Solo 1 de cada 3 estudiantes de colegios privados alcanza el nivel esperado de inglés en Colombia

 

Pese a la expansión de los programas bilingües y la oferta de colegios privados con bachillerato internacional, profesores nativos y conexiones con universidades extranjeras, Colombia enfrenta un desafío en la formación en inglés. Según cifras del Observatorio de Realidades Educativas de la Universidad Icesi, cerca del 46 % de los estudiantes termina grado 11 con niveles A1 o A2, considerados básicos. El panorama plantea interrogantes sobre la efectividad de los modelos de enseñanza y las competencias lingüísticas que adquieren los jóvenes.

La brecha entre los sectores educativos también evidencia diferencias importantes. De acuerdo con los datos citados, el nivel de desempeño reportado es del 8 % en el sector oficial y del 33 % en el no oficial. Estas cifras reflejan que incluso en instituciones privadas, donde suelen existir mayores oportunidades de exposición al idioma, una proporción considerable de estudiantes no alcanza las competencias esperadas al finalizar el bachillerato. El reto consiste en transformar el aprendizaje del inglés en una habilidad útil para la vida académica y cotidiana.

La cantidad de horas dedicadas al idioma no parece explicar por sí sola los resultados. Según información del Ministerio de Educación Nacional, los colegios bilingües internacionales y nacionales destinan más del 50 % de su plan de estudios al contacto con una lengua extranjera. Las instituciones con intensificación en inglés dedican entre 10 y 15 horas semanales, mientras que aquellas sin profundización ofrecen menos de 10 horas. A pesar de estas diferencias, persisten dificultades para lograr que los estudiantes utilicen el idioma con suficiente dominio.

Christian Marulanda, Country Manager de Maple Bear LATAM, organización educativa basada en el modelo canadiense, plantea una distinción entre aprender inglés y aprender en inglés. Desde su perspectiva, cuando el idioma se limita a una asignatura, las oportunidades para practicarlo son reducidas. En cambio, un entorno de inmersión busca incorporarlo a las actividades escolares, de manera que los estudiantes puedan comunicarse, investigar, formular preguntas y resolver problemas mientras desarrollan conocimientos en diferentes áreas.

El modelo de Maple Bear contempla una inmersión completa en inglés durante la jornada escolar, con una transición hacia una distribución de 75 % en inglés y 25 % en español a partir de Senior Kindergarten, etapa en la que comienza el proceso de alfabetización bilingüe. La propuesta busca que el idioma funcione como una herramienta de aprendizaje y no solamente como un contenido académico. Así, los estudiantes pueden utilizarlo para trabajar con sus compañeros, explorar información y desarrollar habilidades comunicativas en contextos diversos.

El enfoque educativo canadiense también pone énfasis en el desarrollo integral, la ciudadanía global y competencias como el pensamiento crítico, la colaboración y la resolución de problemas. Marulanda sostiene que cuando los estudiantes utilizan el inglés para investigar o resolver situaciones, el idioma deja de ser el objetivo aislado de una clase y se convierte en un recurso para comprender el mundo. Esta perspectiva propone revisar no solo cuánto tiempo se enseña una lengua extranjera, sino también cómo se integra en las experiencias escolares.

Maple Bear nació en 2004 y actualmente opera más de 500 colegios en 38 países, con una comunidad superior a 70.000 estudiantes. Su experiencia internacional refleja el crecimiento de modelos que buscan combinar metodologías educativas globales con las particularidades culturales y lingüísticas de cada territorio. La organización plantea que una propuesta internacional no debe implicar la pérdida de la identidad local, sino una articulación entre las oportunidades globales y el reconocimiento del contexto de cada país.

El desafío para la educación colombiana consiste en avanzar hacia modelos que permitan a los estudiantes utilizar el inglés de manera efectiva, más allá de aprobar una asignatura o cumplir una intensidad horaria. La discusión incluye la formación de competencias para comunicarse, colaborar y acceder a oportunidades académicas internacionales, sin perder la conexión con la cultura propia. En un entorno cada vez más interconectado, fortalecer el bilingüismo exige evaluar tanto los contenidos impartidos como las experiencias reales de aprendizaje que ofrecen los colegios.

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