El origen de la polémica que obligó al ministro de Defensa Pedro Sánchez a salir a desmentir acusaciones este sábado fue una publicación del militar retirado Jorge Castillo en X, en la que divulgó lo que describió como instrucciones internas emitidas por el Ministerio de Defensa sobre el trato que el personal militar y policial deberá darle al presidente electo Abelardo de la Espriella durante el período previo a su posesión del próximo 7 de agosto de 2026.
En el documento difundido por Castillo, fechado el 28 de junio de 2026, se indicaban tres instrucciones concretas para militares y policías: que los saludos y honores militares solo aplican para quienes están en la línea de mando actual; que en visitas del presidente electo a unidades militares o policiales lo recibe únicamente el comandante de la unidad, sin formación; y que cualquier visita de De la Espriella a instalaciones debe ser autorizada por el jefe de despacho del Ministerio.
El militar retirado Castillo acompañó la divulgación del memo con el mensaje “El Ministro petrista aún no acepta la llegada de nuestro presidente”, una interpretación que se viralizó en redes sociales de simpatizantes del presidente electo y que generó cuestionamientos sobre la disposición del gabinete de Petro de garantizar una transición institucional ordenada de cara al 7 de agosto. La publicación fue ampliamente compartida en los círculos afines al movimiento Defensores de la Patria del presidente electo.
Ante la polémica generada, el ministro Pedro Sánchez respondió en X con un pronunciamiento formal en el que rechazó de manera categórica las interpretaciones que circulaban sobre el documento filtrado: “Es absolutamente falso afirmar que no acepto la decisión soberana del pueblo o que no reconozco al Presidente legítimamente elegido”. El funcionario señaló que estas afirmaciones constituyen “injuria y calumnia”, y que afectan su imagen y su prestigio al insinuar la comisión de un delito.
Sánchez también precisó el fundamento jurídico de las instrucciones divulgadas: el presidente en ejercicio, Gustavo Petro, conserva plenamente sus competencias hasta la transmisión constitucional del mando el 7 de agosto, y los honores y protocolos militares corresponden a quien ocupa formalmente el cargo. En ese sentido, la instrucción de no rendir honores militares al presidente electo antes de su posesión no es un gesto político, sino el cumplimiento estricto de las normas del protocolo castrense vigente.
El ministro fue también explícito en señalar que a partir del preciso momento de la posesión, las Fuerzas Militares y la Policía Nacional servirán “con absoluta lealtad, disciplina y honor” al presidente electo. “Como Ministro de Defensa Nacional, al igual que nuestra Fuerza Pública, actúo con estricto apego a la Constitución y la ley”, señaló, descartando así cualquier interpretación sobre una resistencia institucional al cambio de gobierno que se dará en menos de seis semanas.
El episodio ilustra la alta sensibilidad política que rodea el proceso de transición entre el gobierno saliente y el de De la Espriella. Cada instrucción, protocolo o declaración proveniente del Ministerio de Defensa es sometida a una lectura ideológica de doble vía: quienes apoyan al presidente electo ven resistencia institucional, mientras el gobierno interpreta sus acciones como apego estricto a la norma. El ministro Sánchez llamó a no difundir rumores ni alimentar el odio en este período.
La controversia deja una lección sobre el peso que tienen los protocolos militares en momentos de transición política, especialmente cuando el proceso de empalme ocurre en medio de la tensión generada por el presidente Petro, quien aún no ha reconocido públicamente a De la Espriella como su sucesor. El documento filtrado, independientemente de su lectura política, describe un procedimiento institucional que es el mismo que se aplica en toda transición de mando en la historia democrática del país.
