La Felicidad entra en una nueva etapa con Strata y Tessera, la apuesta de Cusezar por una nueva generación de vivienda en Bogotá

 

La Felicidad vuelve a ocupar un lugar destacado en el desarrollo inmobiliario de Bogotá. Más de dos décadas después de que comenzara a estructurarse este gran proyecto urbano del occidente de la capital, Cusezar presenta una nueva etapa residencial con Strata y Tessera, dos propuestas que amplían la oferta de vivienda dentro de una ciudad parque que continúa transformándose. Los nuevos proyectos no llegan a un territorio vacío: se incorporan a un entorno que ya cuenta con miles de residentes, comercio, vías, parques, colegios, servicios y una identidad propia. La apuesta de Cusezar consiste ahora en ofrecer viviendas capaces de responder a diferentes momentos de la vida familiar.

La dimensión de La Felicidad explica la importancia que tiene cada nueva etapa. El proyecto comenzó a gestionarse en 1999 y su construcción arrancó en 2009, sobre un área bruta cercana a 109,2 hectáreas, con una proyección de aproximadamente 17.000 viviendas y una población residencial estimada en 60.000 habitantes. Su concepción original fue la de una ciudad parque, con una proporción significativa del suelo destinada a parques y zonas verdes, acompañada de vías, equipamientos y comercio. La ubicación, entre la Avenida Boyacá y el sector comprendido entre las calles 13 y 23, convirtió desde el comienzo a La Felicidad en una de las grandes operaciones urbanas del occidente de Bogotá.

Para Cusezar, la nueva etapa representa además una oportunidad de llevar a La Felicidad una concepción de vivienda que la compañía ha venido desarrollando alrededor del bienestar, la conexión y la flexibilidad. Susana Peláez, gerente general de la constructora, ha defendido públicamente una visión en la que construir no significa únicamente levantar edificios, sino contribuir a consolidar comunidades y ciudades. En esa perspectiva, el apartamento hace parte de un sistema más amplio de espacio público, equipamientos, movilidad y servicios. Esa mirada encuentra en La Felicidad un escenario particularmente coherente, porque el proyecto nació precisamente con la intención de integrar vivienda y urbanismo en una escala superior a la de un conjunto residencial convencional.

La llegada de Strata y Tessera coincide con una etapa de crecimiento de Cusezar y con el aniversario de siete décadas de la compañía. En declaraciones recientes, Peláez ha planteado que la empresa busca crecer manteniendo una visión de largo plazo, con proyectos que respondan a las necesidades reales de las familias y con una mayor integración entre vivienda y ciudad. En La Felicidad, esa filosofía se traduce en dos productos muy diferentes en tamaño y distribución, pero unidos por una misma intención: que las familias puedan utilizar no solamente su apartamento, sino también los parques, las zonas comunes, los espacios de trabajo, las áreas sociales y los servicios que ofrece el entorno.

La historia empresarial de La Felicidad también está ligada a Inversiones Inmobiliarias Vendôme y a Daniel Haime Gutt. El empresario, presidente de esa firma, ha estado vinculado al desarrollo desde sus diferentes etapas y ha defendido una concepción del proyecto asociada a la generación de bienestar y a la creación de una nueva centralidad urbana. En la construcción del entorno comercial, Haime destacó la importancia de que Multiplaza estuviera inserto dentro de una ciudad parque con miles de viviendas y una población potencial de gran magnitud. Esa visión ayuda a entender la evolución de La Felicidad: vivienda, comercio, espacio público y movilidad fueron concebidos como piezas de una misma operación urbana.

Esa perspectiva resulta especialmente importante ahora que Cusezar presenta proyectos dirigidos a compradores con necesidades distintas. Strata comienza con apartamentos de aproximadamente 43,5 metros cuadrados y llega hasta tipologías familiares de 124 metros cuadrados, mientras Tessera parte de 92 metros cuadrados y alcanza los 169 metros cuadrados. No se trata solamente de una diferencia de áreas. Las distribuciones, los balcones, las cocinas, los estudios, las habitaciones, los vestieres y las zonas sociales fueron planteados para responder a diferentes formas de vivir. En el lanzamiento, esa flexibilidad apareció como uno de los principales atributos de la nueva oferta inmobiliaria.

