Depresión: una enfermedad de alta prevalencia que sigue creciendo y permanece subdiagnosticada

 

La depresión se consolida como uno de los principales desafíos de salud pública a nivel mundial. Se trata de un trastorno mental frecuente, grave y tratable, que afecta a millones de personas y se posiciona entre las principales causas de discapacidad. Su impacto no se limita al ámbito individual: incide en la dinámica familiar, en la vida social y en la productividad laboral, generando una carga creciente para los sistemas de salud.

En Colombia, la situación refleja esta tendencia global. La depresión es una enfermedad caracterizada por un estado persistente de tristeza, pérdida de interés o placer en actividades cotidianas, alteraciones del sueño y del apetito, fatiga constante y dificultades para concentrarse o tomar decisiones. Aunque puede presentarse en cualquier etapa de la vida, su reconocimiento oportuno sigue siendo un reto debido al estigma y a la normalización de los síntomas.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, más de 280 millones de personas viven con depresión en el mundo, lo que la convierte en una de las principales causas de años vividos con discapacidad. Estudios epidemiológicos ubican este trastorno entre los de mayor carga de enfermedad, tanto en hombres como en mujeres, evidenciando que su alcance trasciende edades, contextos sociales y condiciones económicas.

La Organización Panamericana de la Salud advierte que cerca del 75 % de las personas con depresión en países de ingresos bajos y medianos no reciben tratamiento adecuado. Esta brecha en la atención amplifica las consecuencias de la enfermedad, prolonga el sufrimiento y eleva los costos sociales y económicos, afectando no solo a los pacientes sino también a sus entornos familiares y laborales.

En el contexto colombiano, datos del Ministerio de Salud muestran un aumento sostenido en las atenciones por trastornos depresivos durante los últimos años. La depresión no solo compromete el bienestar emocional, sino que también se asocia con deterioro funcional, mayor riesgo de enfermedades crónicas, ausentismo laboral y disminución de la productividad, lo que repercute de forma directa en la economía y en la calidad de vida.

“La depresión no debe confundirse con episodios pasajeros de tristeza. No es simplemente ‘estar desanimado’. Es una enfermedad médica real, con componentes biológicos, psicológicos y sociales, que requiere diagnóstico oportuno y un abordaje integral”, explica el doctor Andrey Rojas, gerente médico de Adium Colombia, quien subraya la importancia de consultar a un profesional ante síntomas persistentes.

Uno de los principales obstáculos para enfrentar la depresión es el estigma asociado a los trastornos mentales. Muchas personas retrasan la búsqueda de ayuda por miedo al juicio social o por creer que se trata de una debilidad personal. Esta percepción errónea dificulta el acceso temprano a la atención y favorece la cronificación de la enfermedad.

Los especialistas coinciden en que hablar abiertamente de depresión, desde un enfoque científico y humano, es fundamental para derribar barreras. La educación en salud mental, el acompañamiento familiar y la promoción de entornos de apoyo son elementos clave para facilitar la consulta temprana y mejorar el pronóstico de quienes viven con esta condición.

En el marco del Mes de la Depresión, el llamado es a reconocer que se trata de una enfermedad tratable y que el diagnóstico temprano puede cambiar de manera significativa su curso. Mantener la conversación activa más allá de fechas conmemorativas resulta esencial para avanzar hacia una atención más oportuna, equitativa y centrada en la dignidad de las personas.

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