A pesar del impacto político y mediático que generó la captura de Nicolás Maduro, los precios internacionales del petróleo se han mantenido relativamente estables. Lejos de provocar una sacudida inmediata en los mercados, el episodio fue interpretado por los inversionistas como un factor de bajo impacto en el equilibrio global entre oferta y demanda, en un contexto marcado por abundancia de crudo y una menor relevancia de Venezuela en el tablero energético mundial.
Así lo explica Noah Barrett, analista financiero certificado de Janus Henderson, quien advierte que, más allá de los titulares, los acontecimientos en Venezuela difícilmente alteran los precios del petróleo en el corto plazo. En el escenario actual, el mercado ya descuenta que la producción venezolana representa una fracción mínima del suministro global, por lo que cualquier cambio político no se traduce automáticamente en un shock de precios.
Venezuela, que durante décadas fue un actor dominante en el mercado petrolero, hoy aporta menos del 1 % del suministro mundial. Gran parte de ese volumen, además, se dirige a China, lo que limita aún más su influencia directa en los mercados occidentales. Al mismo tiempo, el mercado global enfrenta un exceso de oferta, impulsado por incrementos de producción de la OPEP y otros países productores, en un contexto de crecimiento moderado de la demanda.
En los días posteriores a los hechos, la reacción del mercado fue contenida. Los futuros del crudo Brent se movieron dentro de un rango estrecho hasta el 5 de enero, con una breve volatilidad asociada más a la incertidumbre geopolítica y al posicionamiento de corto plazo que a fundamentos estructurales. Incluso tras registrar su mayor caída anual desde 2020, los precios lograron recuperarse parcialmente, reflejando un mercado que sigue bien abastecido.
El comportamiento del sector energético en los mercados bursátiles también fue revelador. Ese mismo día, las acciones de energía lideraron las ganancias dentro del S&P 500, impulsadas por el repunte de las grandes petroleras integradas, las empresas de servicios petroleros y las refinerías. Para los inversionistas, el foco estuvo menos en Venezuela y más en las oportunidades tácticas que ofrece un entorno de precios relativamente bajos.
A más largo plazo, las perspectivas de suministro venezolano siguen siendo poco alentadoras para quienes anticipan un repunte significativo de precios. La falta de inversión sostenida y el deterioro de la infraestructura hacen que una recuperación relevante de la producción requiera tiempo y capital. Entre 2010 y 2015, el país producía entre 2,2 y 2,4 millones de barriles diarios; volver a esos niveles podría tomar entre uno y tres años, incluso en escenarios optimistas.
En caso de que Estados Unidos decidiera impulsar una inversión significativa en Venezuela, el efecto estructural sería, paradójicamente, bajista para los precios del petróleo a largo plazo, al aumentar la oferta global. Las refinerías de la costa del Golfo de EE. UU. serían de las principales beneficiadas, dado que están preparadas para procesar crudos pesados y reducir costos logísticos. En contraste, productores como Canadá podrían verse desplazados en ciertos mercados.
La reconstrucción de la industria petrolera venezolana implicaría inversiones superiores a los 100.000 millones de dólares, una cifra que abre oportunidades para grandes compañías de servicios petroleros, pero que también evidencia la magnitud del desafío. Hoy, Chevron es la única gran petrolera estadounidense con operaciones en el país, a través de empresas mixtas con PDVSA, que concentran entre el 20 % y el 30 % de la producción nacional.
Sin embargo, la estabilidad política sigue siendo el principal obstáculo. Otras compañías que abandonaron Venezuela hace años difícilmente regresarán sin garantías claras sobre seguridad jurídica, reglas de juego estables y ausencia de confiscaciones. En ese sentido, el mercado parece haber enviado un mensaje claro: mientras no cambien los fundamentos estructurales, los titulares políticos, por sí solos, no bastan para mover el precio del petróleo.