La presentación de los proyectos también puso sobre la mesa una idea que resulta clave para entender la evolución de La Felicidad: quienes ya viven allí conocen una experiencia urbana que ahora puede continuar en una nueva generación de viviendas. La invitación no está dirigida exclusivamente a compradores que llegan por primera vez. También existe una lectura de quienes ya conocen el sector y pueden encontrar en Strata o Tessera una alternativa para otra etapa familiar. Es el caso de una pareja que necesita más espacio, de una familia cuyos hijos crecieron, de personas que requieren trabajar desde casa o de hogares que simplemente buscan otra relación entre apartamento, parque y zonas comunes.

El resultado es una nueva fase de un proyecto que durante años ha ido cambiando la imagen del occidente de Bogotá. La Felicidad pasó de ser una enorme reserva de suelo a convertirse en un sector residencial con centros comerciales, parques, colegios, vías internas y miles de viviendas. Ahora, mientras avanza la consolidación de su gran parque y continúan las obras de infraestructura vial, Cusezar pone nuevamente la vivienda en el centro de la conversación con Strata y Tessera. La historia del proyecto sigue abierta y los nuevos edificios forman parte de una transformación que combina inversión privada, planeación urbana, espacio público y nuevas formas de habitar.


La Felicidad, de gran desarrollo inmobiliario a ciudad parque

La concepción de La Felicidad fue ambiciosa desde el comienzo. Cuando se presentó públicamente la primera etapa, el proyecto se planteó sobre aproximadamente 108 hectáreas y con una meta cercana a 17.000 viviendas, acompañado de una importante proporción de parques y zonas verdes. El objetivo era crear una nueva pieza urbana en el occidente de Bogotá, conectada con las principales vías de la ciudad y dotada de servicios propios. Con el paso del tiempo, la iniciativa evolucionó hasta consolidarse como uno de los grandes desarrollos residenciales de la capital. El concepto de ciudad parque se convirtió en su principal elemento diferenciador frente a proyectos exclusivamente residenciales.

La estructura empresarial detrás del proyecto también ha sido amplia. La documentación del Observatorio de Desarrollo Económico identifica como promotores a Constructora Pedro Gómez, Cusezar, Inversiones Inmobiliarias Vendôme y Constructora Capital, mientras diferentes etapas de construcción han contado con compañías como Amarilo, Ingeurbe, Arquitectura & Concreto, Soluciones y Triada. También han participado otros actores vinculados a vivienda, comercio y equipamientos. Cusezar, por tanto, no es el único protagonista histórico de La Felicidad, pero sí ocupa hoy una posición especialmente visible con el lanzamiento de Strata y Tessera. Su nueva oferta se inserta en un territorio construido durante años por diferentes empresas bajo una estructura urbanística común.

Uno de los grandes elementos de esa estructura es el parque. La Felicidad fue concebida alrededor de una importante cantidad de espacio verde y la información institucional del desarrollo contempla un parque zonal de aproximadamente siete hectáreas. La importancia de esta superficie supera la función paisajística: el parque está llamado a convertirse en uno de los grandes escenarios públicos del sector. En la presentación de Tessera, precisamente, la relación visual con este espacio fue presentada como una de las características centrales de su localización. Las torres fueron concebidas para abrirse hacia las áreas verdes y aprovechar las visuales, la iluminación y la ventilación que genera su disposición frente al parque.

La transformación del paisaje urbano ha sido gradual. El Jardín Botánico de Bogotá ha documentado procesos de arborización y reverdecimiento en La Felicidad, mientras el desarrollo ha incorporado parques, senderos, ciclorrutas y espacios públicos en diferentes etapas. Esta infraestructura verde permite que la idea de ciudad parque no dependa exclusivamente del discurso comercial. La existencia de residentes, comercio y espacios públicos ha convertido el entorno en una pieza urbana con vida propia. Los nuevos proyectos de Cusezar aprovechan precisamente esa condición. En Strata, las visuales y los recorridos conectan el edificio con el entorno; en Tessera, la relación con el gran parque se convierte en uno de los principales atributos de la experiencia residencial.

