José Claudio Perdomo Vascones y Roberto Junior Guzmán Sarcos tienen 22 años, nacieron en Leticia, Amazonas, y comparten una decisión que hoy orienta sus proyectos de vida: continuar su camino en el Ejército Nacional. Aunque crecieron con experiencias distintas alrededor del español y el portugués, ambos encontraron en la institución una oportunidad para desarrollar sus capacidades y construir una carrera militar. Sus historias reflejan cómo dos recorridos personales pueden coincidir en una misma vocación de servicio a Colombia.
José Claudio tenía cerca de 2 años cuando se trasladó con su familia a Benjamin Constant, Brasil. Su padre, de origen brasileño, hizo parte de las Fuerzas Militares de ese país y alcanzó el grado de sargento tercero. Durante su infancia y parte de su juventud, el portugués fue su idioma cotidiano. Al regresar a Leticia durante la adolescencia, tuvo que recuperar la confianza para comunicarse en español. Aunque comprendía las conversaciones, inicialmente le costaba responder y sus intervenciones se limitaban a expresiones breves.
La experiencia de Roberto fue diferente. Alrededor de los 11 años comenzó a aprender portugués mediante conversaciones con amigos brasileños y vecinos de la zona fronteriza. Su aprendizaje surgió de la curiosidad y de la interacción cotidiana: preguntaba cómo se pronunciaban determinadas palabras y luego las incorporaba a sus conversaciones. Así desarrolló una habilidad que hoy forma parte de su historia personal. Los dos jóvenes crecieron en un territorio donde la cercanía entre Colombia y Brasil favorece el encuentro de culturas e idiomas.
El vínculo con el Ejército comenzó para ambos durante el servicio militar en el Batallón de Apoyo y Servicios para el Combate N.º 26, en Leticia. Esa experiencia les permitió conocer de cerca las responsabilidades de la vida castrense y considerar la posibilidad de continuar dentro de la institución. Después de cumplir sus respectivos periodos de servicio, tomaron la decisión de ingresar a la formación para convertirse en soldados profesionales. El paso significó transformar una primera experiencia militar en un proyecto de vida.
José Claudio cumplió 21 meses de servicio militar y llegó a la Escuela con incertidumbres sobre su capacidad para completar el curso. Conocía experiencias de jóvenes que no habían conseguido terminar la formación y temía enfrentar el mismo resultado. Sin embargo, decidió continuar y hoy se encuentra cerca de culminar esta etapa. Para él, avanzar representa una oportunidad de alcanzar las metas personales que se ha propuesto, obtener estabilidad y abrir nuevas posibilidades para su futuro dentro de la institución.
Roberto, por su parte, también regresó al Ejército después de explorar otras actividades laborales. Tras completar 18 meses de servicio militar, trabajó con su padre en labores del campo y colaboró con un primo en actividades relacionadas con el turismo. Sin embargo, al observar las patrullas que recorrían las calles de Leticia, recordaba su experiencia militar y recuperaba el interés por regresar. Esa motivación terminó convirtiéndose en una decisión: volver a la institución, esta vez con la intención de construir una carrera profesional.
En la Escuela, los dos jóvenes afrontan jornadas que demandan disciplina, responsabilidad y trabajo en equipo. La formación exige constancia, adaptación y disposición para aprender de sus compañeros, mientras los prepara para asumir las funciones propias de un soldado profesional. En el caso de José Claudio, el respaldo de sus padres y hermanos representa una motivación importante. Aunque su madre quisiera tenerlo cerca, respeta su decisión y lo anima a terminar el proceso. Él aspira a construir un futuro estable y formar su propia familia.
Roberto también encuentra en sus padres una razón para perseverar y espera que sus hermanos vean en su experiencia un ejemplo para perseguir sus propias metas. Sus aspiraciones no terminan con el grado de soldado profesional: quiere continuar preparándose, alcanzar el grado de suboficial y, más adelante, tener la posibilidad de convertirse en oficial. Mientras se acercan a la culminación de su formación, ambos jóvenes mantienen la mirada puesta en una carrera que comenzó con el servicio militar y que ahora representa una elección de vida.
Desde Leticia hasta la Escuela de Soldados Profesionales, José Claudio y Roberto han recorrido caminos distintos, pero coinciden en su propósito de servir a Colombia. El portugués y el español forman parte de sus historias, al igual que el respaldo familiar y la experiencia adquirida en el Ejército. Ahora enfrentan el desafío de completar su preparación y asumir nuevas responsabilidades. Sus trayectorias dejan una invitación para otros jóvenes: considerar el servicio militar como una oportunidad para descubrir capacidades y construir un proyecto de vida.

