El departamento del Chocó, epicentro del terremoto de magnitud 7.4 que sacudió a Colombia el 10 de agosto de 2026, cerró este miércoles 12 de agosto la fase de búsqueda de desaparecidos tras confirmarse que no quedan personas atrapadas bajo los escombros. La gobernadora Nubia Carolina Córdoba Curi anunció el cierre de esa etapa luego de que aparecieran con vida cuatro integrantes de una familia reportada como no localizada, incluyendo a Jéssica Sánchez, sus dos hijos y Blair Córdoba, quienes fueron hallados en el barrio Medrano de Quibdó después de más de 50 horas de incertidumbre. Con ese hallazgo, el departamento que fue el epicentro de la tragedia cierra su fase más crítica de rescate con un balance que, en términos relativos al resto del país, resultó menos letal de lo esperado dado que el sismo se originó directamente bajo su territorio.
Con corte a los reportes más recientes, Quibdó reporta 9 fallecidos y 119 heridos, junto a 48 viviendas colapsadas y 1.198 averiadas. La capital chocoana también registra daños en 9 edificaciones clave: 3 edificios municipales, 4 educativos y 2 de salud, así como afectaciones en el aeropuerto El Caraño, que continúa reportado sin operación normal. Por departamentos, el balance general de Colombia indica que Chocó concentra 14 fallecidos en total, incluyendo los ocurridos tanto en Quibdó como en otros municipios del departamento como San José del Palmar e Istmina, que fueron los más golpeados fuera de la capital departamental.
Una de las imágenes más impactantes que dejó el terremoto en Quibdó fue el colapso total del edificio Aprivapa, cuya estructura cedió completamente hasta desplomarse contra el suelo. En la Universidad Tecnológica del Chocó, UTCH, se registraron afectaciones estructurales con el colapso de varias escaleras y personas atrapadas bajo los escombros que fueron rescatadas en las primeras horas. La Institución Educativa Carrasquilla sufrió el colapso de un bloque completo, desde donde se reportaron 5 menores desaparecidos que afortunadamente fueron localizados con vida. La Universidad Claretiana también registró afectaciones en sus instalaciones, aunque de menor magnitud que las otras dos instituciones educativas.
Entre las víctimas mortales confirmadas en Quibdó se encontraba una mujer embarazada, uno de los casos que más impactó a la comunidad chocoana en las primeras horas de la tragedia. En Istmina, el segundo municipio más afectado del departamento, se reportaron 50 personas heridas incluidos 2 policías, 1.500 viviendas afectadas y cerca de 5.000 damnificados, según el reporte de Asointermedias. La magnitud del impacto en Istmina, un municipio con menor infraestructura de respuesta que la capital, convirtió a esa localidad en uno de los puntos de atención prioritaria de las autoridades departamentales y nacionales en los días posteriores al sismo.
A pesar de ser el epicentro del terremoto, el Chocó no concentró el mayor número de víctimas mortales del país. El Valle del Cauca concentra 125 fallecidos y Risaralda 94, mientras Chocó suma 14. Ese dato paradójico tiene una explicación técnica: la profundidad del sismo, registrada entre 82 y 103 kilómetros, hizo que la energía liberada se distribuyera en un radio muy amplio antes de llegar a la superficie, golpeando con mayor intensidad a ciudades como Cali y Pereira que están más alejadas del epicentro pero sobre suelos con mayor amplificación sísmica. San José del Palmar, el municipio más cercano al epicentro, confirmó que su cabecera no registró fallecidos pese a los daños estructurales.
La crisis humanitaria en Quibdó no terminó con el cierre de la fase de búsqueda. Habitantes de la capital chocoana denunciaron la falta de ayudas materiales concretas, con familias obligadas a pernoctar a la intemperie ante el riesgo de derrumbe de sus inmuebles. Las consecuencias del sismo afectaron la infraestructura habitacional del municipio de manera engañosa: muchas viviendas presentan fachadas externas intactas pero sufrieron el colapso total de sus estructuras internas, lo que hace imposible habitarlas con seguridad aunque desde afuera parezcan en pie. Ese fenómeno complica los censos de viviendas destruidas y exige inspecciones técnicas edificio por edificio antes de autorizar el reingreso de sus habitantes.
El aeropuerto El Caraño de Quibdó, cuya operación fue suspendida inmediatamente después del sismo por daños en su infraestructura, se convirtió en uno de los principales cuellos de botella logísticos de la respuesta humanitaria en el Chocó. Al estar el departamento rodeado de selva densa y con vías terrestres en condiciones precarias que el propio sismo empeoró en varios tramos, la vía aérea es prácticamente el único corredor eficiente para mover rescatistas, personal médico, insumos y equipos hacia los municipios más golpeados. Las autoridades trabajan en la evaluación de la pista para determinar cuándo puede retomar operaciones humanitarias y eventualmente comerciales.
Con la fase de búsqueda cerrada y sin personas atrapadas bajo los escombros, el Chocó entra ahora en la etapa más larga y compleja de la emergencia: la reconstrucción. Los 9 fallecidos en Quibdó, los 14 en todo el departamento, las 1.198 viviendas averiadas, las 48 colapsadas y los miles de damnificados que perdieron total o parcialmente sus hogares representan una deuda que el Estado colombiano deberá honrar en los próximos meses a través del Fondo Milagro anunciado por el presidente De la Espriella y de los recursos del crédito con el Banco Mundial. Un departamento históricamente marginado, que fue el epicentro de la peor catástrofe sísmica del país en la última década, merece que esta vez la reconstrucción llegue de verdad y que el olvido no vuelva a ser la respuesta del Estado ante el Chocó.
Fotografía de Leison Hachito Gamboa - Made in Chocó
