Bogotá cierra este 5 de abril de 2026 una de las apuestas culturales más ambiciosas de su historia reciente con la clausura de la segunda edición del Festival Internacional de las Artes Vivas (FIAV). Durante diez días, la capital colombiana se transformó en un escenario expandido que integró a 28 países y movilizó a miles de ciudadanos en torno a la creación escénica contemporánea. Con una curaduría que priorizó la diversidad y el diálogo intercultural, el evento logró posicionar a la ciudad en el circuito global de grandes festivales, demostrando una capacidad logística y técnica que fortalece la economía creativa local y el tejido social de los barrios.
El balance de esta edición arroja cifras contundentes sobre la apropiación del espacio público y la democratización del acceso a la alta cultura. El FIAV 2026 presentó más de 120 obras en Bogotá, de las cuales el 44% fueron de acceso libre, permitiendo que la ciudadanía disfrutara de espectáculos de talla mundial en plazas y parques sin barreras económicas. Esta estrategia de gratuidad se complementó con una oferta en sala que incluyó escenarios emblemáticos como el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, el Teatro Colón, el Teatro Ensueño y La Libélula Dorada, cubriendo una red de 24 salas distribuidas por toda la geografía distrital.
La participación de la Alcaldía Mayor de Bogotá, a través de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, fue determinante tanto en la financiación como en la articulación logística del encuentro. El Distrito aportó una robusta inversión que, sumada al apoyo del Ministerio de las Culturas y la Cámara de Comercio, permitió sostener una boletería con costos accesibles que oscilaron entre los 30.000 y 85.000 pesos. Este esquema de precios diferenciados garantizó que la calidad artística internacional no fuera excluyente, fomentando una asistencia masiva que revitalizó el sector turístico y hotelero de la ciudad durante la temporada, generando un impacto económico positivo para los artistas locales.
En términos logísticos, el festival operó bajo una coordinación impecable que involucró a entidades como IDARTES y el sistema de bibliotecas públicas, extendiendo la programación a localidades como Suba, Kennedy, Bosa y Ciudad Bolívar. La infraestructura técnica de los teatros bogotanos estuvo a la altura de las exigencias de compañías de Rusia, China, Nueva Zelanda, España, e Irlanda, consolidando a Bogotá como un destino preparado para grandes formatos. A continuación, presentamos un diálogo exclusivo con el secretario de Cultura, Santiago Trujillo, quien analiza los retos superados y el legado que deja esta edición para el futuro de las artes vivas en el país, bajo la moderación de Jhonatan Rojas, director de Impacta.
Director Impacta: Secretario, al cierre de esta segunda edición del FIAV, ¿cuál es el balance cualitativo que hace sobre la respuesta de los bogotanos y el impacto de haber llevado el 44% de la programación a las calles de forma gratuita?
Santiago Trujillo: El balance es extraordinario porque logramos que Bogotá respirara teatro en cada esquina. Ver la Plaza de Bolívar y el Parque de los Hippies desbordados de ciudadanos demuestra que el arte es una necesidad pública. Al ofrecer casi la mitad de las 120 obras de forma gratuita, rompimos la barrera del privilegio y devolvimos la cultura al corazón de la gente. Los bogotanos respondieron con un comportamiento ejemplar, apropiándose de los espacios y validando que el FIAV no es solo un evento de élite, sino un motor de convivencia ciudadana que fortalece nuestra identidad multicultural. Además más de 120.000 personas que adquirieron las boletas para las obras, demuestran que la cultura es y sigue siendo el espacio para transformar sociedad y también la economía creativa de la capital.
D.I.: Bogotá realizó una inversión significativa y un despliegue logístico complejo en 24 salas. ¿Cómo se articuló económicamente el Distrito para mantener boletas desde los 15.000 pesos sin sacrificar la calidad técnica de las compañías internacionales que nos visitaron en teatros de primer nivel?
S.T.: La clave fue una gestión eficiente de recursos públicos y una alianza estratégica con el sector privado y el Gobierno Nacional. El Distrito asumió gran parte de los costos operativos para que la boletería fuera asequible en teatros como el Jorge Eliécer Gaitán o el Ensueño. No queríamos que el precio fuera un impedimento para ver obras de China o Irlanda. Invertir en cultura es invertir en desarrollo humano; por eso, cada peso destinado al FIAV se multiplica en bienestar social y en el fortalecimiento de nuestra Red de Teatros Públicos, que demostró estar en un nivel técnico de competencia global.
D.I.: Hoy 4 de abril se estrenó en la Plaza de Bolívar la obra "Nexus" de la compañía española Zenit Aerial Ballet, un espectáculo de gran formato. ¿Qué significa para la ciudad producir un evento de esta magnitud técnica y estética en pleno corazón de la capital?
S.T.: Presentar "Nexus" es la culminación de un esfuerzo logístico sin precedentes para Bogotá. Ver a Zenit Aerial Ballet suspendidos sobre la Plaza de Bolívar no es solo un logro estético, es un mensaje de capacidad técnica. Requirió una coordinación milimétrica entre ingenieros, artistas y equipos de seguridad para garantizar que miles de personas vieran un ballet aéreo de clase mundial de forma gratuita. Este tipo de apuestas elevan el estándar de lo que Bogotá puede ofrecer; estamos demostrando que nuestra infraestructura pública es capaz de albergar las visiones más ambiciosas de la vanguardia escénica contemporánea.
D.I.: Además de los grandes espectáculos, el FIAV se tomó parques y espacios no convencionales. ¿Cómo evalúa el impacto de estas actividades gratuitas en la descentralización de la cultura hacia localidades que históricamente han tenido menos acceso a estos circuitos?
S.T.: La descentralización fue nuestra mayor victoria política y social en este festival. Llevamos teatro a barrios donde nunca antes se había presentado una compañía internacional. Alrededor de las obras gratuitas, generamos ferias de emprendimiento y talleres que dinamizaron la economía barrial en Suba, Bosa y Ciudad Bolívar. No se trata solo de ver una obra, sino de entender la cultura como un derecho fundamental que habita el territorio. El FIAV 2026 logró que el ciudadano de a pie se sintiera dueño del festival, convirtiendo parques locales en templos de la imaginación y el encuentro.
D.I.: Finalmente, secretario, mañana el festival se despide tras diez días de intensa actividad. ¿Qué mensaje le envía al sector artístico colombiano tras haber incluido más de 30 producciones nacionales en esta vitrina internacional de artes vivas junto a 28 países?
S.T.: El mensaje es de confianza absoluta en nuestro talento. El FIAV 2026 fue la plataforma para que compañías de Barranquilla, Riohacha y Bogotá dialogaran de tú a tú con las mejores del mundo. La participación nacional no fue un relleno, fue el eje de nuestra narrativa, especialmente con el Caribe como invitado. Mañana cerramos celebrando que las artes vivas son un lenguaje de paz y reconciliación. Seguiremos trabajando para que este festival sea sostenible y para que Bogotá siga siendo ese escenario vibrante donde la creatividad y la diversidad se encuentran para transformar realidades colectivas. No olviden que después del FIAV llega en Bogotá la FILBO, los Festivales al Parque, ya planeamos la Navidad cultural y preproduciendo la Bienal de Arte y ciudad - BOG27, y claramente, muchas actividades que hacen a la ciudad un escenario de artes vivas permanente.