La escala también determina la manera en que debe entenderse el proyecto. La Felicidad no funciona como un conjunto cerrado de edificios, sino como un territorio con calles, parques, comercio y servicios que se relacionan entre sí. Esa característica explica por qué la ubicación se ha convertido en uno de los argumentos centrales de los nuevos lanzamientos. Vivir allí implica tener cerca centros comerciales como Multiplaza, El Edén y Hayuelos, instituciones educativas, supermercados, vías principales y diferentes alternativas de transporte. Para Cusezar, Strata y Tessera pueden beneficiarse de una infraestructura urbana que no tiene que ser creada desde cero, sino que se ha desarrollado progresivamente durante los años de consolidación del proyecto.


Cusezar y la visión de construir desde la experiencia humana

La apuesta actual de Cusezar está relacionada con una visión empresarial que Susana Peláez ha expresado en diferentes escenarios: construir desde lo humano y entender la vivienda como parte de una experiencia más amplia. La gerente general ha planteado que la compañía debe evolucionar sin perder su esencia y que el crecimiento debe estar acompañado por eficiencia, sostenibilidad, servicio y una lectura más precisa de las necesidades de quienes compran vivienda. En La Felicidad, esa visión adquiere una dimensión concreta porque el proyecto permite trabajar simultáneamente sobre la vivienda y sobre el entorno. Strata y Tessera no se limitan a ofrecer metros cuadrados; buscan organizar diferentes actividades alrededor del hogar.

El concepto de flexibilidad que aparece en los dos proyectos es una expresión directa de esa mirada. La familia que compra hoy no necesariamente tendrá las mismas necesidades dentro de cinco o diez años. Un espacio puede comenzar como estudio y terminar como habitación; una sala puede ampliarse hacia un balcón; una zona común puede convertirse en lugar de trabajo, reunión o celebración. La presentación de Strata y Tessera estuvo atravesada por esa idea. Los apartamentos fueron diseñados con diferentes configuraciones para que el comprador pueda encontrar una respuesta a su momento actual, pero también cierta capacidad de adaptación a los cambios que normalmente experimenta una familia.

En Strata, esa filosofía comienza desde el apartamento de 43,5 metros cuadrados. La vivienda puede funcionar como un apartaestudio completamente integrado o permitir la independencia de la habitación principal. Tiene sala, comedor, cocina, baño de visitas y ventanales de piso a techo que favorecen la iluminación natural. El balcón tipo francés completa la relación con el exterior. La presentación lo ubicó como una alternativa para quien comienza su vida independiente, ya sea solo o en pareja. Pero la propuesta no termina en el tamaño del apartamento: el residente también tiene acceso a gimnasio, piscina, cine, coworking, zonas sociales y espacios para mascotas.

A medida que aumenta el área, también aumenta el programa. Las tipologías intermedias incorporan dos habitaciones y posibilidades de estudio, mientras los apartamentos de aproximadamente 102 metros cuadrados avanzan hacia tres habitaciones, cocina con isla, vestier, baños y una zona social más generosa. Los apartamentos esquineros adquieren especial importancia porque reciben iluminación por dos frentes y aprovechan mejor determinadas visuales. En las unidades de 109 y 124 metros cuadrados, la orientación modifica la ubicación de algunos espacios y permite aprovechar las condiciones particulares de la torre. El resultado es una oferta que intenta que cada incremento de área represente también un cambio en la manera de utilizar la vivienda.

En Tessera, la misma filosofía se lleva a una escala mayor. Las unidades de 92, 141, 156 y 169 metros cuadrados están pensadas para hogares que requieren mayor superficie y mayor número de espacios. La vivienda de 92 metros cuadrados incorpora dos habitaciones, zona social amplia, cocina con isla, zona de ropas y balcones generosos. Las unidades superiores suman habitaciones con baños privados, estudio, estar de alcobas, vestieres y espacios adicionales que pueden utilizarse como depósito, despensa o cuarto de apoyo. El apartamento de 169 metros cuadrados, presentado como modelo, lleva la flexibilidad todavía más lejos al permitir diferentes interpretaciones de algunos espacios de la zona privada.


Strata, la puerta de entrada a una nueva generación residencial

Strata está conformado por tres torres de 16 pisos y, de acuerdo con la presentación de lanzamiento, 387 apartamentos. Su localización sobre la calle 18A, en el entorno de la carrera 77, lo conecta con uno de los ejes importantes de La Felicidad y con el recorrido hacia el comercio. La propuesta arquitectónica busca que los apartamentos tengan condición exterior y que las fugas visuales amplíen la percepción del espacio. El acceso incorpora un drive-thru y un lobby de doble altura que funciona como articulador entre las torres y las zonas comunes. Desde el comienzo, el proyecto fue pensado para aprovechar tanto la ubicación como la relación con el espacio urbano.

