Gustavo Petro instala la legislatura 2026-2030 en medio de polémico discurso de despedida ante el Congreso


Gustavo Petro llegó al Salón Elíptico del Capitolio Nacional en la tarde de este lunes 20 de julio de 2026 para cumplir con uno de los rituales más solemnes de la democracia colombiana: instalar el nuevo Congreso de la República. Era la última vez que el presidente se presentaba ante el Legislativo en ejercicio de sus funciones, a menos de tres semanas de entregar el poder al presidente electo Abelardo de la Espriella. El recinto, que estrenaba a 103 senadores y más de 180 representantes para el periodo 2026-2030, fue el escenario del balance final de un mandato de cuatro años marcado por la controversia, las reformas truncadas y algunos indicadores sociales que el propio Petro eligió como el corazón de su legado.

El discurso arrancó con una declaración que resumió el tono de toda su intervención. Petro aseguró que su gobierno llevó los indicadores de pobreza y desigualdad de Colombia a su nivel más bajo en la historia del país. “Hoy hay menos pobreza y menos desigualdad, lo que garantiza que los colombianos tengan una mejor vida”, afirmó el mandatario ante los congresistas recién posesionados. En total, destacó que 1,8 millones de colombianos dejaron de ser pobres en 2025 y que un millón de personas salieron de la pobreza extrema, cifras que, según el Dane, están respaldadas por los datos más recientes disponibles.

Los números que Petro presentó tienen sustento estadístico, aunque con matices importantes. La incidencia de pobreza monetaria se ubicó en 28% en 2025, una caída de 3,8 puntos frente al 32% registrado en 2024. La pobreza monetaria extrema bajó al 9,6%, es decir, 2,1 puntos menos que el año anterior. El coeficiente de Gini también se redujo de 0,551 a 0,531, una de las mayores mejoras recientes en ese indicador. Sin embargo, Colombia cerró 2025 con 14,4 millones de personas en condición de pobreza monetaria y cerca de 5 millones en pobreza extrema, con brechas estructurales entre ciudades y zonas rurales que persisten como deuda histórica sin resolver.

Petro también destacó la reducción del desempleo como uno de los motores de esa mejora social. “Durante este gobierno se ha registrado la tasa de desempleo más baja del siglo. Los pobres aumentaron más los ingresos que los ricos. Además, el mayor grupo que hay en el país es el de la clase media”, sostuvo el presidente. Según el Dane, la tasa de desocupación se ubicó en 8,0% en mayo de 2026, frente al 9% del mismo periodo del año anterior. Sin embargo, analistas señalan que una parte importante de los empleos generados corresponde a trabajadores por cuenta propia, en su mayoría informales, lo que matiza la calidad de la recuperación laboral que el mandatario presentó como uno de sus principales logros.

El salario mínimo fue otro capítulo central del discurso. Petro reivindicó el incremento del 23% aprobado para 2025, uno de los más altos de la historia reciente, como herramienta para fortalecer la capacidad adquisitiva. También defendió los Equipos Básicos de Salud como uno de los avances más significativos de su política pública en esa materia, y volvió a arremeter contra las EPS, a las que cuestionó como intermediarias que, en su lectura, obstaculizaron la garantía del derecho a la salud para los colombianos más vulnerables. La defensa de ese modelo de atención primaria fue uno de los pasajes más aplaudidos por sus seguidores presentes en el recinto.

El discurso tuvo también momentos de alta carga política en materia de política exterior. Petro se refirió al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu con una frase que generó reacciones inmediatas: “Me avergüenza un gobierno que acepte relación diplomática con el que ha asesinado con misiles a bebés”. El mandatario saliente lanzó esa declaración en el contexto de la posición que ha mantenido su administración frente al conflicto en Gaza, y que lo llevó a romper relaciones diplomáticas con Israel en 2024, una decisión que marcó uno de los gestos de política exterior más polémicos de su cuatrienio.

Igualmente contundente fue el pasaje sobre su relación con el presidente estadounidense Donald Trump y su inclusión en la lista OFAC del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. “Me quieren extraditar, pero no lo lograrán”, afirmó Petro ante el Congreso, en una declaración que mezcló desafío y convicción personal. El mandatario saliente abordó así públicamente las presiones internacionales que ha enfrentado en los últimos meses de su gobierno, negando que las amenazas externas puedan silenciarlo o condicionarlo en sus últimas semanas al frente del Ejecutivo colombiano.

Petro bajó del podio del Salón Elíptico habiendo recorrido en un solo discurso el mapa completo de su mandato: la reducción de la pobreza y el desempleo, la defensa del sistema de salud, la confrontación con Israel, el desafío a Trump y la promesa implícita de que su voz no se apaga el 7 de agosto. Su paso por el Capitolio este 20 de julio quedó como el cierre institucional de un gobierno que eligió irse como llegó: sin concesiones retóricas, con la convicción intacta y con el “por ahora” que pronunció horas antes en Ciudad Bolívar resonando como advertencia de que el proyecto político que encabeza no considera este momento como un final.

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