Nueva evidencia cambia la mirada sobre el café y el corazón

 

Una nueva revisión de la evidencia científica está cambiando la relación entre el café y la salud cardiovascular. Durante años, su consumo fue restringido de manera generalizada entre personas con antecedentes cardíacos, bajo la idea de que la cafeína podía aumentar riesgos. Sin embargo, el cardiólogo Paul Gamboa, director del Instituto Méderi del Corazón, sostiene que los datos actuales permiten desmontar varios de esos temores y muestran posibles beneficios asociados con el consumo habitual de esta bebida.

Según Gamboa, la cafeína actúa sobre el cerebro al bloquear los receptores de adenosina, sustancia relacionada con el sueño y el cansancio. De allí surge el conocido efecto estimulante que aumenta la vigilia y disminuye temporalmente la sensación de fatiga. El especialista señala que este mecanismo no implica un daño para el corazón y explica que el consumo regular de café se ha relacionado con una menor probabilidad de desarrollar algunas enfermedades cardiometabólicas, entre ellas la insuficiencia cardíaca y la hipertensión arterial.

Uno de los principales mitos revisados corresponde a las arritmias y la fibrilación auricular. De acuerdo con el director del Instituto Méderi del Corazón, la evidencia disponible indica que el café no produce arritmias y que los pacientes con fibrilación auricular que lo consumen regularmente pueden presentar menos crisis y conservar durante más tiempo un ritmo cardíaco normal. La información también cuestiona la idea de que una taza de café necesariamente represente un riesgo para quienes tienen antecedentes cardiovasculares.

La presión arterial también aparece entre los efectos que han sido reevaluados. El material médico señala que el consumo de café puede elevarla alrededor de 1 mm de mercurio, una variación considerada clínicamente insignificante. En cuanto al azúcar en la sangre, el café negro o tinto por sí solo no elevaría la glicemia. El aumento puede estar relacionado con ingredientes añadidos, como azúcar refinada, leche condensada, cremas o jarabes, más que con las características propias de la bebida.

El documento también aborda la antigua relación atribuida entre el café y el cáncer de pulmón. Gamboa explica que parte de esa asociación puede estar relacionada con un factor externo: muchas personas consumidoras de café también fuman, por lo que el riesgo corresponde al tabaco y no a la bebida. Esta precisión forma parte de la revisión de mitos que durante décadas contribuyeron a presentar el café como un producto potencialmente perjudicial para la salud cardiovascular y general.

Respecto de la cantidad, el especialista recomienda que un adulto promedio no supere los 400 miligramos de cafeína al día, equivalentes aproximadamente a entre 3 y 5 tazas, dependiendo de su preparación. Una taza convencional puede aportar cerca de 50 miligramos. La cantidad real varía según el tipo de grano y otros factores. Superar ese límite puede provocar insomnio y problemas digestivos, especialmente en personas sensibles a los efectos estimulantes de la cafeína.

Aunque el café puede ser seguro para la mayoría de las personas, existen situaciones en las que se recomienda moderarlo o evitarlo. El material señala especialmente a quienes presentan reflujo gastroesofágico severo o gastritis activa no controlada, así como a personas sensibles que experimentan temblores, taquicardia asociada con ansiedad o nerviosismo. También se aconseja evitarlo durante la tarde o noche y restringir su consumo durante una crisis hipertensiva o una crisis de arritmia.

La revisión presentada por el Instituto Méderi del Corazón plantea así una mirada distinta sobre una bebida profundamente incorporada a la vida cotidiana de los colombianos. Lejos de las restricciones generalizadas del pasado, la evidencia descrita señala que el café puede formar parte de hábitos saludables cuando se consume con moderación y teniendo en cuenta las condiciones individuales. El mensaje central no es eliminarlo, sino conocer sus efectos, controlar la cantidad y reconocer cuándo resulta necesario reducir su consumo.

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