La variedad de Strata comienza con el apartamento de 43,5 metros cuadrados y continúa con tipologías de aproximadamente 45,5 y 47 metros cuadrados. En estas áreas intermedias aparecen configuraciones más completas, con habitaciones adicionales y espacios que pueden utilizarse como estudio. La cocina y la zona social mantienen una relación integrada que permite aprovechar mejor el área disponible. El diseño responde a una realidad que se volvió más evidente después de la expansión del trabajo híbrido: muchas personas necesitan un lugar dentro de la vivienda que pueda asumir distintas funciones. El estudio deja de ser un espacio exclusivamente privado y se convierte en parte de la vida cotidiana.

El salto hacia los apartamentos de 102 metros cuadrados modifica considerablemente el programa. Las unidades esquineras aprovechan dos frentes de iluminación y ofrecen una zona social amplia con cocina integrada e isla. Aparecen tres habitaciones, baños diferenciados, vestier y baño principal, además de una zona de ropas con mayor capacidad. La presentación destacó particularmente el baño principal iluminado naturalmente y la importancia que tienen las áreas de servicio en las familias actuales. En este segmento, el apartamento deja de ser únicamente una solución habitacional compacta y se convierte en un espacio pensado para una familia que necesita separar áreas sociales, privadas, laborales y de servicio.

Las tipologías de 109 y 124 metros cuadrados completan el extremo superior de Strata. Algunas de estas unidades están ubicadas específicamente en la torre que se encuentra actualmente en comercialización y aprovechan visuales hacia la avenida principal. Las ventanas en esquina se convierten en un elemento arquitectónico destacado y permiten una mayor entrada de luz. En el caso de la unidad de 124 metros cuadrados, la distribución mantiene el programa del apartamento modelo, pero modifica la ubicación del balcón y de la zona social para responder a la orientación. Son variaciones que muestran cómo la arquitectura de Strata busca aprovechar la posición de cada vivienda dentro de la torre.

Las zonas comunes terminan de construir la propuesta. Strata incluye lobby y car-lobby, gimnasio, zonas húmedas, piscinas para adultos y niños, zonas infantiles y juveniles, coworking y salas de reuniones. La presentación añadió social kitchen, BBQ, cine, bicitaller, espacios para mascotas y otras áreas de encuentro. La lógica es sencilla: un apartamento compacto puede complementar su superficie privada con lugares comunes que permitan recibir amigos, trabajar, cocinar, hacer ejercicio o realizar actividades familiares. De esta manera, Cusezar convierte las amenidades en parte de la arquitectura residencial y no simplemente en servicios accesorios que aparecen al final de la ficha comercial.


Tessera, una propuesta de mayor amplitud frente al parque

Tessera representa la segunda escala de la nueva oferta de Cusezar. El proyecto contempla 258 apartamentos distribuidos en dos megatorres organizadas en cuatro unidades estructurales y 16 pisos, de acuerdo con la presentación del lanzamiento. La disposición en L permite generar un espacio abierto entre las torres y establecer una relación visual con las zonas verdes del entorno. Su localización frente al gran parque de La Felicidad es uno de los argumentos centrales de la propuesta. Allí, la arquitectura busca aprovechar una condición que no se puede reproducir fácilmente en cualquier terreno: tener un gran espacio público como parte del paisaje cotidiano de las viviendas.

La primera tipología es de 92 metros cuadrados y está pensada para una familia que busca comodidad sin llegar a las superficies superiores. Tiene dos habitaciones y una zona social amplia, acompañada por una cocina con isla y una zona de ropas. La habitación principal cuenta con vestier y baño, mientras la segunda puede utilizarse para hijos, nietos o visitantes. Los balcones amplios agregan otra posibilidad de uso y permiten disfrutar del exterior. La orientación determina diferencias entre algunas unidades, particularmente en el tamaño del balcón. En todos los casos, la propuesta busca que la vivienda mantenga una relación constante entre el interior y el paisaje.

