“Una vez lo que fui. Una vez lo que soy” llega con una mirada sobre el cuerpo y la madurez

 

El monólogo performático “Una vez lo que fui. Una vez lo que soy” propone un recorrido tragicómico por las marcas que dejan las miradas ajenas sobre el cuerpo y la identidad. Escrita, dirigida e interpretada por Paula Andrea “La Tata” Salazar, la pieza combina humor ácido, drama y elementos de biodrama para abordar experiencias relacionadas con la madurez, las expectativas sociales y la libertad de aprender a vivir bajo términos propios, en una puesta en escena que convierte la experiencia personal en material teatral.

La obra explora la arquitectura del trauma familiar, la gordofobia y la resiliencia femenina desde una perspectiva de madurez contemporánea. A través del humor negro y el biodrama, la protagonista transforma experiencias difíciles en mecanismos de supervivencia y desahogo. El montaje plantea así una conversación escénica sobre las huellas que pueden dejar las etiquetas impuestas sobre el cuerpo y la vida de una mujer, mientras propone revisar esas marcas desde una mirada atravesada por la experiencia, la memoria y la posibilidad de reconstrucción personal.

En el centro de la historia aparece una mujer que, al llegar a sus cincuenta años, revisa la relación simbiótica y dolorosa que ha mantenido con su madre. Ese recorrido la lleva a confrontar recuerdos y preguntas sobre su propia identidad. La obra plantea que el reconocimiento profesional no necesariamente resuelve las heridas asociadas con la imagen personal, y utiliza esa tensión como punto de partida para desarrollar un relato donde la memoria familiar y la relación con el propio cuerpo ocupan un lugar central.

La propuesta escénica utiliza recursos visuales para acompañar ese proceso de confrontación. Luces y música se integran con el despojo físico de la utilería, generando una transformación progresiva del espacio. De acuerdo con la descripción de la obra, este procedimiento convierte la representación en una especie de ritual de catarsis, en el que los objetos dejan de ocupar el centro y el cuerpo de la protagonista adquiere mayor presencia. El montaje apuesta así por una experiencia teatral que combina palabra, movimiento, imagen y exposición personal.

Uno de los ejes centrales está relacionado con la transformación de la percepción del cuerpo curvilíneo. La obra parte de una experiencia marcada por la vergüenza y las etiquetas para plantear una resignificación del cuerpo como territorio de soberanía, belleza y perdón. El enfoque no se limita a describir una experiencia individual, sino que utiliza la escena para abordar preguntas sobre la manera en que las personas construyen su relación con el espejo y con las expectativas que otros proyectan sobre ellas.

El humor cumple una función particular dentro de la propuesta. La pieza recurre a la risa ácida y al humor negro para aproximarse a situaciones atravesadas por dolor, conflicto familiar y cuestionamientos personales. Esa combinación permite que el relato transite entre momentos de comicidad y otros de mayor profundidad dramática. La estructura tragicómica busca que la experiencia de la protagonista pueda ser observada desde diferentes emociones, sin abandonar los temas relacionados con la madurez, el cuerpo y la reconstrucción de la identidad.

“Una vez lo que fui. Una vez lo que soy” está concebida como una obra de teatro performático con una duración de 45 minutos y dirigida a público mayor de 12 años. La dramaturgia, dirección e interpretación están a cargo de Paula Andrea “La Tata” Salazar, quien concentra en escena las diferentes dimensiones del relato. La presentación anunciada para el 3 de octubre propone llevar al público a un espacio donde la experiencia autobiográfica, el humor y la exposición corporal se encuentran dentro de una misma construcción escénica.

La pieza plantea, en esencia, un tránsito entre aquello que una persona fue y aquello que decide ser después de confrontar las etiquetas que la acompañaron. Desde el trauma familiar hasta la relación con el cuerpo, el montaje utiliza la experiencia de su protagonista para construir una reflexión sobre madurez, libertad y aceptación. “Una vez lo que fui. Una vez lo que soy” convierte así el escenario en un espacio de confrontación y catarsis, donde la mirada propia comienza a ocupar el lugar que durante años estuvo reservado para la mirada ajena.

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