El Tren de Zipaquirá: el sueño férreo que une a Bogotá y la Sabana

 


Bogotá y la Sabana vuelven a mirar hacia las vías del tren. Esta semana, el Gobierno Nacional y la Gobernación de Cundinamarca sellaron un acuerdo histórico que garantiza la continuidad del Tren de Zipaquirá, también conocido como Regiotram del Norte. Más que una obra de infraestructura, se trata de una apuesta por una nueva forma de movernos: limpia, silenciosa y sostenible.


El pacto establece una ruta conjunta de cofinanciación y ejecución, lo que asegura que el proyecto no se detenga, que mantenga su cronograma y que avance bajo un esquema técnico y financiero robusto. En una región que se transforma a diario, la continuidad del tren significa mucho más que rieles y estaciones: es el símbolo de una movilidad que empieza a pensar en el futuro.

 

“Hoy protegemos la movilidad y el desarrollo económico de la región. Aseguramos el Tren de Zipaquirá y abrimos paso a un corredor férreo de pasajeros y carga que transformará la competitividad de Bogotá y la Sabana. Este proyecto no solo mueve personas: mueve empleo, industria y futuro”, afirmó la ministra de Transporte, Mafe Rojas.


El proyecto tiene alma verde. El Tren de Zipaquirá será 100 % eléctrico, de cero emisiones y silencioso, diseñado para convertirse en la columna vertebral de una movilidad limpia. En tiempos donde el planeta exige acciones concretas, esta iniciativa representa un paso firme hacia la descarbonización del transporte y la recuperación de la calidad del aire en la capital y sus municipios vecinos.


El trazado recorrerá 49 kilómetros con 17 estaciones: once en Bogotá, una en Chía, tres en Cajicá y dos en Zipaquirá. Según las proyecciones, el sistema movilizará más de 187.000 pasajeros al día, reduciendo drásticamente los tiempos de viaje y mejorando la calidad de vida de miles de personas que hoy pasan horas entre trancones y emisiones.


Los beneficios ambientales serán notables: la reducción de 136.000 toneladas de CO₂ al año es una cifra que traduce en aire más limpio, cielos más despejados y una mejor salud para quienes viven en el corazón del país. La inversión total, estimada en $15,4 billones, representa no solo un esfuerzo financiero conjunto, sino una declaración política de compromiso con el futuro.


El tren no llegará solo. Mientras las locomotoras del norte se preparan para su recorrido, avanzan también los corredores férreos Buenaventura–Yumbo y Villavicencio–Río Meta rumbo al Caribe, piezas clave de una nueva red ferroviaria nacional que conectará el Pacífico, el Centro y la Orinoquía. Colombia vuelve a hablar el idioma del tren.


El Tren de Zipaquirá no es simplemente un proyecto de transporte; es una declaración de país. Es la demostración de que el desarrollo puede ser limpio, ordenado y humano. Un tren que no solo llevará pasajeros: llevará esperanzas, oportunidades y un mensaje poderoso —que el futuro de Colombia puede llegar sobre rieles.

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