Bogotá despide a Omar Javier Guerra López, un maestro relojero cuya vida estuvo dedicada a la restauración de los mecanismos monumentales que marcan el pulso histórico de la capital. Heredero de una tradición familiar iniciada en la década de 1950, Guerra fue uno de los pocos especialistas en el país capaces de intervenir complejos relojes europeos y nacionales, resguardando no solo engranajes y péndulos, sino una memoria colectiva que trasciende el paso de las horas.
La trayectoria del maestro comenzó bajo la guía de su padre, Angélico Guerra, quien se formó con expertos relojeros en el siglo pasado. Omar Javier perfeccionó este saber artesanal durante tres décadas, especializándose en estructuras ubicadas en torres de iglesias y edificios públicos. Su capacidad para resolver problemas mecánicos con una precisión quirúrgica lo convirtió en un referente indispensable para la conservación del patrimonio mueble de la ciudad, un trabajo que realizó siempre con absoluta seriedad y entrega.
Entre sus intervenciones más significativas destaca la reparación del reloj de la Catedral Santiago Apóstol en Fontibón, un símbolo del templo colonial que recuperó su sonoridad gracias a su labor. Asimismo, lideró la restauración de la parroquia de Santa Ana en Teusaquillo, un complejo mecanismo con carrillón de 24 campanas. Estas obras no solo devolvieron la funcionalidad a las piezas, sino que permitieron que la comunidad volviera a escuchar el ritmo que acompaña la vida diaria de los barrios bogotanos.
La huella del maestro también se encuentra en el corazón de La Candelaria, específicamente en la Iglesia San Ignacio de Loyola. En 2011, Guerra restauró un reloj de manufactura colombiana, una joya tecnológica de inicios del siglo XX que constituye un testimonio invaluable de nuestra historia industrial. Su pericia permitió salvar mecanismos emblemáticos, incluso aquellos que combinaban tecnologías del siglo XIX y XX, como el caso del reloj de la Iglesia de San Francisco, consolidando su reputación como un guardián del patrimonio técnico.
Más allá del ámbito religioso, Omar Javier extendió su vocación a la arquitectura moderna. En 2019, participó en la recuperación del reloj eléctrico del edificio de Ecopetrol, una obra galardonada con el Premio Nacional de Arquitectura. Su trabajo allí incluyó la elaboración de nuevos tableros y la modernización de sistemas lumínicos, demostrando su versatilidad para intervenir estructuras de diversas épocas y contextos. Esta versatilidad reafirma su compromiso con el arte de conservar piezas que definen la identidad urbana.
Colegas como la restauradora María Alejandra Malagón destacan la urgencia de documentar estos saberes especializados, pues el fallecimiento de maestros como Guerra pone en riesgo la continuidad de una profesión esencial para la preservación cultural. La preocupación compartida radica en que pocos individuos poseen hoy la pericia para intervenir mecanismos tan complejos. El llamado es claro: la protección del patrimonio exige, además de conservar los edificios, el respaldo y la transmisión de los oficios que les dan vida.
El Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, a través de su director Diego Parra Cortés, resaltó que el legado de Guerra es una lección sobre la importancia de proteger los saberes construidos durante generaciones. La labor de estos maestros de oficio garantiza que el patrimonio no quede en el olvido. Cuidar la ciudad significa también asegurar que existan manos expertas capaces de mantener latentes los mecanismos que han guiado el transcurrir de Bogotá durante décadas de constante transformación social.
Aunque el maestro no está físicamente, su trabajo sigue latiendo sobre los tejados de la capital. Cada vez que una campana rompe el silencio en los templos intervenidos, se escucha el eco de una vida entregada a un oficio minucioso y noble. Su familia, liderada por su hermano Miguel Ángel, se compromete a mantener viva la llama de esta tradición, asegurando que el amor por la relojería y la conservación del arte continúe siendo un pilar fundamental para las próximas generaciones de artesanos.
