Se confirmó que durante la primera semana de febrero se realizará la esperada reunión bilateral entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Colombia, Gustavo Petro, un encuentro que marca un nuevo capítulo en la relación política y diplomática entre ambos países.
La cita, que venía siendo trabajada a nivel de cancillerías y equipos diplomáticos, se da en un contexto de reacomodo geopolítico en el continente y de redefinición de prioridades estratégicas para Washington y Bogotá, especialmente en temas de seguridad, migración y comercio bilateral.
Fuentes cercanas a la agenda internacional confirmaron que el encuentro tendrá carácter político y estratégico, con una conversación directa entre ambos mandatarios, quienes llegan con visiones distintas pero conscientes del peso que tiene la relación entre Colombia y Estados Unidos en la región.
En la mesa estarán asuntos clave como la cooperación en lucha contra el narcotráfico, el manejo del flujo migratorio, la transición energética, la estabilidad regional y el rol de Colombia como aliado estratégico en América Latina, en un escenario global marcado por tensiones y reconfiguraciones de poder.
Para el gobierno colombiano, esta reunión representa una oportunidad para reposicionar su agenda internacional y plantear sus prioridades frente a la Casa Blanca, mientras que para Estados Unidos el encuentro es clave para reafirmar su influencia en la región y revisar el rumbo de su relación con Bogotá.
Analistas coinciden en que el tono del encuentro será prudente pero firme, con mensajes claros desde ambas partes y un fuerte componente simbólico, teniendo en cuenta el peso político de Trump y el perfil internacional que Petro ha buscado construir desde su llegada al poder.
Aunque aún no se han revelado detalles sobre la sede exacta ni la agenda final, se espera que el encuentro tenga repercusiones inmediatas en la relación bilateral y marque señales claras para otros gobiernos de América Latina atentos a este diálogo.
La reunión Trump–Petro se perfila así como uno de los eventos diplomáticos más relevantes del inicio de 2026, con impacto directo en la política regional y en la manera en que ambos países proyectarán su relación en los próximos años.
