El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, posesionó el 7 de agosto de 2026 a 18 integrantes de su gabinete ministerial en una ceremonia a puerta cerrada en el Batallón Pichincha de Cali, Valle del Cauca. El acto, realizado en la misma jornada de la posesión presidencial, convirtió el cantón militar en el escenario de uno de los rituales más importantes de cualquier nuevo gobierno: el momento en que los ministros juran cumplir la Constitución y las leyes del país y asumen formalmente la responsabilidad de dirigir sus respectivas carteras desde el primer día.
El equipo quedó integrado por nueve mujeres y nueve hombres, en cumplimiento de la ley de cuotas de género. La paridad exacta entre ministras y ministros fue uno de los sellos más destacados del gabinete que De la Espriella presentó al país durante semanas de anuncios progresivos, y que en la jornada del 7 de agosto quedó completo con todos sus integrantes juramentados simultáneamente. Rodrigo Lara en el Interior, Miguel Gómez en Hacienda, el general (r) Jorge Mora en Defensa, Iván Cancino en Justicia, Viviane Morales en Educación, Omar Bula en Relaciones Exteriores, Elsa Noguera en Transporte, Indalecio Dangond en Agricultura, María Nohemí Arboleda en Minas, Alexandra Falla en TIC, Paola Holguín en Cultura, Natalia López en Trabajo, Mauricio Gómez Amín en Comercio, Fabio Arjona en Ambiente, Juliana Gutiérrez en Deporte, Jaime Andrés Beltrán en Vivienda, Ana María Vesga en Salud y Claudia Benavides en Ciencias conforman el primer gabinete completo de la Patria Milagro.
El vicepresidente José Manuel Restrepo difundió imágenes del acto en redes sociales y felicitó a los nuevos ministros: “Felicitaciones al gabinete de la Patria Milagro”. También afirmó: “Colombianos dispuestos a dejar el corazón para servirle al país. Hay muchos desafíos por enfrentar, pero con el liderazgo del presidente sacaremos a nuestra Nación adelante”. Sus palabras sintetizaron el espíritu con el que el nuevo gobierno llegó a Cali: la convicción de que los desafíos son enormes pero que el equipo está listo para enfrentarlos desde el primer instante.
El presidente De la Espriella firmó el Decreto 1136, mediante el cual oficializó el nombramiento de los 18 ministros del gabinete. Ese documento administrativo, firmado en el mismo día de la posesión y en el Batallón Pichincha, tiene la particularidad de ser el primer decreto firmado por el nuevo mandatario en ejercicio de sus funciones como jefe de Estado, convirtiendo el cantón militar no solo en escenario de discurso y honores sino también en sala de despacho presidencial.
La decisión de posesionar al gabinete en una ceremonia privada, lejos de las cámaras, respondió a la lógica de mantener la solemnidad del momento sin convertirlo en un espectáculo mediático adicional en una jornada ya saturada de imágenes y declaraciones. El Batallón Pichincha fue escogido tanto por su significado simbólico para el nuevo gobierno como por la logística de una jornada que exigió mantener al presidente y a su equipo en el mismo espacio durante varias horas consecutivas de actos protocolarios.
Tras la posesión ministerial, el presidente Abelardo de la Espriella encabezó su primer consejo de seguridad en el Cantón Militar Pichincha de Cali, centrado en el suroccidente del país. La reunión definió que la respuesta estatal debe ser interinstitucional para enfrentar la minería ilegal, los cultivos ilícitos y el accionar de grupos armados que delinquen en Valle del Cauca y el resto de la región. Que el primer consejo de seguridad del nuevo gobierno se hiciera en Cali, el mismo día de la posesión, fue también una señal de urgencia: no hay tiempo que perder y el gobierno sabe exactamente dónde están los problemas más graves.
La gobernadora Dilian Francisca Toro señaló que se planteó iniciar la aspersión aérea de cultivos ilícitos y combinarla con sustitución, con disposición del departamento para cofinanciar ese proceso. Con esa declaración, la jornada del 7 de agosto en Cali cerró donde empezó: en el Valle del Cauca, con un gobierno que llegó con compromisos concretos y que en sus primeras horas de existencia ya estaba reuniéndose para definir cómo cumplirlos.
El primer gabinete completo de la Patria Milagro quedó posesionado en un batallón militar, en la misma ciudad donde el Congreso sesionó fuera de Bogotá por primera vez en la historia de la República, en el mismo día en que Colombia eligió abrir un nuevo capítulo. Dieciocho ministros con sus manos en la Constitución, en Cali, con el ministro de Defensa de general retirado al frente y el país mirando, marcaron el inicio de un gobierno que desde su primera jornada dejó claro que no llegó a administrar lo que hay sino a cambiar lo que encuentra.
