94 muertos, 260 desaparecidos y 140.000 damnificados: el reciente balance de Pereira tras el terremoto


Pereira despertó este viernes convertida en una ciudad que el propio presidente Abelardo De La Espriella no dudó en calificar de apocalíptica tras recorrerla en persona. El centro urbano, sacudido por el terremoto de magnitud 7.4 del pasado 10 de agosto, exhibía edificios colapsados y calles que, según reconoció el propio mandatario, resultan desgarradoras de recorrer. Tras reunirse con el alcalde de la ciudad y el gobernador de Risaralda, Juan Diego Patiño, aseguró que todos los requerimientos pedidos al Gobierno Nacional ya habían sido atendidos.

Las cifras que dejó sobre la mesa golpean tanto como las imágenes de la ciudad: 94 fallecidos, 259 heridos, 260 desaparecidos y 260 rescatados, a los que se suman 140.000 damnificados repartidos en 41.600 familias solo en Pereira. Son cifras que, por sí solas, retratan una ciudad de rodillas y que superan, según medios internacionales que citaron a la agencia EFE, el total nacional de afectados que horas antes había reportado la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres.

Esa discrepancia entre las cifras presidenciales y las oficiales del organismo de riesgo nunca fue explicada públicamente ese mismo día, una grieta que se suma a otra más profunda y más dolorosa: la de las familias que, días después del sismo, siguen sin saber si sus desaparecidos siguen con vida. El mandatario pidió a esas familias no perder la esperanza mientras avanzan las labores de búsqueda, y agradeció el trabajo de los organismos de socorro desplegados en toda la región cafetera.

El drama de Pereira es apenas una pieza de un rompecabezas nacional que sigue creciendo: hacia la tarde de este viernes, el balance oficial hablaba de 288 fallecidos, 4.018 heridos, 202 desaparecidos y 354 rescatados en todo el país, con el sismo golpeando también a Caldas, Valle del Cauca, Quindío y Chocó, departamento donde se ubicó el epicentro, en el municipio de San José del Palmar. Las cifras de desaparecidos han oscilado durante toda la semana.

En medio del desastre, el presidente reservó un reconocimiento especial para su esposa, la primera dama Ana Lucía Pineda, encargada de coordinar la ayuda humanitaria en todo el país. Según el mandatario, ya han llegado 90 toneladas de ayuda humanitaria a Risaralda y no queda un solo municipio del departamento sin recibirla todavía, una cifra que buscó proyectar como prueba de que el Estado no ha abandonado a la región en su peor momento de la historia reciente.

El presidente recordó que el miércoles anterior había declarado formalmente la emergencia económica, mecanismo legal que le permite al Gobierno Nacional canalizar recursos nacionales e internacionales para acelerar la reconstrucción, y anunció que la próxima semana revelará con precisión qué cubrirá exactamente esa figura para Pereira y Risaralda. Entre lo prometido hasta el momento: subsidios de arriendo para quienes perdieron su vivienda y la reconstrucción de escuelas, hospitales y demás edificios públicos derrumbados por el fuerte sismo.

La visita también dejó un golpe de timón inesperado: Julián Buitrago Arango, administrador de negocios pereirano y exsecretario de Planeación de la ciudad, fue anunciado como el nuevo director del Departamento Nacional de Planeación, la entidad que deberá diseñar buena parte de la reconstrucción del país. Su nombramiento sepultó, apenas 24 horas después de conocerse, el del economista Carlos Eduardo Sepúlveda, cuyo nombre había quedado ligado por reportes periodísticos al gobierno saliente de Gustavo Petro.

El presidente insistió en que los colombianos saben crecerse en medio de la adversidad y prometió que esta tragedia, la más grave que ha vivido el país en lo que va de siglo, no les quedará grande; habló incluso de resurgir como el ave Fénix desde las cenizas, dentro del proyecto que ha bautizado como la patria milagro. Entre las promesas y las cenizas reales de Pereira, sin embargo, la ciudad hoy solo tiene una certeza: contar primero a sus muertos.

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