Keiko Fujimori gana en Perú al 100%: cuarto intento y primera victoria en 15 años de política

 

La Oficina Nacional de Procesos Electorales del Perú (ONPE) cerró este lunes 29 de junio el escrutinio al 100% de las actas de la segunda vuelta presidencial, ratificando la victoria de Keiko Fujimori sobre Roberto Sánchez por una diferencia de 49.641 votos. La candidata de Fuerza Popular obtuvo 9.223.396 sufragios, equivalentes al 50,135% de los votos válidos, frente a 9.173.755 de Sánchez, candidato de Juntos por el Perú, quien alcanzó el 49,865%. La proclamación oficial del Jurado Nacional de Elecciones está programada para el 15 de julio.

El resultado consolida a Keiko Fujimori como la virtual presidenta del Perú para el periodo 2026-2031, en una de las elecciones más reñidas de la historia del país. La ventaja definitiva de 0,268 puntos porcentuales estuvo condicionada en gran parte por el desempeño en el exterior: entre los peruanos residentes fuera del país, Fujimori se impuso con el 63,209% de los votos, una diferencia de cerca de 79.000 sufragios en la circunscripción internacional que resultó determinante para el desenlace de la contienda.

Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori fallecido en 2023, llevaba tres intentos frustrados de llegar a la presidencia: perdió en segunda vuelta en 2011 frente a Ollanta Humala, en 2016 frente a Pedro Pablo Kuczynski, y en 2021 ante Pedro Castillo en una de las elecciones más polémicas del continente, marcada por denuncias de fraude que ella misma encabezó. El de 2026 se convierte en su cuarto intento y en el único exitoso de una carrera política que abarca más de dos décadas.

La segunda vuelta del 7 de junio también batió el récord de votos nulos en elecciones similares en los últimos 20 años del Perú. Con cerca de 19,7 millones de votos totales emitidos, el 5,93% fueron declarados viciados y el 0,6% en blanco, lo que expresa el nivel de polarización de una parte del electorado en una elección en la que los dos candidatos representaban extremos ideológicos claramente opuestos. La participación total alcanzó el 81,3%, mayor a la registrada en 2021.

Roberto Sánchez, el candidato derrotado, había llegado a la segunda vuelta como una sorpresa del sistema político peruano. Su movimiento, Juntos por el Perú, no figuraba en las mediciones iniciales de la primera vuelta, pero gracias a un voto rural de las regiones del interior del país logró superar a Rafael López Aliaga y clasificar para el balotaje. En la segunda vuelta, Sánchez se impuso en prácticamente todas las zonas andinas y amazónicas del país, pero no pudo compensar el déficit que le dejó el voto exterior.

La campaña de segunda vuelta estuvo marcada por una aguda polarización y por la irrupción de figuras externas en el debate electoral peruano. Desde Colombia, el presidente electo Abelardo de la Espriella felicitó públicamente la victoria de Fujimori, mientras que el alcalde de Lawrence, Massachusetts, Brian A. DePeña, también la celebró como parte de una tendencia democrática regional. El expresidente argentino Mauricio Macri y el mandatario uruguayo Yamandú Orsi también se pronunciaron con tonos distintos sobre el resultado.

En Perú, los primeros balances poselectorales anticipan que la presidenta electa deberá manejar un escenario político complejo: el Congreso sigue fragmentado en múltiples grupos y Fuerza Popular no cuenta con mayoría propia. Keiko Fujimori evalúa actualmente tres perfiles para presidir su Consejo de Ministros, en un proceso de transición que se extenderá hasta el 28 de julio de 2026, fecha oficial de la posesión presidencial en el Perú.

El resultado peruano se convierte en el segundo de importancia para la región en menos de dos semanas, luego de que el colombiano Abelardo de la Espriella se impusiera en la segunda vuelta del 21 de junio. Para analistas del continente, los dos resultados marcan una orientación conservadora en dos países vecinos que durante los últimos cuatro años habían estado gobernados por la izquierda, en un reordenamiento del panorama político latinoamericano que también alcanzó a Chile y que tendrá consecuencias regionales en los próximos años.

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