El diseño de interiores atraviesa una transformación estructural en América Latina, impulsada por la sostenibilidad, la economía circular y la creciente presión urbana. Lo que durante años fue considerado una tendencia estética hoy se posiciona como una variable económica clave para el desarrollo de ciudades más eficientes y resilientes frente a los desafíos ambientales y demográficos.
En Colombia, este cambio ya se refleja en indicadores concretos. El país ha alcanzado un avance del 82 % en las metas institucionales de su Política Nacional de Gestión Integral de Residuos Sólidos, según el informe Environmental Performance Review Colombia 2026 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Este resultado confirma que la economía circular comienza a consolidarse como un eje estratégico de política pública.
A esta dinámica se suma la expansión de la construcción sostenible. Datos de la Cámara Colombiana de la Construcción(Camacol) indican que la vivienda con criterios ambientales creció un 57 % en el primer trimestre de 2025 frente al mismo periodo del año anterior, evidenciando que el sector inmobiliario avanza hacia modelos de desarrollo más responsables.
El informe Economía circular y diseño de interiores: Materiales, arquitectura regenerativa y nuevos modelos de habitar, elaborado por la especialista en sostenibilidad Pepa Casado, advierte que el interiorismo entra en una nueva etapa estratégica. Según la autora, el diseño debe dejar de centrarse únicamente en la estética para asumir un rol activo en la regeneración ambiental y en la reducción del impacto material de los espacios construidos.
Entre los cambios más visibles del sector se encuentra la adopción de nuevos materiales sostenibles. El uso de plásticos reciclados, especialmente PET procedente de envases, gana espacio en textiles y superficies; mientras que biopolímeros como el PLA, derivados de materias primas vegetales, comienzan a utilizarse en procesos de impresión 3D, suelos y revestimientos.
También se observa un avance en el desarrollo de materiales compuestos más saludables, como tableros de madera técnica con adhesivos de bajas emisiones que sustituyen resinas tradicionales con formaldehído. Estas soluciones no solo reducen residuos, sino que mejoran la calidad del aire interior y permiten una adopción más amplia dentro de la industria.
El cambio responde también a una transformación del consumo. Estudios de firmas como McKinsey & Company y PwCindican que los consumidores están dispuestos a pagar cerca de un 9,7 % más por productos elaborados bajo criterios sostenibles, mientras que una parte creciente de los compradores desarrolla vínculos emocionales y éticos con marcas que demuestran compromisos ambientales reales.
Sin embargo, el sector todavía enfrenta desafíos importantes. La heterogeneidad estética de algunos materiales reciclados, las dificultades para escalar procesos industriales y la creciente vigilancia frente al greenwashing obligan a las empresas a demostrar coherencia entre discurso y práctica.
A pesar de estas barreras, el diseño sostenible comienza a consolidarse como una infraestructura invisible del desarrollo urbano contemporáneo. Impulsado por consumidores más conscientes, nuevas tecnologías y políticas públicas orientadas a la sostenibilidad, el interiorismo se posiciona como un componente estratégico para construir ciudades más responsables con el ambiente y con las dinámicas económicas del futuro.