Los 141 metros cuadrados introducen un programa más completo. La unidad incorpora tres habitaciones con baños privados, estudio, estar de alcobas, zona social amplia y una habitación principal con vestier y baño de mayores dimensiones. También existe un espacio adicional que puede convertirse en cuarto de maletas, despensa, depósito o una función definida por cada familia. La cocina integrada con isla vuelve a ser protagonista. En estos apartamentos, la condición de esquina adquiere especial importancia porque permite aumentar la entrada de luz y las visuales. La arquitectura comienza a trabajar menos con la idea de optimizar metros y más con la de crear ambientes diferenciados dentro de una misma vivienda.

La tipología de 156 metros cuadrados lleva ese concepto todavía más lejos. Una de las habitaciones secundarias incorpora vestier y baño privado, lo que permite utilizarla para un hijo, una persona mayor o un integrante de la familia que requiera mayor independencia. La habitación principal cuenta con ventana en esquina, vestier y baño en suite. Las zonas sociales reciben iluminación a través de grandes superficies vidriadas y mantienen una conexión visual con el exterior. El diseño permite que la vivienda sea utilizada por familias numerosas sin perder la sensación de amplitud. La distribución también ofrece posibilidades para quienes reciben visitantes con frecuencia o necesitan espacios privados adicionales.

El apartamento de 169 metros cuadrados funciona como la síntesis de Tessera. Es el modelo que se presentó durante el lanzamiento y reúne buena parte de las características que diferencian al proyecto. La flexibilidad vuelve a ser fundamental: determinados espacios pueden cambiar de función según las necesidades de la familia y el momento de vida de sus habitantes. La propuesta está pensada incluso para una etapa en la que los hijos ya no viven en casa y los propietarios buscan reorganizar los espacios. Esa capacidad de transformación conecta con la idea central de Tessera: no vender solamente una vivienda grande, sino una vivienda que pueda acompañar durante más tiempo las transformaciones de una familia.


Zonas comunes para niños, jóvenes, adultos, mascotas y trabajo

Tessera amplía el concepto de amenidades con una programación particularmente extensa. El proyecto contempla parque infantil, coworking, zona de mascotas, gimnasio, piscina, spa, masajes, turco y sauna, además de cine y espacios sociales. La presentación puso especial atención en la existencia de ambientes diferenciados para distintas edades. Hay salón juvenil, salón infantil y un salón de fiestas que puede reservarse para celebraciones sin bloquear el uso de las demás zonas comunes. La intención es que el proyecto pueda funcionar como un pequeño ecosistema residencial, donde cada generación encuentre espacios propios sin perder la posibilidad de compartir con el resto de la comunidad.

El salón senior representa uno de los elementos más particulares de la propuesta. Está concebido como un espacio reservado para adultos, con una atmósfera más tranquila y elementos destinados al encuentro y al entretenimiento. La idea responde a un cambio en la composición de los hogares: cuando los hijos crecen y dejan la vivienda, las necesidades de los padres también cambian. El proyecto plantea entonces un lugar para conversar, reunirse, jugar billar o simplemente pasar tiempo con otros residentes. La propuesta muestra cómo las zonas comunes dejaron de estar pensadas únicamente para niños y piscinas y comenzaron a incorporar diferentes etapas de la vida.

El coworking también responde a una transformación reciente del mercado residencial. Tanto Strata como Tessera incluyen espacios de trabajo y salas que pueden reservarse para reuniones. Esto permite que una persona pueda recibir invitados profesionales sin convertir el apartamento en una oficina permanente. En Tessera, además, se plantea la posibilidad de reservar salones para reuniones de trabajo con personas externas al proyecto. La vivienda queda así conectada con una nueva forma de trabajar, en la que el hogar puede ser residencia, oficina ocasional y espacio de encuentro. Para Cusezar, esta flexibilidad forma parte de las nuevas necesidades que deben ser consideradas al momento de diseñar vivienda.

La atención a las mascotas y a la movilidad alternativa completa ese cambio de enfoque. Los dos proyectos incorporan espacios específicos para animales de compañía y Strata suma un bicitaller para residentes que utilizan la bicicleta. La presentación destacó que cada apartamento tiene además una solución para bicicletas, mientras las zonas para mascotas fueron concebidas como espacios de uso específico y no simplemente como áreas residuales. La arquitectura reconoce de esta manera que los hogares actuales son más diversos. Hay familias con niños, parejas sin hijos, personas solas, adultos mayores, trabajadores híbridos y hogares donde las mascotas tienen un papel central. El proyecto intenta responder a todos ellos desde el diseño.

