Las enfermedades del corazón continúan entre las principales causas de muerte en Colombia y representan uno de los mayores desafíos para la prevención en salud. Según el DANE, las enfermedades isquémicas del corazón corresponden al 17,2 % del total de las defunciones, con una tasa de 92,7 fallecimientos por cada 100.000 habitantes. En el marco del Día Mundial del Corazón, especialistas llaman a fortalecer el autocuidado y a realizar controles periódicos, incluso cuando no existen síntomas que alerten sobre una posible enfermedad.
La prevención cardiovascular no depende únicamente de atender una dolencia cuando aparece. El documento destaca la importancia de identificar factores de riesgo antes de que se manifiesten señales evidentes y plantea la necesidad de incorporar la salud preventiva a la rutina cotidiana. Diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares y renales pueden prevenirse o detectarse oportunamente mediante hábitos saludables y chequeos médicos. La recomendación parte de una premisa sencilla: no esperar a sentir dolor, malestar o alguna alteración para consultar a un profesional.
Óscar León, director médico de Primero, advierte que uno de los principales obstáculos continúa siendo la falta de una cultura de prevención. El especialista señala que el autocuidado también implica observar cambios persistentes o inusuales en el organismo. Sed excesiva, variaciones abruptas de peso sin causa aparente, dolores de cabeza persistentes, sudoración nocturna excesiva, aparición de masas o modificaciones en la coloración de la piel son señales que, según explica, pueden justificar una valoración médica y no deberían ser ignoradas.
Reconocer una señal no significa asumir automáticamente la presencia de una enfermedad grave. La recomendación consiste en prestar atención a cambios que persisten o que resultan diferentes de lo habitual, especialmente cuando no tienen una explicación clara. La detección temprana puede facilitar la identificación de infecciones como el VIH y de factores de riesgo relacionados con la diabetes. También existen medidas preventivas frente a infecciones que pueden elevar el riesgo de determinados diagnósticos, entre ellas las asociadas al virus del papiloma humano y Helicobacter pylori.
El cuidado cardiovascular también está relacionado con los hábitos diarios. El sedentarismo, una alimentación poco saludable y la falta de sueño están vinculados con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas y pueden afectar el bienestar integral. El documento plantea recomendaciones que pueden incorporarse progresivamente a la rutina, como beber agua de manera regular, realizar al menos 30 minutos de actividad física al día y mantener una alimentación equilibrada. También se aconseja evitar el cigarrillo y las sustancias psicoactivas.
El manejo del estrés ocupa igualmente un lugar dentro de las medidas de autocuidado, debido a su relación con el bienestar físico y mental. Para los especialistas, la prevención no debe entenderse como una práctica reservada para quienes ya presentan una enfermedad, sino como una conducta cotidiana. Encontrar espacios para controlar el estrés, mantener actividad física y prestar atención a las señales del organismo puede contribuir a tomar decisiones oportunas y a reducir factores asociados con enfermedades crónicas que afectan la calidad de vida.
Pese a las recomendaciones, persisten barreras culturales que dificultan la prevención. El miedo a las vacunas, los mitos sobre sus efectos y la creencia de que las consultas médicas solo son necesarias cuando existe una enfermedad pueden retrasar los controles. También permanece la idea de que cuidarse exige demasiado tiempo o dinero. Sin embargo, el documento señala que varias acciones de autocuidado pueden incorporarse a la rutina diaria y que existen programas de prevención gratuitos para facilitar el acceso a medidas preventivas.
Para Óscar León, el desafío consiste en convertir la prevención en un hábito sostenido y no en una reacción frente a la enfermedad. Mantener un estilo de vida saludable, acudir a chequeos médicos periódicos y conocer los antecedentes personales y familiares permite identificar riesgos y tomar decisiones antes de que una condición afecte la vida cotidiana. En Colombia, donde las enfermedades isquémicas del corazón representan el 17,2 % de las muertes, fortalecer esa cultura preventiva aparece como una tarea prioritaria.
