños. Además, no existe un plazo general de tres días para reclamar por el sismo del 10 de agosto, pues los términos dependen de las circunstancias y del tipo de acción.
Los vehículos también pueden resultar afectados durante un terremoto por la caída de muros, estructuras u objetos. La posibilidad de recibir una indemnización dependerá nuevamente de la póliza contratada y de sus condiciones particulares. Ante un daño, se recomienda conservar evidencia fotográfica, reunir documentos relacionados con el vehículo y comunicarse con la aseguradora mediante sus canales oficiales. Las reclamaciones registradas después del sismo incluyen también pólizas de automóviles, demostrando que los efectos económicos de una emergencia pueden extenderse mucho más allá de las viviendas.
Para Carlos Herrán Perdomo, gerente general de Coasmedas, la prevención financiera debe formar parte de la preparación de los hogares ante situaciones inesperadas. “Una emergencia nos recuerda que proteger el patrimonio también es proteger nuestros proyectos de vida. Por eso es fundamental contar con una póliza adecuada, conocer sus coberturas y estar preparados financieramente ante cualquier eventualidad”, señaló. La recomendación apunta a complementar los seguros con ahorro para imprevistos, documentación organizada y conocimiento previo de los mecanismos de respaldo disponibles.
En el caso de las familias que cuentan con un crédito de vivienda, revisar las coberturas asociadas a la obligación puede ser especialmente importante. No todos los seguros protegen los mismos bienes ni contemplan idénticos riesgos. Conocer anticipadamente estas condiciones permite entender qué ocurriría frente a un sismo y cuál sería el procedimiento para reportar una afectación. A esto pueden sumarse mecanismos de auxilio y solidaridad, como los disponibles para asociados de Coasmedas, que buscan ofrecer respaldo adicional cuando una emergencia genera gastos inesperados o afecta temporalmente los ingresos.
El terremoto dejó una lección que trasciende la emergencia: la protección patrimonial requiere preparación antes de que ocurra un desastre. Contar con un seguro adecuado, mantener un fondo para imprevistos, conservar documentos y pólizas en lugares seguros y conocer los canales de atención puede reducir el impacto económico de una eventualidad. Para Coasmedas, estas herramientas hacen parte del acompañamiento a sus asociados y de una cultura de prevención financiera. En un país expuesto a fenómenos naturales, proteger una vivienda también significa proteger los proyectos de vida construidos alrededor de ella.
