1987: el año en el que en un pequeño pueblo galés nacería el Hay Festival



En 1987, mientras el mundo cultural seguía concentrado en grandes capitales, un pequeño pueblo del sur de Gales comenzó a cambiar la historia de los festivales literarios. Hay-on-Wye, conocido por sus librerías de segunda mano, se convirtió inesperadamente en el punto de encuentro de escritores, lectores y pensadores que buscaban algo distinto: conversar sin solemnidades y pensar el mundo desde la palabra.

La idea surgió de Peter Florence y sus padres, Norman y Rhoda Florence, quienes entendieron que el espíritu lector del pueblo podía trascender el comercio del libro y transformarse en un espacio vivo de debate cultural. No imaginaron un evento masivo, sino una reunión cercana, abierta y profundamente humana.

Así nació la primera edición del Hay Festival, sin alfombras rojas ni protocolos rígidos. Las charlas se realizaron en carpas, iglesias y espacios comunitarios, donde autores y público compartían el mismo nivel, rompiendo la distancia tradicional entre creador y lector.

A diferencia de otros encuentros literarios de la época, el Hay Festival no se centró únicamente en lanzamientos editoriales. Desde el inicio, el foco estuvo en las ideas: literatura, política, historia, ciencia y actualidad convivieron en conversaciones abiertas, muchas veces provocadoras, que conectaban la cultura con la realidad cotidiana.

La respuesta del público fue inmediata. Visitantes de distintas regiones del Reino Unido comenzaron a llegar atraídos por un ambiente que privilegiaba la reflexión y el diálogo. El festival creció de manera orgánica, impulsado por el boca a boca y por una atmósfera que invitaba a quedarse, escuchar y participar.

Medios culturales británicos empezaron a fijarse en aquel experimento singular. Lo que ocurría en Hay-on-Wye no era solo un evento literario, sino un nuevo modelo de encuentro cultural: menos elitista, más accesible y comprometido con los debates del presente.

Desde esa primera edición quedó claro que el Hay Festival no pretendía ser un espectáculo, sino un espacio para el pensamiento crítico. La palabra se convirtió en el eje central, entendida como herramienta para cuestionar, comprender y dialogar en medio de un mundo cada vez más complejo.

Con el tiempo, aquel festival nacido en 1987 crecería hasta convertirse en una red global presente en varios continentes. Sin embargo, su esencia permanece intacta: la convicción de que las grandes ideas pueden surgir en los lugares más pequeños y que la conversación sigue siendo una forma poderosa de transformar la sociedad.

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