La pasta térmica cumple un papel silencioso pero decisivo en el funcionamiento de cualquier computador. Aunque pasa desapercibida frente a procesadores, tarjetas gráficas o memorias, es clave para que el equipo opere de forma rápida, estable y segura. Con el tiempo, este material puede secarse y perder eficacia, elevando la temperatura del procesador y afectando el rendimiento general.
El procesador o CPU genera calor cada vez que ejecuta tareas. Cuando se somete a cargas intensivas, como videojuegos o edición de video, ese calor aumenta rápidamente. Si la temperatura supera ciertos límites, el sistema reduce su velocidad para protegerse, fenómeno conocido como estrangulamiento térmico. Esto puede traducirse en lentitud, bloqueos inesperados o apagados repentinos.
Para evitarlo, el calor debe transferirse de manera eficiente al disipador y al ventilador. Aunque ambas superficies parecen lisas, tienen imperfecciones microscópicas que atrapan aire, un mal conductor térmico. La pasta térmica rellena esos espacios invisibles, creando un puente que permite que el calor fluya correctamente y mantenga el sistema en condiciones óptimas.
No existe una fecha exacta para reemplazarla. En condiciones normales, puede durar varios años. Es indispensable cambiarla cuando se retira el disipador del procesador, pues pierde su forma y efectividad. En equipos sometidos a uso intensivo, como computadores para juegos, puede considerarse el cambio cada tres a cinco años si se detectan temperaturas anormalmente altas.
El procedimiento adecuado incluye limpiar completamente los restos antiguos con alcohol isopropílico y un paño sin pelusa. Luego se aplica una pequeña cantidad, usualmente del tamaño de un guisante, en el centro del procesador. Al reinstalar el disipador con presión uniforme, la pasta se distribuye formando una capa delgada que optimiza la transferencia térmica.
En laptops el proceso implica mayor complejidad, ya que requiere desmontajes más profundos y existe riesgo de dañar conectores o componentes delicados. Por ello, si no se cuenta con experiencia, lo recomendable es acudir a un servicio técnico calificado, especialmente en equipos aún cubiertos por garantía.
En cuanto a la elección del producto, lo más seguro para la mayoría de usuarios es optar por pastas no conductoras de electricidad, generalmente de cerámica o carbono. Marcas reconocidas ofrecen estabilidad y facilidad de aplicación. Se desaconseja el uso de metal líquido en manos inexpertas, pues conduce electricidad y puede causar daños irreversibles.
Expertos del sector recuerdan que la pasta térmica es el “héroe invisible” del sistema. Un chip que opera constantemente al límite térmico sufre desgaste prematuro y pérdida de rendimiento. Mantener un buen flujo de aire, limpiar ventiladores y asegurar una correcta presión de montaje son factores tan importantes como la propia pasta. Un equipo bien refrigerado es sinónimo de mayor durabilidad y desempeño sostenido.
