Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano: cuatro décadas cuidando la memoria que el país proyecta

 

Cumplir cuarenta años, para una entidad dedicada a la preservación audiovisual, no es simplemente alcanzar una fecha simbólica. Significa haber sobrevivido a la fragilidad de los soportes, a la escasez de recursos técnicos y a la histórica subvaloración del archivo como patrimonio cultural. La Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano llega a este aniversario como una institución que ha trabajado contra el tiempo para evitar que desaparezcan imágenes esenciales de la historia nacional.

Desde su creación, la Fundación entendió que el cine no es únicamente una manifestación artística o un producto de entretenimiento. Cada registro audiovisual contiene información social, política y cultural que permite reconstruir épocas, costumbres y transformaciones del país. Conservar películas, noticieros y documentales es también conservar maneras de hablar, de habitar los territorios y de interpretar los acontecimientos colectivos.

En Colombia, buena parte del material fílmico del siglo pasado estuvo en riesgo real de pérdida. Las condiciones climáticas, el deterioro químico del celuloide y la ausencia de políticas sistemáticas de conservación amenazaban con borrar décadas de memoria visual. Frente a ese escenario, la Fundación asumió una tarea compleja: rescatar, clasificar y restaurar archivos antes de que el daño fuera irreversible.

Ese trabajo ha exigido más que vocación cultural. Ha requerido investigación técnica, procesos de digitalización, formación especializada y cooperación con instituciones nacionales e internacionales. La preservación audiovisual implica decisiones científicas sobre almacenamiento, migración de formatos y tratamiento de materiales en riesgo, labores que suelen pasar desapercibidas, pero que son determinantes para garantizar el acceso futuro a esos contenidos.

La Fundación también ha insistido en que preservar no equivale a guardar bajo llave. Su apuesta ha sido devolver las obras restauradas al espacio público mediante exhibiciones, alianzas con cinematecas, circulación en festivales y proyectos pedagógicos. Cada proyección recuperada permite que nuevas generaciones dialoguen con imágenes que explican de dónde viene el país y cómo ha cambiado su mirada sobre sí mismo.

Este esfuerzo ha contribuido a fortalecer la comprensión del audiovisual como patrimonio, no como archivo muerto. Las imágenes rescatadas permiten estudiar procesos urbanos, conflictos sociales, expresiones artísticas y transformaciones tecnológicas, ampliando la manera en que se construyen los relatos históricos. El cine preservado se convierte así en fuente de conocimiento y en herramienta para la reflexión crítica.

El aniversario también invita a reconocer a los profesionales que sostienen esta labor: archivistas, restauradores, catalogadores e investigadores que trabajan con rigor técnico y paciencia meticulosa. Su tarea consiste en garantizar que los documentos audiovisuales mantengan integridad física y sentido contextual, evitando que se conviertan en piezas aisladas sin posibilidad de interpretación.

Celebrar estos cuarenta años no debería ser solo un acto conmemorativo, sino una oportunidad para reafirmar la importancia de invertir en memoria cultural. El patrimonio audiovisual es un recurso estratégico para la educación, la investigación y la identidad colectiva. Gracias a la labor sostenida de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, el país puede seguir viéndose en sus imágenes y entendiendo que la memoria también se construye en movimiento.

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