El presidente Abelardo De La Espriella defendió la aplicación del mérito en la administración pública y aseguró que su propósito es corregir problemas que, según afirmó, afectan al Estado colombiano. Durante la alocución presidencial del 12 de octubre, el mandatario sostuvo que el mérito comenzó a reemplazar la nómina en las instituciones estatales y planteó una posición crítica frente a la gestión pública. Sus declaraciones situaron la selección de funcionarios y la reforma administrativa en el centro de su intervención.
“ No vine a administrar ese desastre, vine a corregirlo y a impedirlo”, afirmó De La Espriella durante su intervención, al referirse a los problemas que atribuye a la administración pública. La frase marcó el tono de su mensaje y presentó su gestión como una apuesta por modificar prácticas que considera inadecuadas. Sin embargo, para establecer el alcance de ese compromiso es necesario precisar cuáles situaciones busca corregir, qué entidades estarían involucradas y qué acciones concretas se pondrán en marcha.
La defensa del mérito se relaciona con las reglas de ingreso y permanencia en los empleos públicos. En Colombia, el artículo 125 de la Constitución establece la carrera administrativa como regla general, con excepciones determinadas por la propia norma. Este marco busca que el acceso a los cargos de carrera responda a condiciones de igualdad, capacidad y selección objetiva. Por ello, cualquier cambio anunciado en esta materia debe ajustarse a las disposiciones constitucionales y legales que regulan la función pública.
Al afirmar que el mérito entró a reemplazar la nómina en todo el Estado, el presidente presentó una transformación de alcance nacional. No obstante, esa declaración no permite establecer por sí sola cómo se ha aplicado el principio en las distintas entidades ni cuáles resultados ha producido. Para determinarlo, se requiere información sobre los procesos de selección, las decisiones administrativas y los mecanismos de evaluación. La implementación de una política de este alcance también depende de las competencias de cada institución y de las normas que rigen sus cargos.
La discusión sobre la selección de funcionarios tiene implicaciones para la transparencia y el funcionamiento institucional. Los procesos basados en criterios verificables pueden contribuir a reducir la discrecionalidad en el acceso a determinados empleos, siempre que se respeten las reglas vigentes y existan controles efectivos. En ese contexto, la propuesta defendida por De La Espriella deberá evaluarse a partir de las medidas que se adopten, su fundamento jurídico y las garantías previstas para quienes participan en los procedimientos de selección.
El mandatario también vinculó su planteamiento con la necesidad de corregir lo que considera fallas de la administración pública. Sin una identificación precisa de esas dificultades, no es posible establecer cuáles áreas requieren cambios ni medir la dimensión de las reformas anunciadas. La evaluación de la gestión estatal exige conocer los problemas identificados, las entidades responsables, los recursos disponibles y los plazos previstos. Estos elementos permitirían establecer si las decisiones responden a objetivos definidos y si su ejecución produce resultados comprobables para la ciudadanía.
La aplicación de cambios administrativos también exige distinguir entre los anuncios políticos y las decisiones formalizadas. Las reformas que afecten la estructura estatal o las condiciones de vinculación de los servidores públicos deben contar con los instrumentos jurídicos correspondientes y respetar los procedimientos establecidos. La transparencia en la información será clave para conocer el alcance de las medidas, verificar su cumplimiento y determinar si las actuaciones anunciadas se traducen en cambios institucionales. El seguimiento público permitirá contrastar los compromisos presidenciales con su ejecución.
Con su alocución del 12 de octubre, Abelardo De La Espriella puso la meritocracia y la corrección de fallas administrativas entre los asuntos centrales de su mensaje. El alcance de sus afirmaciones dependerá de las decisiones que formalice su administración y de la evidencia disponible sobre su aplicación. Más allá de la contundencia de sus palabras, el desarrollo de esa agenda deberá medirse mediante actuaciones verificables, resultados institucionales y el cumplimiento de las normas que regulan el empleo público en Colombia.

