El nuevo documental Riefenstahl, dirigido por Andres Veiel, vuelve a colocar bajo la lupa a una de las figuras más controvertidas de la historia del cine: Leni Riefenstahl. La producción reconstruye, con acceso inédito a archivos personales, la compleja relación entre arte, poder y propaganda, desafiando la narrativa que durante décadas presentó a la realizadora alemana como una artista ajena a la política del régimen nazi.
La película no se limita a revisar su filmografía más conocida, sino que explora cartas privadas, grabaciones y documentos que permanecieron fuera del escrutinio público durante años. Este material permite contrastar la imagen que Riefenstahl defendió tras la guerra —la de una creadora independiente— con indicios que sugieren mayor cercanía y conciencia de su papel dentro del aparato simbólico del Tercer Reich.
A través de una estructura que alterna archivo, análisis histórico y reflexiones contemporáneas, el documental propone una lectura crítica sobre cómo se construyen los relatos de memoria. Veiel no presenta un veredicto simple, sino que deja en evidencia las tensiones entre talento artístico, responsabilidad moral y manipulación ideológica, un debate que sigue vigente en contextos culturales actuales.
Uno de los ejes centrales es la persistencia del mito. Riefenstahl, autora de obras técnicamente innovadoras, dedicó buena parte de su vida posterior a redefinir su legado. El documental examina cómo entrevistas, autobiografías y apariciones públicas formaron parte de una estrategia de autopreservación, en la que el silencio y la omisión jugaron un papel tan importante como las declaraciones directas.
La propuesta cinematográfica también reflexiona sobre el poder de la imagen como herramienta política. Más allá del caso particular, la obra se convierte en una advertencia sobre la capacidad del lenguaje audiovisual para legitimar discursos, moldear percepciones colectivas y construir imaginarios duraderos, incluso cuando el contexto histórico que los originó ha sido ampliamente condenado.
En el plano estético, Veiel mantiene una puesta en escena sobria, donde el peso recae en la palabra, el documento y la confrontación de versiones. Esta decisión narrativa refuerza la intención analítica del proyecto, alejándose del sensacionalismo y apostando por una aproximación que dialoga con la investigación histórica y el periodismo documental.
La recepción internacional ha destacado precisamente esa mirada crítica y la revelación de materiales poco conocidos, que aportan nuevas capas al debate sobre la cineasta. El filme ha circulado en festivales y salas de distintos países, generando discusiones académicas y culturales sobre los límites éticos del arte cuando este se entrelaza con sistemas de poder autoritarios.
Más que un retrato biográfico, Riefenstahl funciona como un ejercicio de memoria histórica. La película invita a revisar no solo la figura de una creadora específica, sino también la forma en que las sociedades recuerdan, perdonan o reinterpretan el pasado. En tiempos de revisión de monumentos, símbolos y narrativas, el documental se instala como una pieza clave para comprender cómo la historia también se disputa en la pantalla.
