Abelardo de la Espriella pronunció su primer discurso como presidente de Colombia desde el Cantón Militar Pichincha en Cali, adonde llegó en el helicóptero FAC 002 a las 5:15 de la tarde, minutos después de concluida la ceremonia de juramento en la Arena USC. El escenario elegido para las primeras palabras del nuevo jefe de Estado no fue casual: rodeado de helicópteros, blindados y tropas de las cuatro fuerzas, De la Espriella trazó desde ese campo de paradas las líneas maestras de su administración con una contundencia que no dejó espacio para la ambigüedad. Seguridad, recuperación de la autoridad, respaldo a la Fuerza Pública, combate frontal contra las organizaciones criminales, megacárceles, cambios en la política económica, descentralización, revisión de aspectos de la JEP y acciones judiciales frente a la corrupción fueron los principales anuncios de un discurso con el que De la Espriella dejó planteadas las prioridades con las que comienza su mandato.
El eje más contundente del discurso fue la seguridad. De la Espriella fue enfático: “Desde Cali, ciudad tan íntimamente vinculada a la vida nacional y capital de un departamento que ha padecido el azote del terrorismo, del narcotráfico y del accionar de los violentos, envío un mensaje firme al pueblo colombiano”. Su declaración de guerra al narcoterrorismo fue presentada como un eje fundacional del nuevo gobierno, cerrando la puerta a los procesos de diálogo que caracterizaron al gobierno saliente. “La opción del diálogo está completamente agotada… en la era del tigre el Estado será contundente y certero contra el crimen”, afirmó.
El nuevo mandatario impartió una orden directa: “Le imparto desde aquí a las Fuerzas Militares y a la Policía la orden perentoria de combatir a todas las estructuras criminales”. Para esa ofensiva anunció medidas concretas: la reactivación de las aspersiones aéreas con herbicidas de última generación para la erradicación de cultivos ilícitos, la construcción de megacárceles destinadas a recluir a quienes representan la mayor amenaza para la seguridad del pueblo, y el blindaje jurídico para que los militares y policías no sean perseguidos por el cumplimiento de su deber. También prometió promover la cadena perpetua para los asesinos de mujeres y niños.
La revisión de la JEP fue otro anuncio de alto impacto. De la Espriella señaló que su gobierno revisará la naturaleza y los efectos del tribunal de paz creado en el marco del Acuerdo de La Habana, una posición que desde la campaña generó debate entre defensores del proceso de paz y críticos que consideran que la JEP ha favorecido la impunidad. El presidente también se refirió al Escudo de las Américas, la iniciativa de cooperación en seguridad impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump, confirmando que Colombia se incorporará formalmente a ese mecanismo multilateral desde las primeras semanas de su gobierno.
En materia económica, De la Espriella anunció una reducción del gasto público que calificó como el recorte más importante de la historia del país, y el desmonte del impuesto al patrimonio creado por el gobierno de Petro. También prometió gobernar respetando la independencia de las ramas del poder público y fue categórico en descartar cualquier intención de convocar una Asamblea Constituyente o de extender su período presidencial, 2 compromisos que buscaron calmar los temores de sectores que veían en su llegada un riesgo para el equilibrio institucional.
Prometió también “gobernar desde las regiones” y recorrer todo el territorio colombiano para que “ningún compatriota se sienta abandonado por el gobierno de El Tigre”. Esa promesa de descentralización, reforzada por la propia decisión de posesionarse en Cali y no en Bogotá, fue uno de los mensajes más aplaudidos del discurso y el que mejor conecta con la narrativa central de su campaña: un presidente que llega al poder desde las regiones y para las regiones.
Rodeado por helicópteros y blindados de combate en el campo de paradas, el presidente proclamó que “el que está de rodillas ante Dios jamás será vencido”. Con esa frase, cargada de fe y determinación, De la Espriella cerró un primer discurso que duró más de una hora y que dejó claro desde el primer día cuál es el carácter del gobierno que Colombia ha elegido para los próximos cuatro años: uno que no negocia con el crimen, que protege a sus fuerzas, que recorta el Estado y que promete gobernar para todos desde cada rincón del territorio nacional.
