Oficinas premium en Bogotá arrancan 2026 con menor vacancia y foco en calidad, eficiencia y sostenibilidad

 

El mercado de oficinas Clase A en Bogotá inicia 2026 con señales de transformación estructural, marcadas por menor vacancia y un enfoque claro en calidad sobre volumen. De acuerdo con análisis del sector inmobiliario corporativo, la ciudad entra en un nuevo ciclo de reposición inteligente, donde las decisiones de ocupación priorizan diseño, tecnología, sostenibilidad e integración urbana por encima de la expansión acelerada de inventario.


La tasa de vacancia se ubica en 6,7%, uno de los niveles más bajos en más de una década, en un contexto de absorción neta superior a 66.000 metros cuadrados durante el año anterior. Este comportamiento sugiere un mercado más selectivo, donde las empresas racionalizan portafolios y privilegian activos de mayor estándar técnico, eficiencia operativa y atributos ambientales, en lugar de concentrarse únicamente en ampliar superficie.


Submercados como Salitre y Nogal-Andino destacan por liderar una inversión selectiva en edificios de alto desempeño. Estos corredores concentran proyectos que integran certificaciones ambientales, eficiencia energética, conectividad urbana y condiciones que favorecen el bienestar del colaborador. La tendencia responde a nuevas exigencias corporativas relacionadas con modelos híbridos, atracción de talento y optimización del costo total de ocupación.


El inventario en desarrollo supera los 214.000 metros cuadrados, aunque el ingreso de nueva oferta al mercado se prevé de forma controlada. Para 2026 se estima la entrada de cerca de 48.000 metros cuadrados, principalmente en proyectos de escala media con mayor adaptabilidad, tecnología incorporada y enfoque humano. El énfasis no está en sumar metros, sino en ofrecer espacios mejor diseñados y alineados con la demanda actual.


Este escenario también incide en los precios. El valor promedio del metro cuadrado mensual se sitúa en torno a 85.000 pesos, con incrementos relevantes frente al año anterior. La baja disponibilidad de espacios de alta calidad impulsa al alza valores en zonas consolidadas, mientras corredores emergentes como Noroccidente comienzan a ganar protagonismo al ofrecer condiciones competitivas para empresas en procesos de expansión o relocalización estratégica.


El nuevo ciclo inmobiliario se desarrolla en un entorno macroeconómico que muestra señales de estabilización. Proyecciones de crecimiento moderado, inflación en descenso y mejoras graduales en condiciones de financiamiento crean un marco más favorable para la inversión corporativa. A esto se suma la ejecución de proyectos de infraestructura que fortalecen la conectividad urbana y amplían el atractivo de ciertas zonas de la capital.


Más allá de su rol administrativo, Bogotá se consolida como hub corporativo regional, donde el valor de una oficina trasciende el metraje. La ventaja competitiva se concentra en espacios que integran tecnología, diseño, sostenibilidad y ubicación estratégica, configurando un mercado en el que la calidad del activo se relaciona directamente con productividad, presencialidad efectiva y capacidad de retener talento.


Así, el inicio de 2026 confirma que el mercado de oficinas premium avanza hacia un modelo más eficiente y segmentado. Los desarrollos que respondan a criterios de bienestar, desempeño técnico y responsabilidad ambiental serán los que capten mayor interés, en un entorno donde las compañías buscan entornos de trabajo alineados con sus estrategias de crecimiento y cultura organizacional.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente