Emprender en Colombia ya no depende exclusivamente de contar con un capital elevado. El crecimiento sostenido del comercio electrónico ha abierto oportunidades para que más personas conviertan sus habilidades en negocios digitales viables. Solo en el tercer trimestre de 2025 se registraron más de 180 millones de transacciones digitales en el país, reflejando un entorno donde vender por internet se consolida como alternativa real de generación de ingresos para quienes buscan iniciar proyectos propios.
Una de las opciones más accesibles es el modelo de dropshipping, que permite vender productos sin necesidad de almacenar inventario. El emprendedor se enfoca en la estrategia comercial, la comunicación con clientes y la gestión de su tienda virtual, mientras los proveedores se encargan de la logística. Esto reduce riesgos financieros, elimina costos de almacenamiento y facilita probar nichos de mercado antes de escalar, algo clave para quienes comienzan con recursos limitados.
Otra alternativa es ofrecer clases o cursos online. Profesionales, técnicos o personas con experiencia en oficios pueden monetizar su conocimiento mediante contenidos digitales. Con herramientas básicas como una cámara y conexión a internet, es posible crear productos educativos que se venden múltiples veces sin costos adicionales de producción. Este modelo destaca por sus altos márgenes, su escalabilidad y la creciente demanda de formación flexible, especialmente en habilidades digitales y técnicas.
Los servicios especializados de organización, mantenimiento o asistencia para hogares y oficinas también pueden gestionarse desde plataformas digitales. Este tipo de emprendimiento requiere más capacidad operativa que inversión en infraestructura, y puede iniciar mediante reservas previas o servicios bajo demanda. Una presencia sólida en redes y una buena reputación permiten captar clientes y crecer gradualmente, profesionalizando tareas que tradicionalmente se ofrecen de manera informal en el mercado local.
El recommerce, especialmente en moda vintage, se posiciona como tendencia vinculada al consumo responsable. Este modelo permite vender prendas u objetos de segunda mano con valor estético o funcional, iniciando incluso con artículos propios o en consignación. Además de reducir la inversión inicial, conecta con consumidores interesados en la sostenibilidad y en productos únicos, lo que facilita construir una identidad de marca diferenciada y alineada con la economía circular.
La gestión y producción de eventos digitales es otra posibilidad en expansión. Empresas, instituciones y comunidades buscan espacios virtuales para capacitación, networking y lanzamientos. Organizar estos encuentros no implica costos de alquiler de espacios físicos ni logística presencial, por lo que la rentabilidad depende de la capacidad de coordinar aliados tecnológicos y conectar audiencias. Es un campo donde la organización, la creatividad y la gestión de experiencias son claves para destacarse.
Estos modelos comparten un rasgo común: priorizan la ejecución estratégica sobre la inversión económica. Validar ideas con bajo costo, medir resultados y reinvertir ganancias permite crecer de manera sostenible. Las herramientas digitales actuales facilitan crear tiendas, gestionar pagos y promocionar servicios sin conocimientos técnicos avanzados, reduciendo barreras de entrada y permitiendo que más personas participen del ecosistema emprendedor en línea.
De cara a 2026, el entorno digital ofrece condiciones favorables para quienes deciden emprender con enfoque práctico y adaptable. Más que grandes presupuestos, el diferencial está en identificar oportunidades, entender a la audiencia y ofrecer propuestas de valor claras. Convertir conocimiento, creatividad o experiencia en activos digitales se perfila como una ruta posible para construir ingresos propios en un mercado cada vez más conectado.
