Hay Festival Colombia 2026: cuando la cultura se convierte en un campo de batalla del presente

 


No llega en un momento cualquiera. El Hay Festival Colombia 2026 irrumpe en medio de un mundo fracturado por guerras, crisis democráticas, disputas tecnológicas y una sensación colectiva de agotamiento frente a los viejos relatos. Por eso, más que una programación cultural, esta edición se presenta como una declaración: la cultura no es un adorno, es un espacio de disputa por el sentido del presente y del futuro.


Durante dos semanas, Colombia será el escenario donde se cruzan literatura, política, ciencia, periodismo, música y pensamiento crítico. No como compartimentos estancos, sino como lenguajes que dialogan entre sí para intentar responder una pregunta incómoda: ¿cómo se repiensa el mundo cuando los consensos se rompen y los discursos hegemónicos ya no alcanzan para explicarlo?


El festival no esquiva los temas que atraviesan la coyuntura global. Democracia, autoritarismo, derechos humanos, geopolítica, inteligencia artificial, biodiversidad y desigualdad aparecen como ejes centrales de una agenda que asume riesgos. Aquí no hay neutralidad impostada: hay una toma de posición clara frente a los dilemas del siglo XXI y una apuesta por ponerlos en conversación pública desde la cultura.


Uno de los gestos más elocuentes del Hay Festival 2026 es su insistencia en amplificar las voces del sur global. América Latina, África, Asia y Medio Oriente no aparecen como notas al pie, sino como protagonistas de las narrativas que cuestionan la mirada única de Occidente. En ese sentido, el festival se convierte en un ejercicio de geopolítica del conocimiento: quién habla, desde dónde y para quién importa tanto como lo que se dice.


La literatura, columna vertebral histórica del Hay Festival, vuelve a ocupar un lugar central, pero ya no como refugio estético sino como herramienta para leer la realidad. Novela, ensayo, memoria y crónica dialogan con la historia reciente, el poder económico, la violencia, el exilio y las transformaciones sociales. Escribir, en este contexto, aparece como un acto profundamente político.


El programa también abre espacio a uno de los grandes debates contemporáneos: el avance de la tecnología y la inteligencia artificial. Lejos del entusiasmo acrítico, el festival propone una mirada ética sobre el control de los datos, la vigilancia, el poder de las grandes corporaciones tecnológicas y las consecuencias sociales de delegar decisiones humanas a los algoritmos. El futuro, parece decir el Hay Festival, tampoco es neutral.


Colombia, por su parte, no es solo sede logística. Es territorio narrado y narrador. La presencia de voces nacionales dialoga con la memoria, la violencia, el cuerpo, la ciudad y la historia reciente del país. Al mismo tiempo, la expansión del festival hacia distintas ciudades, barrios, universidades y comunidades revela una intención clara: que el pensamiento no se quede encerrado en auditorios, sino que circule, incomode y provoque conversación.


En ese cruce entre prestigio internacional y apuesta social, el Hay Festival 2026 reafirma su ambición más profunda: demostrar que la cultura puede ser un espacio de resistencia frente al ruido, la polarización y la simplificación del debate público. No para ofrecer respuestas cerradas, sino para recuperar algo que parece escaso en estos tiempos: la capacidad de pensar colectivamente.


Al final, el Hay Festival Colombia 2026 no propone un mundo mejor como consigna vacía. Propone algo más complejo y más urgente: volver a preguntarnos qué mundo estamos construyendo y quiénes tienen derecho a imaginarlo.

Publicar un comentario

Artículo Anterior Artículo Siguiente

Publicidad