Abelardo de la Espriella tomó posesión como presidente de Colombia el 7 de agosto de 2026 en la Universidad Santiago de Cali, en una ceremonia que marcó el inicio del periodo 2026-2030. A las 4:13 de la tarde, De la Espriella ingresó al auditorio Arena USC acompañado de la primera dama, Ana Lucía Pineda, y sus cuatro hijos: Lucía, Salvador, Filippo y Francesca. Su entrada fue recibida con aplausos de los 2.500 asistentes reunidos en el recinto universitario, que hasta ese momento habían visto desfilar a mandatarios de varios países, expresidentes colombianos y delegaciones internacionales en un ambiente de expectativa cuidadosamente construido por el equipo de protocolo del gobierno entrante.
Antes de los actos protocolarios, el presidente del Senado Honorio Henríquez, quien tendría en sus manos el momento más solemne de la jornada, tomó la palabra para enmarcar el significado histórico del día. Henríquez enumeró los retos del nuevo gobierno, entre ellos el orden público, la inseguridad, la situación fiscal, el narcotráfico, la minería ilegal, el sistema de salud y la corrupción, y rememoró al fallecido senador Miguel Uribe Turbay, lo que generó aplausos entre los presentes. Fue un discurso de apertura que no esquivó la realidad y que le puso nombre a los problemas que el nuevo gobierno deberá enfrentar desde el primer día.
La cantante colombiana Maía interpretó el himno nacional, llenando el auditorio de emoción antes de que Henríquez procediera a tomar el juramento al nuevo mandatario. Con la fórmula constitucional de rigor, De la Espriella pronunció las palabras que lo convirtieron en el presidente número 35 de Colombia: “Juro a Dios y prometo al pueblo cumplir fielmente la Constitución y las leyes de Colombia”. El “sí juro” fue seguido de una ovación y de la imposición de la banda presidencial tricolor que Henríquez colocó sobre el pecho del nuevo jefe de Estado, en el acto más cargado de simbolismo de toda la jornada.
Como parte de la ceremonia, se desarrolló un espacio para la fe, solicitado por Abelardo De la Espriella, con una misa en la que participaron representantes religiosos y asistentes al acto de posesión. Esa pausa litúrgica en medio de la solemnidad republicana fue una señal de la dimensión personal que el nuevo presidente quiso imprimirle a la ceremonia: la convicción de que gobernar es un acto de servicio que requiere algo más que competencia técnica y que pasa también por la fe y el compromiso moral.
El presidente del Congreso cerró su discurso con las palabras: “El 7 de agosto del 2026 debe ser recordado como el día en que Colombia decidió reencontrarse con su verdadero propósito: servir y facilitar que los ciudadanos construyan y obtengan bienestar”. Y añadió: “Que Dios lo ilumine, señor presidente, en unión de su familia. Que Dios ilumine al Congreso de la República y a las Altas Cortes y que Dios bendiga hoy y siempre a Colombia”. Con esa invocación, Henríquez cerró el acto más solemne de su función como presidente del Senado y devolvió el protagonismo al nuevo mandatario.
Con la aprobación del acta, Abelardo De La Espriella quedó formalmente investido como presidente de la República para el periodo 2026-2030. Acto seguido, el nuevo presidente se trasladó al Cantón Militar Pichincha, donde pronunciaría su primer discurso como jefe de Estado ante las Fuerzas Militares y la Policía. El desplazamiento lo hizo en el helicóptero FAC 002, un detalle que también fue un mensaje: el nuevo presidente de Colombia vuela a hablarles a sus tropas en las primeras horas de su mandato.
El vicepresidente José Manuel Restrepo también prestó juramento en la ceremonia, convirtiéndose en el compañero de fórmula que acompañará a De la Espriella durante los 4 años del mandato 2026-2030. Colombia completó así su primera transmisión de mando fuera de Bogotá, en una jornada que el país seguirá por televisión, redes sociales y en las calles de Cali, donde miles de ciudadanos se apostaron a lo largo de los corredores de seguridad para vivir de cerca un momento que la historia no olvidará
