La historia del cine colombiano está llena de obras perdidas, fragmentadas o apenas recordadas en archivos, pero pocas han logrado regresar con la fuerza simbólica de Manizales City, una película de 1925 que hoy reaparece restaurada como testimonio visual de una ciudad, una tragedia y un país que comenzaba a narrarse a sí mismo en imágenes. Su rescate no es sólo cinematográfico, sino patrimonial, pues permite reconstruir una memoria urbana y cultural que durante décadas permaneció dispersa, amenazada por el deterioro físico del celuloide y por el olvido institucional que afectó a buena parte del cine silente nacional.
Realizada originalmente como una crónica conmemorativa de los setenta y cinco años de fundación de Manizales, la película buscaba mostrar el dinamismo social, económico y arquitectónico de una ciudad andina en pleno auge cafetero. Calles, celebraciones, edificios públicos y escenas cotidianas componían un retrato optimista de modernidad regional. Sin embargo, el devastador incendio del 3 de julio de 1925 transformó el sentido del proyecto. Las cámaras registraron también la destrucción, convirtiendo la obra en un documento único que capturó, casi en tiempo real, el paso de la prosperidad a la catástrofe.
Esa dualidad narrativa —fiesta y ruina, progreso y duelo— es lo que hoy otorga a Manizales City un valor excepcional dentro del patrimonio audiovisual colombiano. No se trata únicamente de una de las primeras producciones cinematográficas del país, sino de un testimonio histórico que permite observar cómo una comunidad enfrentó la devastación y emprendió su reconstrucción. La película funciona así como un archivo urbano, una memoria visual de la resiliencia colectiva y un antecedente temprano del documental como herramienta para registrar procesos sociales y no sólo espectáculos.
Durante décadas, sin embargo, la obra sobrevivió en condiciones precarias, fragmentada en copias incompletas, con daños físicos acumulados por el paso del tiempo y la fragilidad del soporte original. Como ocurrió con muchas películas del periodo silente, el riesgo de desaparición fue real. La ausencia de políticas de preservación en los primeros años del cine colombiano dejó a estas producciones expuestas al deterioro químico, a pérdidas materiales irreversibles y a la dispersión de sus elementos en colecciones privadas o archivos sin condiciones técnicas adecuadas.
El rescate de Manizales City fue posible gracias al trabajo especializado de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, institución que durante cuatro décadas ha liderado la recuperación, conservación y difusión de la memoria audiovisual del país. Su labor ha consistido no sólo en guardar películas, sino en investigarlas, restaurarlas y devolverlas al circuito cultural, entendiendo el cine como parte esencial de la historia nacional. Este aniversario número cuarenta encuentra en la restauración del filme un símbolo perfecto de su misión: salvar imágenes que permiten comprender quiénes fuimos.
El proceso de restauración implicó una intervención técnica compleja que combinó limpieza física del material, estabilización de la imagen, reconstrucción de fragmentos dañados y digitalización en alta resolución. Cada fotograma fue tratado como pieza histórica, respetando su textura original mientras se corregían alteraciones causadas por el envejecimiento del nitrato. Este trabajo permitió recuperar detalles urbanos, rostros y movimientos que durante años permanecieron ocultos, devolviendo al público una experiencia visual cercana a la concebida por sus realizadores hace un siglo.
Más allá del componente técnico, la restauración significó también una investigación histórica que contextualizó la película dentro del desarrollo temprano del cine colombiano. Archivos, fotografías y registros documentales ayudaron a reconstruir las condiciones de producción, la circulación original del filme y su impacto en la época. De esta manera, la obra dejó de ser un objeto aislado para convertirse nuevamente en parte de un relato mayor: el de las ciudades que encontraron en el cine una forma de narrar su identidad y sus transformaciones.
La recuperación de Manizales City dialoga además con una reflexión contemporánea sobre el patrimonio audiovisual como fuente de conocimiento social. En una era dominada por la inmediatez digital, mirar estas imágenes de 1925 permite comprender la profundidad temporal de las ciudades colombianas y la importancia de preservar sus representaciones. El cine, en este caso, actúa como documento histórico, como memoria afectiva y como herramienta pedagógica para nuevas generaciones que descubren en pantalla los orígenes visuales del país moderno.
Como parte de esta conmemoración y del aniversario institucional de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, la película será proyectada el próximo 20 de febrero a las cinco de la tarde en el Teatro de Bogotá de la Universidad Central. La exhibición busca reactivar el encuentro entre público y patrimonio, devolviendo a la sala de cine una obra que durante décadas sólo pudo ser vista por investigadores. La proyección se plantea como un acto cultural de restitución simbólica, donde la memoria vuelve a compartirse colectivamente.
Así, Manizales City regresa no sólo como una película restaurada, sino como un puente entre pasado y presente, entre la fragilidad del celuloide y la permanencia de la memoria. Su reaparición confirma que preservar el cine es preservar la historia misma, y que cada imagen recuperada amplía la comprensión del país. En el marco de los cuarenta años de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, esta obra revive como recordatorio de que las ciudades también se reconstruyen a través de las imágenes que deciden conservar.

