El presidente electo Abelardo de la Espriella anunció este martes 21 de julio de 2026 en Medellín, en el marco del empalme regional con el alcalde Federico Gutiérrez, el gobernador Andrés Julián Rendón y los 125 alcaldes del departamento de Antioquia, que la sede principal del Escudo de las Américas en Colombia estará ubicada en esa ciudad. El anuncio, recogido en el Comunicado 183 de la oficina del presidente electo, marca un hito en la política de seguridad del nuevo gobierno: Colombia se integrará formalmente a la iniciativa multilateral impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para combatir el narcotráfico y el crimen organizado a escala continental, a partir del 7 de agosto.
El Escudo de las Américas es una iniciativa de cooperación militar y de seguridad liderada por la administración Trump, lanzada en enero de 2026. El 7 de marzo de 2026 se constituyó formalmente en Florida, con una alianza encaminada hacia la lucha contra las organizaciones criminales de la región. Los países miembros incluyen a Estados Unidos, Argentina, Ecuador, El Salvador, Paraguay, Panamá, Bolivia, Perú y Jamaica, entre otros. Es una alianza de seguridad y defensa que le permite a los países miembros solicitar asistencia directa, incluido el uso coordinado de fuerzas, por medio de una coalición anticártel y control migratorio. Colombia quedó fuera de su lanzamiento inicial debido al deterioro de las relaciones entre el gobierno de Gustavo Petro y la administración Trump, una deuda diplomática que De la Espriella se comprometió a saldar desde el primer día de su mandato.
La elección de Medellín como sede principal de la operación no fue arbitraria ni simbólica: fue una declaración de diagnóstico territorial. “Vamos a tener la sede principal del Escudo de las Américas en Medellín, porque aquí está la cabeza de la serpiente del narcotráfico y el crimen organizado. Desde Medellín y desde el área metropolitana se darán la mayoría de las órdenes al resto del país. Nos vamos a concentrar aquí para luchar contra el crimen como debe ser”, afirmó De la Espriella con la contundencia que ha caracterizado su postura en materia de seguridad desde el primer día de campaña. La frase “cabeza de la serpiente” es una referencia directa a las estructuras criminales que desde Medellín y el Valle de Aburrá coordinan operaciones de narcotráfico hacia el resto del país y hacia los mercados internacionales.
El anuncio marca un giro en la política de seguridad colombiana, luego de que el país quedara fuera del lanzamiento del mecanismo en marzo, en medio del deterioro de las relaciones entre el gobierno del entonces presidente Gustavo Petro y la administración Trump. La semana pasada, el vicepresidente electo José Manuel Restrepo expresó durante una visita a Washington el interés del próximo gobierno colombiano en incorporarse a esa alianza, siempre “con absoluto respeto por la soberanía nacional”. Con el anuncio de este martes, De la Espriella convirtió en decisión firme lo que hasta entonces era una intención exploratoria.
El Escudo de las Américas no es el único componente de la nueva arquitectura de seguridad que el gobierno entrante está construyendo con Washington. El ministro de Defensa designado, general (r) Jorge Mora, reveló este mismo martes los detalles del Plan Patriota 2.0, una estrategia de cooperación militar que busca actualizar y elevar el vínculo bilateral entre Colombia y Estados Unidos en materia de seguridad y defensa, tras una serie de reuniones con altos funcionarios estadounidenses responsables de la seguridad hemisférica, la lucha contra el narcotráfico, la ciberseguridad y las operaciones especiales. Dentro del plan también destaca la propuesta de establecer en Colombia un Centro Regional de Entrenamiento contra el Narcotráfico y las Amenazas Transnacionales.
El mensaje de De la Espriella a las estructuras criminales fue tan directo como el tono que ha marcado toda su campaña y su proceso de transición. “Se someten o se les da de baja, como en derecho corresponde”, afirmó el presidente electo, sin eufemismos ni matices. Esa declaración, pronunciada en la ciudad que fue cuna del cartel de Medellín y de los grupos paramilitares en los años 80 y 90, tiene una carga histórica particular: es en ese mismo territorio donde el Estado colombiano libró sus batallas más cruentas contra el narcotráfico y donde hoy persisten estructuras herederas de esas organizaciones que mantienen vínculos con redes criminales internacionales.
La decisión de instalar la sede del Escudo de las Américas en Medellín tiene también una dimensión política interna. La decisión fue comunicada tras una reunión de más de cinco horas con el gobernador Rendón, los 125 alcaldes del departamento y parte del equipo de gobierno. Que el anuncio de seguridad más importante del nuevo gobierno se hiciera en Antioquia, el departamento que más lo respaldó el 21 de junio, es coherente con la narrativa que De la Espriella ha construido desde la campaña: Antioquia como tierra de resistencia, como epicentro de su proyecto político y como primer territorio donde el nuevo gobierno demostrará que sus promesas de seguridad no son retórica sino acción concreta.
Con el Escudo de las Américas y el Plan Patriota 2.0 como ejes de su agenda de seguridad bilateral con Washington, el gobierno de De la Espriella llega al 7 de agosto con una hoja de ruta clara para recomponer la relación con Estados Unidos, rota durante el gobierno de Petro, y para atacar frontalmente el narcotráfico desde su centro de operaciones más visible en Colombia. La sede de Medellín no es solo una dirección en un convenio internacional: es la declaración de que el nuevo gobierno sabe dónde está el problema y está dispuesto a ir a buscarlo donde vive.

