El presidente Abelardo De La Espriella reservó un espacio especial de su alocución nacional para reconocer el trabajo de su esposa, la primera dama Ana Lucía Pineda, al frente de la ayuda humanitaria tras el terremoto del 10 de agosto. Dijo que ella ha liderado la recolección, organización y envío de ayudas a través de la campaña Colombia Un Solo Corazón, junto a las Tigresas de la Patria, miles de voluntarios y buena parte del sector privado del país.
Según el mandatario, gracias a esa labor conjunta se han canalizado cientos de toneladas de alimentos, agua, medicamentos, ropa, elementos de aseo y materiales de construcción hacia las zonas golpeadas por el sismo en distintas regiones del país. De La Espriella agradeció públicamente a su esposa por ese esfuerzo, y aseguró que gracias a su trabajo la solidaridad ha llegado hasta veredas, corregimientos y barrios donde más se necesitaba en medio de esta larga emergencia nacional.
El presidente destacó además la respuesta de millones de colombianos dentro y fuera del país, que se han volcado a ayudar de distintas maneras desde el mismo 10 de agosto, día en que ocurrió el fuerte terremoto. Miles se ofrecieron como voluntarios y pusieron sus profesiones, su tiempo, sus vehículos y sus manos al servicio de la patria, incluidos empresarios, médicos, enfermeras, bomberos, rescatistas, policías y soldados que han trabajado horas interminables sin descanso alguno hasta ahora.
De La Espriella agradeció también a los 21 países que, según explicó, han ofrecido cooperación internacional a Colombia tras la tragedia del terremoto del 10 de agosto, y recordó que ya han llegado varios aviones con asistencia humanitaria e insumos médicos provenientes de distintas naciones amigas de Colombia. “No tengo cómo pagarles tanta generosidad”, afirmó el mandatario ante todo el país, en referencia al respaldo recibido desde el exterior en estos días tan duros para la nación.
El presidente advirtió, sin embargo, que el esfuerzo de recoger y trasladar ayudas hasta las capitales departamentales es apenas el primer paso de todo este largo proceso de reconstrucción. Según explicó ante el país, la fase más compleja comienza después, cuando hay que llevar esa misma ayuda de manera ordenada hasta cada municipio, corregimiento y vereda, muchos de ellos todavía de difícil acceso por los daños que dejó el sismo en las vías del país.
Por eso, el mandatario hizo un reconocimiento especial a los gobernadores y alcaldes que se han unido a esta causa nacional desde el primer día, y los invitó a seguir fortaleciendo la articulación con los consejos territoriales, la fuerza pública, los organismos de socorro y las organizaciones sociales que también han estado al frente de la emergencia. Pidió además establecer rutas claras, prioridades verificables y mecanismos de seguimiento para la entrega efectiva de toda la ayuda recolectada hasta ahora.
“Me preocupa que la gente pase hambre”, confesó el presidente durante su intervención ante todo el país, y aseguró que ninguna carretera averiada ni ninguna falla en las comunicaciones puede llevar al Gobierno a la resignación frente al sufrimiento adicional de la población afectada por el sismo del 10 de agosto en las distintas regiones. Insistió en que la prioridad debe ser que las ayudas lleguen a todos los damnificados, sin excepción alguna, en el menor tiempo posible.
De La Espriella cerró este bloque de su alocución con un llamado a la unidad nacional, resumido en una frase que repitió varias veces durante la noche ante todos los colombianos que lo escuchaban atentamente: “la patria la reconstruimos juntos”. Según el mandatario, lo que hoy sostiene al país en medio del dolor es, precisamente, la manera en que los colombianos se han sostenido unos a otros desde el pasado 10 de agosto hasta hoy.