El resultado es una concepción de zonas comunes que complementa directamente la propuesta de los apartamentos. En Strata, los espacios colectivos ayudan especialmente a ampliar las posibilidades de las unidades compactas; en Tessera, permiten que las viviendas grandes tengan alrededor una oferta de servicios acorde con su escala. En ambos casos, la idea de bienestar deja de depender exclusivamente de acabados interiores. Piscinas, gimnasio, cine, cocina social, coworking, parques infantiles, espacios para mascotas y salones especializados forman una red de usos que puede convertirse en parte de la rutina de los residentes. La vida del edificio se plantea así como una extensión de la vida del apartamento.


Vías, parque y movilidad: el entorno que completa la apuesta

La transformación de La Felicidad ha requerido también una importante evolución de la malla vial. El Plan Parcial incorporó obligaciones para conectar el desarrollo con las grandes vías del occidente de Bogotá y para construir infraestructura interna. Entre las intervenciones contempladas aparecen conexiones de la calle 18A, obras asociadas a la Avenida Boyacá, ciclorrutas y un carril paralelo a la Avenida Centenario. La infraestructura resulta determinante porque la consolidación del proyecto significa también la llegada progresiva de miles de nuevos residentes. La vivienda, en este contexto, necesita estar acompañada por vías capaces de soportar los desplazamientos diarios y por alternativas peatonales y ciclísticas.

La calle 18A tiene una importancia particular para Strata. Su conexión con la carrera 77 y con los recorridos hacia el centro comercial forma parte de la ubicación estratégica presentada durante el lanzamiento. La propia planeación de La Felicidad contempla la continuidad de esta vía y su articulación con otras calles del sector. El proyecto se beneficia así de una estructura que ha sido diseñada para conectar los diferentes sectores del desarrollo. En paralelo, la ampliación de ciclorrutas y la existencia de recorridos peatonales introducen una escala de movilidad diferente, en la que los desplazamientos internos pueden realizarse sin depender exclusivamente del automóvil.

La Avenida Boyacá y la Avenida Calle 13 continúan siendo corredores fundamentales para la conexión metropolitana. La documentación del Plan Parcial contempla intervenciones relacionadas con ambas vías, mientras el IDU mantiene dentro de su agenda obras asociadas al Convenio del Plan Parcial La Felicidad. En 2025, el Instituto registraba entre los proyectos de Fontibón las actuaciones correspondientes a las etapas 1 y 2 de La Felicidad, además de intervenciones en la Avenida Centenario y conexiones con otras infraestructuras. Esto demuestra que el desarrollo urbano del sector continúa acompañado por obras de movilidad y espacio público que tienen impacto más allá de los límites de los proyectos privados.

A esa estructura se suma la expectativa alrededor del RegioTram de Occidente. Información inmobiliaria actualmente disponible ubica una futura estación La Felicidad a aproximadamente 600 metros de Strata, mientras el proyecto ferroviario regional contempla la conexión entre Bogotá y municipios de la Sabana. La entrada en operación del sistema dependerá del avance de la infraestructura y de los cronogramas oficiales, por lo que su impacto definitivo todavía debe observarse. Sin embargo, la perspectiva de contar con un sistema ferroviario de escala regional cerca del desarrollo constituye otro elemento dentro de la evolución de la conectividad del sector y de las posibilidades futuras de desplazamiento de sus residentes.

La Felicidad llega así a una nueva etapa en la que el apartamento representa solamente una parte de la historia. El gran parque, las vías, las ciclorrutas, el comercio, los equipamientos, las nuevas alternativas de transporte y la presencia de miles de residentes han convertido el proyecto en una pieza urbana consolidada. Strata y Tessera se incorporan a esa ciudad ya existente y buscan responder a una nueva generación de compradores. Para Cusezar, la oportunidad está en combinar su experiencia dentro del desarrollo con una visión de vivienda más flexible; para La Felicidad, los nuevos lanzamientos son otra señal de que el proyecto continúa evolucionando. La ciudad parque, más de veinte años después de comenzar a construirse, sigue agregando capítulos a su historia.

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