La economía circular ha dejado de ser una simple apuesta ecológica para convertirse en un pilar estratégico de la economía colombiana. Según datos recientes del DANE, las actividades vinculadas a este modelo —que incluyen el reciclaje, la reparación, el mantenimiento, el alquiler de bienes y la gestión eficiente de residuos— generan cerca de $26 billones. Esta cifra representa el 1,53 % del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, consolidándose como una fuente creciente de valor.
Para expertos como Juan Carlos Higueras, doctor en economía y vicedecano de EAE Business School, este modelo ofrece una respuesta efectiva frente a la inestabilidad de las cadenas de suministro globales. Al extender la vida útil de los materiales y rediseñar los procesos productivos, las organizaciones no solo disminuyen su huella ambiental, sino que logran optimizar sus costos operativos y reducir la dependencia de materias primas sujetas a una elevada volatilidad en los mercados internacionales.
El impacto económico de la circularidad se concentra mayoritariamente en el sector servicios, el cual aporta nueve de cada diez pesos generados bajo esta modalidad. El reciclaje de materiales, aunque fundamental, representa apenas el 10 % del valor total, lo que evidencia que la economía circular abarca un espectro más amplio que incluye la asesoría profesional, el transporte, el almacenamiento y la gestión de recursos. Este panorama demuestra que el modelo circular exige una transformación profunda en toda la cadena de valor empresarial.
La transición desde el esquema lineal —basado en extraer, producir y desechar— hacia una economía circular requiere que las empresas integren la sostenibilidad desde el diseño mismo de sus productos. La planificación logística, la gestión de inventarios y una relación colaborativa con los proveedores son componentes críticos para materializar este cambio. Las compañías más avanzadas ya están implementando sistemas de retorno de productos y reutilización de materiales, marcando una ventaja competitiva frente a los modelos tradicionales.
La tecnología actúa como el catalizador principal de esta evolución industrial. Herramientas como la inteligencia artificial, el análisis de datos masivos y el internet de las cosas permiten una trazabilidad exacta de los insumos y una optimización de los procesos logísticos. Estas innovaciones son esenciales para medir con precisión el ahorro en materias primas y la reducción de emisiones, convirtiendo la sostenibilidad en un dato tangible que puede interpretarse directamente en las cuentas de resultados de las organizaciones.
Higueras enfatiza que la profesionalización de la medición será el factor diferenciador en los próximos años. Ya no es suficiente con adoptar iniciativas de sostenibilidad aisladas; las empresas deberán integrar indicadores financieros y operativos que demuestren el retorno de inversión de las prácticas circulares. La competitividad futura dependerá de la capacidad de las firmas para convertir la sostenibilidad en una decisión estratégica de negocio, respaldada por indicadores claros y una visión de eficiencia a largo plazo.
Colombia se encuentra ante una oportunidad única para diversificar su modelo productivo. La capacidad de consolidar un tejido empresarial más resiliente y eficiente está estrechamente ligada a la adopción masiva de estas prácticas. El éxito de este proceso dependerá del esfuerzo conjunto entre el Estado, el sector privado y la academia para fomentar una cultura de eficiencia que trascienda la coyuntura y se posicione como un estándar de operación en todos los sectores económicos del país.
Este avance hacia la circularidad sitúa al país en una posición de mayor ventaja frente a los retos de la sostenibilidad global. Al fomentar modelos de negocio basados en el valor compartido y la responsabilidad extendida, se sientan las bases para un desarrollo económico más equitativo y menos extractivo. Con la colaboración intersectorial y el uso estratégico de datos, Colombia avanza hacia un futuro donde la prosperidad financiera y el respeto por los límites ambientales no solo sean compatibles, sino complementarios.
