Cada 29 de octubre se conmemora el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular (ACV) o ictus, una fecha que busca sensibilizar sobre una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) citadas por emi Falck, cerca de 15 millones de personas sufren un ACV cada año, de las cuales 6,5 millones fallecen y 5 millones quedan con discapacidad permanente.
En Colombia, el Ministerio de Salud y Protección Social reportó 16.946 muertes por esta causa durante 2023, con una tasa de 32,45 fallecimientos por cada 100.000 habitantes. El accidente cerebrovascular se mantiene como la segunda causa de mortalidad en el país y representa un desafío para la salud pública. De acuerdo con los datos divulgados, el 52 % de las muertes correspondió a mujeres y el 48 % a hombres.
La prevención constituye uno de los principales mensajes de la conmemoración. El Ministerio de Salud estima que aproximadamente el 80 % de los accidentes cerebrovasculares puede evitarse mediante el control de factores de riesgo como la hipertensión arterial, la diabetes, el tabaquismo, el sobrepeso y la inactividad física. Estas condiciones pueden avanzar sin síntomas evidentes, por lo que las revisiones médicas periódicas y el seguimiento de los indicadores de salud resultan fundamentales para reducir la probabilidad de sufrir un evento.
La hipertensión arterial representa uno de los factores de riesgo más importantes y, en muchos casos, permanece sin diagnóstico. Por ello, las autoridades sanitarias promueven la medición regular de la presión arterial y la identificación temprana de alteraciones cardiovasculares y metabólicas. Durante octubre se impulsan jornadas de detección con EPS, IPS y hospitales, además de actividades educativas para enseñar a la población a tomarse correctamente la presión y reconocer señales que requieren atención médica.
Reconocer los síntomas también puede marcar la diferencia entre una recuperación y una discapacidad permanente. Entre las señales de alerta están la pérdida repentina de fuerza o sensibilidad en un lado del cuerpo, las dificultades para hablar o comprender, la pérdida súbita de visión, los problemas de equilibrio o coordinación y un dolor de cabeza intenso de aparición repentina. Ante cualquiera de estas manifestaciones, se debe activar de inmediato la atención de urgencias, sin esperar a que los síntomas desaparezcan.
La rapidez es determinante porque un ACV interrumpe o reduce el suministro de sangre al cerebro, lo que priva a las células de oxígeno y nutrientes. Sin atención oportuna, el daño puede afectar de manera grave la movilidad, el habla y las funciones cognitivas. Alejandro Rivas, gerente de la Red Médica de emi Falck, insistió en que la prevención depende del control de la presión arterial, la glucemia, el peso, el consumo de cigarrillo y el sedentarismo, mientras que la respuesta inmediata es esencial cuando el evento ocurre.
El riesgo tampoco termina después de superar un primer episodio. Según los datos citados en el comunicado, una persona que ya sufrió un accidente cerebrovascular tiene un 25 % de probabilidad de presentar otro. Por eso, la prevención debe mantenerse de forma permanente e incluir seguimiento médico, control de enfermedades crónicas, actividad física regular y hábitos saludables. La identificación de factores de riesgo y el cumplimiento de las recomendaciones profesionales pueden contribuir a reducir la posibilidad de nuevos eventos.
En el marco del Día Mundial del ACV, emi Falck hizo un llamado a las familias, los empleadores y el sistema de salud para incorporar el control del riesgo vascular en la vida cotidiana. La organización recomienda conocer los niveles de presión arterial y glucemia, mantener la actividad física, abandonar el cigarrillo y aprender a identificar las señales de alarma. La prevención y la atención urgente son acciones decisivas para disminuir las muertes y las secuelas asociadas a esta enfermedad.

