Este lunes 20 de julio de 2026, en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional, Colombia dio inicio oficial al periodo legislativo 2026-2030 con la instalación del nuevo Congreso de la República. La ceremonia, que coincide con la conmemoración de los 216 años del Grito de Independencia, reunió a los 103 senadores y más de 180 representantes a la Cámara elegidos en los comicios del 8 de marzo, en una de las últimas apariciones institucionales de Gustavo Petro como presidente antes del relevo presidencial del 7 de agosto. El Congreso que toma posesión este lunes tendrá en sus manos la agenda legislativa del gobierno que encabezará Abelardo de la Espriella.
La jornada arrancó a las 3:00 de la tarde con el llamado a lista, la intervención de la banda sinfónica, el nombramiento de las comisiones protocolarias y la interpretación del Himno Nacional. Posteriormente el presidente saliente del Congreso, Lidio García Turbay, dio sus palabras de balance del periodo legislativo que finaliza antes de ceder la palabra al presidente Petro, quien instaló oficialmente las sesiones ordinarias en lo que fue su última intervención ante el Legislativo como jefe de Estado. La toma de juramento y posesión de los nuevos congresistas completó el protocolo antes de la elección de las mesas directivas, el momento más esperado y tenso de la jornada.
El nuevo Congreso llega con una renovación inédita en la historia reciente: el 60% de sus integrantes son caras nuevas, lo que representa la mayor renovación legislativa en décadas. La composición del Senado reúne representantes de 10 partidos y movimientos, con el Pacto Histórico como la bancada más numerosa con 25 senadores, seguida del Centro Democrático con 17, el Partido Liberal con 13, la Alianza Verde con 11, el Partido Conservador con 10, el Partido de la U con 8, la coalición Cambio Radical con 7 y Ahora Colombia con 5, entre otros. El excandidato presidencial Iván Cepeda asumió su curul como parte del Estatuto de la Oposición.
La batalla más reñida de la jornada fue la disputa por la presidencia del Senado, que enfrentó al senador Alfredo Deluque, del Partido de la U, con Honorio Henríquez, del Centro Democrático. El choque entre los dos candidatos reveló una tensión que va más allá de las dignidades del Congreso: Deluque contaba con el guiño explícito del presidente electo y del ministro del Interior designado, Rodrigo Lara, quien lo describió públicamente como un dirigente “serio y probo” y dijo que su elección sería vista “con muy buenos ojos” por el gobierno entrante. Henríquez, por su parte, era el candidato del Centro Democrático, un partido que hace parte de la coalición que llevó a De la Espriella al poder pero que decidió enfrentarlo en esta primera batalla legislativa.
La decisión del Centro Democrático de lanzar su propio candidato a la presidencia del Senado, con el expresidente Álvaro Uribe Vélez involucrado de frente en la movida, generó un choque interno en la coalición del gobierno entrante que pocos esperaban con tanta crudeza en las primeras horas del nuevo periodo legislativo. El partido acusó además al propio Rodrigo Lara de buscar mover votos en el Senado a último momento para direccionar la elección hacia Deluque, lo que el uribismo calificó como una interferencia indebida del Ejecutivo en la autonomía del Legislativo. La disputa dejó al descubierto las tensiones que el nuevo gobierno deberá manejar con uno de sus aliados más importantes.
En términos numéricos, Deluque llegó a la jornada con ventaja. Contaba con el respaldo del Partido Conservador, el Partido Liberal, la Alianza Verde, Cambio Radical, Salvación Nacional y las dos curules por circunscripción indígena, lo que le daba alrededor de 51 votos, prácticamente los 52 necesarios para la mayoría absoluta. Henríquez, en cambio, solo contaba con los 17 votos de su bancada más el apoyo de Jonatan Pulido, conocido como Jota Pe Hernández, quien pese a haber sido elegido por Alianza Verde se apartó de esa colectividad. El Partido Liberal, que en algún momento fue señalado como posible árbitro entre los dos candidatos, terminó inclinándose por Deluque antes de que se abriera la votación formal.
Para la Cámara de Representantes, la disputa tuvo sus propias complejidades. El candidato con respaldo del gobierno entrante era Daniel Briceño, del Centro Democrático, el representante más votado en las legislativas de marzo. Sin embargo, en el desarrollo de las negociaciones emergió con fuerza el nombre de Nicolás Barguil, del Partido Conservador, quien acumuló más respaldo que el propio candidato uribista en la carrera por la presidencia de la cámara baja. La situación de Briceño ilustró cómo en el Congreso colombiano las lealtades electorales no se traducen automáticamente en votos legislativos y cómo las mayorías se construyen acuerdo por acuerdo hasta el último momento.
La disputa entre Deluque y Henríquez desde el primer día de la nueva legislatura reveló que el Centro Democrático, pese a haber sido uno de los pilares de la campaña presidencial de De la Espriella, no estaba dispuesto a ceder protagonismo legislativo sin negociación. La gran renovación del 60% abre espacio para una agenda legislativa fresca, pero la armonía entre el Ejecutivo y el Legislativo quedó en entredicho desde las primeras horas, con una coalición que mostró sus primeras grietas públicas antes incluso de que De la Espriella tome posesión el 7 de agosto.

