750 mujeres cuidadoras de Bogotá construyeron agendas colectivas para llevar sus experiencias y propuestas a los espacios donde se toman decisiones sobre el cuidado. El proceso, desarrollado desde las Manzanas del Cuidado, permitió identificar problemas asociados a los trabajos de cuidado no remunerados y establecer prioridades para enfrentarlos. Redes de apoyo, relevos para disponer de tiempo, reconocimiento económico y oportunidades de educación, empleo y emprendimiento quedaron entre las principales propuestas surgidas durante las jornadas de participación.
Los llamados Decálogos por el Cuidado reúnen las conclusiones de este ejercicio de participación, en el que intervinieron lideresas comunitarias, campesinas, mujeres con discapacidad, lesbianas, bisexuales y trans, además de mujeres negras y afrodescendientes. Aunque las necesidades variaron entre territorios, las participantes coincidieron en varias demandas. Fortalecer las redes de cuidadoras, disponer de relevos y avanzar en el reconocimiento económico de estas labores aparecen como prioridades compartidas para transformar las condiciones en que se desarrolla el cuidado cotidiano.
Las propuestas también plantean una mayor participación de los hombres en la redistribución de las responsabilidades de cuidado y la ampliación de oportunidades de educación, empleo y emprendimiento que sean compatibles con los tiempos que demandan estas labores. El planteamiento parte de una realidad identificada por las participantes: las responsabilidades no remuneradas condicionan su disponibilidad para estudiar, trabajar, emprender o participar en escenarios comunitarios. Por eso, los decálogos buscan convertir esas experiencias en propuestas para la acción local.
El proceso se desarrolló mediante 18 jornadas de trabajo dentro de la estrategia Mujeres que cuidan, Mujeres que inciden. La iniciativa busca fortalecer una dimensión adicional del Sistema Distrital de Cuidado: la Representación. Esta cuarta R se suma a reconocer, reducir y redistribuir los trabajos de cuidado no remunerados. Su propósito es que las mujeres cuidadoras no solamente accedan a servicios, sino que también dispongan de herramientas para participar, ejercer liderazgo y llevar sus planteamientos a los espacios donde se definen decisiones que afectan sus vidas y territorios.
La Representación introduce una perspectiva política dentro de la organización distrital del cuidado. Bajo este enfoque, las cuidadoras son consideradas actoras con capacidad para formular propuestas e incidir en las decisiones públicas. Los propios decálogos recogen esa aspiración al plantear que sus autoras quieren ser reconocidas como sujetas políticas de derechos, con voz y capacidad de incidencia. El ejercicio convierte así las experiencias acumuladas en los territorios en insumos para construir agendas y fortalecer procesos de participación ciudadana.
Una vez terminados, los Decálogos por el Cuidado fueron presentados en las localidades que participaron en el proceso y quedaron planteados como hojas de ruta para futuras acciones de incidencia. La Dirección del Sistema de Cuidado acompaña actualmente la conformación de comisiones de mujeres, con el propósito de fortalecer su participación y dar continuidad a las propuestas. El proceso busca que los acuerdos construidos durante las jornadas no queden únicamente como documentos, sino que orienten nuevas acciones territoriales.
La siguiente etapa contempla un encuentro distrital orientado a avanzar en la conformación de una Red Distrital de Cuidadoras. La iniciativa pretende conectar experiencias y liderazgos surgidos en diferentes localidades, ampliar la capacidad de interlocución de las mujeres y posicionar sus propuestas en escenarios de participación. La construcción de esta red podría convertirse en un mecanismo para articular agendas, compartir aprendizajes y mantener una presencia colectiva en las discusiones relacionadas con las políticas y decisiones sobre el cuidado en Bogotá.
El proceso deja una agenda construida desde las propias experiencias de quienes sostienen diariamente labores de cuidado no remuneradas. Sus propuestas apuntan a reducir el aislamiento, distribuir responsabilidades, reconocer económicamente estos trabajos y ampliar las posibilidades de participación y autonomía. Con la continuidad de las comisiones y la eventual creación de una red distrital, Bogotá abre un nuevo capítulo en la discusión sobre cuidado: las mujeres cuidadoras buscan pasar de ser destinatarias de servicios a tener una voz activa en las decisiones públicas.
