Sorpresa en la Cámara Alta: Honorio Henríquez es el nuevo presidente del Senado

 

En una de las votaciones más sorpresivas y políticamente cargadas de los últimos años en el Congreso colombiano, el senador uribista Honorio Henríquez se convirtió este lunes 20 de julio de 2026 en el nuevo presidente del Senado de la República, al obtener 56 votos frente a 45 de Alfredo Deluque y 1 voto en blanco. El resultado fue un golpe directo al gobierno entrante de Abelardo de la Espriella, que había apostado abiertamente por Deluque desde semanas atrás y que vio cómo el voto secreto traicionó todos los acuerdos públicos que se habían tejido con paciencia entre bancadas. El uribismo ganó donde nadie lo esperaba ganar.

El resultado fue posible gracias a una alianza tan inédita como reveladora: el Pacto Histórico, liderado por el excandidato presidencial Iván Cepeda, respaldó la candidatura de Henríquez y exhibió públicamente su voto ante la bancada del Centro Democrático. La imagen de los congresistas del petrismo votando por el candidato uribista sintetizó la lógica política que primó en la plenaria del Senado esta noche: la oposición al gobierno entrante encontró un punto de encuentro inesperado con el partido más cercano al expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien impulsó la candidatura de Henríquez desde el principio y cuya jugada resultó ganadora pese a que todos los pronósticos lo daban como perdedor.

Honorio Miguel Henríquez Pinedo nació el 24 de julio de 1971 en Santa Marta, Magdalena. Es abogado de la Universidad de La Sabana, con especialización en Opinión Pública y Mercadeo Político de la Universidad Javeriana, y cuenta con estudios en Seguridad y Defensa Nacional en la Escuela Superior de Guerra. Su trayectoria en el Estado comenzó como secretario general del Ministerio del Interior y de Justicia durante el primer gobierno de Álvaro Uribe Vélez, y entre 2006 y 2012 dirigió la Escuela Superior de Administración Pública. En el Congreso desde 2014, ya había ocupado la primera vicepresidencia del Senado en el periodo 2022-2023, durante la presidencia de Roy Barreras.

La derrota de Deluque fue tan contundente como inesperada. El senador de la U llegó a la jornada con respaldos públicos del Partido Liberal, el Partido Conservador, Cambio Radical, la Alianza Verde, Salvación Nacional y su propio partido, lo que en el papel le daba alrededor de 53 votos, superando la mayoría absoluta de 52 requerida. Pero el voto secreto en los cubículos individuales demostró que los compromisos públicos de las bancadas no resistieron la presión de última hora y que Henríquez logró convencer a senadores que habían anunciado su respaldo a Deluque para que cambiaran de posición en el momento decisivo. El ministro del Interior designado, Rodrigo Lara, que había movido fichas abiertamente a favor de Deluque, vio cómo su gestión no fue suficiente.

El factor determinante fue la alianza entre el Centro Democrático y el Pacto Histórico, dos fuerzas que en las elecciones presidenciales del 21 de junio representaron proyectos antagónicos. Que Cepeda y sus congresistas decidieran votar por Henríquez fue leído como una señal política de largo aliento: la oposición al gobierno de De la Espriella, recién instalada gracias al Estatuto de la Oposición, prefirió fortalecer al partido que le disputó el liderazgo al propio gobierno entrante antes que facilitar que la coalición oficial controlara también la presidencia del Senado. Fue oposición dentro de la oposición, con consecuencias que van mucho más allá de una dignidad legislativa.

La victoria de Henríquez tiene implicaciones directas para la agenda legislativa de De la Espriella, que tomará posesión el 7 de agosto. El presidente del Senado dirige los debates, define el orden del día, representa institucionalmente a la corporación y tiene capacidad de acelerar o ralentizar el trámite de los proyectos de ley del Ejecutivo. Que ese cargo quede en manos de un partido que no solo no respaldó abiertamente la candidatura del gobierno entrante sino que le ganó la batalla en la primera prueba de fuego legislativa, es una señal de que la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo no será tan fluida como el gobierno esperaba desde el primer día.

El resultado también revela el peso real del expresidente Álvaro Uribe Vélez dentro del Centro Democrático y en la política colombiana. Henríquez fue su candidato desde el principio, en una apuesta que sus aliados en el gobierno entrante consideraron un error de cálculo. La victoria demostró que Uribe sigue siendo capaz de articular jugadas legislativas que desafían al establecimiento y que el Centro Democrático, pese a haber sido uno de los pilares de la campaña presidencial de De la Espriella, no está dispuesto a subordinar su identidad política al nuevo Ejecutivo sin obtener reconocimiento real dentro de la coalición de gobierno.

El nuevo Congreso arrancó el periodo 2026-2030 con una señal inequívoca: ningún actor político tiene el control total. Con Barguil en la Cámara y Henríquez en el Senado, el nuevo gobierno enfrenta un Legislativo que desde sus primeras horas demostró autonomía e independencia frente al Ejecutivo. De la Espriella llega a la Casa de Nariño el 7 de agosto con mayorías suficientes para gobernar, pero con la lección aprendida de que construir gobernabilidad en este Congreso exigirá mucho más que acuerdos de compromisarios entre bastidores.

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