La irrupción de la Inteligencia Artificial en la vida cotidiana ha transformado las dinámicas sociales en Bogotá, pero el acceso a estas herramientas sigue siendo profundamente desigual. Según el informe del Observatorio de Mujeres y Equidad de Género, cerca de 1,7 millones de mujeres utilizan esta tecnología en la capital. No obstante, la brecha de género persiste, especialmente cuando se analiza la participación en labores técnicas avanzadas, el acceso a equipos de cómputo de alta gama y las oportunidades de desarrollo profesional.
Las disparidades comienzan desde la infraestructura disponible en el hogar. La investigación, basada en la encuesta ENTIC del DANE, revela que los hogares con jefatura femenina poseen menos computadores portátiles y de escritorio que aquellos encabezados por hombres. Esta limitación en el acceso físico a herramientas de cómputo constituye la primera barrera estructural que enfrentan las mujeres, condicionando sus posibilidades de aprendizaje autónomo y profundización técnica desde etapas tempranas de formación.
En cuanto al uso práctico de la IA, se observa una división marcada según las categorías de implementación. Si bien las mujeres lideran en áreas como la comunicación, el apoyo a tareas académicas y la toma de decisiones, su presencia cae drásticamente en los usos más especializados. Mientras el 24,9 % de los hombres emplea la IA para labores de programación, solo el 15,1 % de las mujeres hace lo propio, lo cual refleja una segregación en las áreas técnicas.
La formación en Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas, conocida como áreas STEAM, sigue presentando desafíos significativos. Las cifras indican que por cada mujer graduada en carreras de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, existen 3 hombres, una proporción que se acentúa en los niveles de posgrado. Esta subrepresentación femenina no solo limita el capital humano calificado en la ciudad, sino que perpetúa un ciclo de exclusión en los sectores más productivos de la economía moderna.
El mercado laboral dentro del ecosistema de Ciencia, Tecnología e Innovación refleja las consecuencias directas de esta brecha formativa y estructural. Las mujeres ocupadas en estas áreas perciben un salario promedio mensual de 5.170.090 pesos, mientras que sus pares hombres alcanzan los 5.842.973 pesos, evidenciando una diferencia de 672.883 pesos. Esta desigualdad salarial, equivalente al 13 %, persiste a pesar de que el talento femenino contribuye activamente al sector CTI de Bogotá, donde 4 de cada 10 trabajadores son mujeres.
La producción científica y la generación de nuevo conocimiento también muestran rezagos. Las mujeres registran índices inferiores en el desarrollo de innovaciones tecnológicas en comparación con los hombres, lo cual impacta su visibilidad y liderazgo en el sector. Estas brechas, identificadas minuciosamente por el Observatorio, no son producto del azar, sino del resultado de barreras históricas que limitan el desarrollo pleno de las capacidades femeninas en los entornos de innovación más avanzados de la ciudad.
Resulta prioritario que las entidades públicas y privadas implementen estrategias orientadas a una transformación digital inclusiva que derribe estos obstáculos. El fortalecimiento de las políticas que impulsen el acceso a empleos de calidad, la reducción de la informalidad y la promoción de la equidad en el sector CTI son pasos necesarios para asegurar que el talento y el esfuerzo sean los únicos determinantes de las oportunidades económicas, garantizando una participación paritaria en la economía del conocimiento.
Es imperativo que los tomadores de decisiones utilicen la evidencia recopilada para reorientar los programas de formación y los incentivos laborales. Una sociedad que aspire a la competitividad en la era de la inteligencia artificial no puede permitirse desperdiciar el potencial de más de la mitad de su población. Solo mediante una intervención coordinada y persistente en todas las dimensiones analizadas será posible cerrar las brechas digitales que hoy mantienen a las bogotanas en una posición de vulnerabilidad tecnológica.
