El proyecto del Metro de Bogotá alcanzó un nuevo hito al superar los 10 kilómetros de viaducto construido, consolidando uno de los avances estructurales más visibles de la Línea 1. El anuncio fue realizado el 3 de enero por el alcalde Carlos Fernando Galán, quien destacó que la obra continúa avanzando conforme al cronograma previsto. Este tramo elevado es clave para la operación futura del sistema y para las fases de pruebas que se avecinan. El dato marca el inicio de 2026 con señales claras de aceleración constructiva. Para la ciudad, el viaducto ya no es promesa, sino una realidad tangible.
A la fecha, el proyecto presenta un avance general superior al 70 %, según los balances oficiales de cierre de 2025. Esto incluye no solo la construcción del viaducto, sino también estaciones, estructuras complementarias, el patio taller en Bosa y la integración progresiva de sistemas. El Metro dejó atrás su fase más crítica de arranque y se encuentra en un momento de madurez técnica. Las obras se desarrollan de manera simultánea en varios frentes. El ritmo sostenido ha sido uno de los factores determinantes del avance.
El viaducto, que recorrerá gran parte de los casi 24 kilómetros de la Línea 1, representa uno de los mayores desafíos de ingeniería urbana del proyecto. Alcanzar 10 kilómetros construidos equivale a cerca del 42 % de la longitud total prevista para el trazado elevado. Este progreso permite empezar a pensar en tramos continuos aptos para pruebas de rodadura. Además, facilita la instalación futura de rieles, sistemas eléctricos y señalización. Cada metro construido acerca al sistema a su etapa operativa.
Durante 2025, la obra del viaducto mostró una clara aceleración gracias al uso de maquinaria especializada, como vigas lanzadoras de gran capacidad. Estas tecnologías permitieron aumentar la productividad semanal y reducir tiempos entre apoyos y dovelas. El avance no se limita a la estructura visible, pues también incluye cimentaciones profundas y adecuaciones urbanas complejas. El impacto visual en corredores como la avenida Caracas es hoy innegable. El Metro empieza a redefinir el paisaje urbano de Bogotá.
En paralelo, el proyecto avanza en la recepción y ensamblaje de trenes, un componente clave para la siguiente fase. El primer tren llegó a Colombia en 2025 y durante 2026 se espera la llegada periódica del resto de la flota. Esto permitirá iniciar pruebas dinámicas en tramos específicos del viaducto una vez estén completamente habilitados. La sincronización entre obra civil y material rodante será determinante. El foco ya no es solo construir, sino integrar.
Las estaciones, otro componente crítico, también muestran avances importantes en estructura y diseño. Varias de ellas ya cuentan con elementos principales en ejecución, lo que permitirá en los próximos meses avanzar en acabados y sistemas. Estas infraestructuras serán nodos clave de intermodalidad con otros sistemas de transporte. El Metro se concibe como el eje estructurante de la movilidad futura de la ciudad. Su integración con buses y redes existentes será fundamental.
De cara a 2026, la meta institucional es cerrar el año con un avance cercano al 90 % del proyecto. Este objetivo, aunque ambicioso, se apoya en el ritmo actual de ejecución y en la estabilidad contractual de la obra. Las autoridades mantienen como horizonte la entrada en operación comercial en 2028, con fases previas de marcha blanca. El cumplimiento de estos plazos será observado con lupa por la ciudadanía. La obra ya se mide en resultados concretos.
El hito de los 10 kilómetros de viaducto no es solo un dato técnico, sino un mensaje político y urbano. Marca el punto en el que el Metro deja de ser una obra fragmentada y empieza a percibirse como un sistema continuo. Para Bogotá, significa un avance real hacia una movilidad más moderna y eficiente. El reto ahora es sostener el ritmo, cuidar la calidad y cumplir los tiempos. El Metro avanza, y la ciudad comienza a verlo con otros ojos.
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