Hablar de cultura sin hablar de acceso es quedarse en la superficie. El Hay Festival Colombia 2026 asume este desafío y plantea una expansión que va más allá de los escenarios tradicionales, llevando el pensamiento, la palabra y el arte a barrios, universidades y territorios que históricamente han quedado al margen de los grandes circuitos culturales.
Esta decisión no es menor. En un país marcado por profundas desigualdades sociales y educativas, la cultura suele concentrarse en espacios cerrados y públicos específicos. El festival rompe parcialmente esa lógica al abrir su programación a comunidades, jóvenes, estudiantes y públicos que no siempre tienen la posibilidad de acceder a estos encuentros.
El Hay Festival Comunitario y el Hay Festival Joven no funcionan como anexos decorativos, sino como una apuesta política por democratizar la conversación. Talleres, encuentros, presentaciones y diálogos se trasladan a colegios, universidades y barrios, reconociendo que el pensamiento crítico no nace exclusivamente en auditorios ni depende del capital cultural previo.
Este movimiento hacia el territorio también implica asumir tensiones. Llevar la cultura a espacios diversos no garantiza automáticamente inclusión ni transformación. El reto está en evitar el gesto simbólico y construir diálogos reales, donde las comunidades no sean solo receptoras, sino participantes activas de la conversación cultural.
La gratuidad de parte de la programación en Cartagena refuerza esta intención. No como concesión, sino como reconocimiento de que el acceso económico sigue siendo una de las principales barreras para el consumo cultural. Abrir las puertas del festival es, en ese sentido, una forma de cuestionar la idea de la cultura como privilegio.
El enfoque territorial del Hay Festival también dialoga con la descentralización. Al recorrer distintas ciudades del país, el evento reconoce que el pensamiento no se produce en un solo lugar y que las regiones tienen mucho que aportar a la discusión nacional e internacional. La cultura deja de ser centralizada y se vuelve itinerante.
Para las nuevas generaciones, esta apuesta tiene un valor particular. En un contexto donde la conversación pública se fragmenta en redes sociales y algoritmos, crear espacios presenciales de diálogo, escucha y reflexión colectiva se convierte en una experiencia formativa y política. Pensar juntos, en un mismo espacio, vuelve a ser un acto significativo.
Al llevar el festival del escenario al barrio, el Hay Festival Colombia 2026 plantea una pregunta de fondo: ¿qué sentido tiene el pensamiento crítico si no circula, si no se comparte y si no se confronta con realidades diversas? La cultura, parece decir esta edición, solo cobra sentido pleno cuando se encuentra con la gente.
