A las 5:15 de la tarde del 7 de agosto, el helicóptero FAC 002 aterrizó en el campo de paradas del Cantón Militar Pichincha, sede de la Tercera Brigada del Ejército en Cali, y Abelardo de la Espriella descendió para encontrarse con las tropas que desde ese momento quedaron bajo su mando. Lo que ocurrió en ese campo de paradas durante las siguientes horas fue uno de los actos más inéditos y poderosos de toda la jornada: una demostración de fuerza militar que el nuevo comandante supremo de las Fuerzas Militares de Colombia recibió como primer gesto de lealtad institucional de sus uniformados.
Helicópteros Black Hawk, vehículos acorazados de transporte táctico Titan y vehículos Gladiator 8x8, así como dos aviones Kfir sobrevolando Cali al menos dos veces, acompañaron una parada militar en la que participaron más de 500 integrantes de las cuatro fuerzas, Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Policía, organizados en bloques simétricos. El estruendo de los aviones Kfir se escuchó en distintos sectores de Cali, convirtiendo el cielo de la capital vallecaucana en parte del escenario. Los Kfir son cazas de combate que en el pasado fueron utilizados en misiones de ataque durante las operaciones contra las FARC, y su presencia en el acto de reconocimiento fue también un mensaje sobre el tipo de Fuerza Aérea que el nuevo gobierno quiere mostrar al país y a sus enemigos.
De este modo, las Fuerzas Militares y la Policía reconocieron a De la Espriella como su comandante supremo, tras asumir oficialmente la Presidencia de Colombia. El reconocimiento de tropas es un acto protocolario que establece la cadena de mando y que en condiciones normales pasa inadvertido para la mayoría de los colombianos. En esta ocasión, sin embargo, la puesta en escena que el nuevo gobierno preparó para ese momento lo convirtió en uno de los capítulos más comentados de la jornada: un presidente que no se conformó con recibir la banda presidencial en un teatro universitario y que quiso que su primera acción como comandante supremo fuera plantarse en un campo de paradas rodeado de helicópteros y blindados.
Rodeado por helicópteros y blindados de combate en el campo de paradas, el presidente proclamó que “el que está de rodillas ante Dios jamás será vencido”. Esa frase, pronunciada ante más de 500 uniformados en formación, combinó la convicción religiosa que De la Espriella ha mostrado a lo largo de toda su carrera con el mensaje político central de su discurso inaugural: un gobierno que confía en sus fuerzas, que las respalda y que no teme enfrentar al crimen con la contundencia que la ley permite. Las familias de los militares que viven en el cantón se reunieron también en el campo de paradas para escuchar al nuevo presidente, en una imagen que humanizó el acto castrense.
El ruido del helicóptero alertó a las familias de los militares que viven en el cantón, quienes se reunieron para escuchar las primeras palabras de De la Espriella como jefe de Estado. Esa espontaneidad de las familias acudiendo al campo de paradas añadió una dimensión humana al acto que ningún protocolo habría podido fabricar. Los hijos de los soldados, las esposas de los policías y los padres de los suboficiales que viven en el cantón vieron de cerca al nuevo presidente en sus primeras horas de mandato, en un contacto directo con la realidad cotidiana de los uniformados que De la Espriella ha prometido proteger.
Tras el reconocimiento de tropas y el discurso presidencial, De la Espriella encabezó su primer consejo de seguridad en el Cantón Militar Pichincha de Cali, centrado en el suroccidente del país. En horas posteriores se realizaron operativos de seguridad, uno de ellos contra la Segunda Marquetalia, la organización disidente de las FARC que opera en el suroccidente colombiano y que fue mencionada explícitamente en el discurso del nuevo presidente como uno de los objetivos prioritarios de su política de seguridad. La rapidez con la que el nuevo gobierno pasó del discurso a la acción fue leída como una señal de que las promesas de campaña no eran retórica sino compromisos operativos.
El reconocimiento de tropas en el Cantón Pichincha cerró con una imagen que resumió toda la jornada: un presidente que llegó al poder desde las regiones, que se posesionó en un teatro universitario de Cali ante reyes y mandatarios del mundo, que pronunció su primer discurso ante sus tropas con helicópteros y aviones de guerra de fondo, y que firmó su primer decreto en un batallón militar antes de que terminara el día. “Tiene un inmenso significado que esta posesión presidencial se celebre en el Cantón Militar Pichincha. Este lugar honra a quienes conquistaron la libertad y simboliza la presencia de una fuerza pública llamada a custodiarla”, dijo De la Espriella, con una frase que condensó en pocas palabras el sentido de toda la jornada del 7 de agosto de 2026.
