La Alcaldía Mayor de Bogotá activó acciones interinstitucionales para proteger el Palo del Ahorcado o Árbol de la Vida, tras la conflagración ocurrida el 11 de febrero en el Parque de Borde de Cerro Seco, en Ciudad Bolívar. El hecho generó preocupación en la comunidad por tratarse de un referente natural y cultural profundamente arraigado en la memoria colectiva del territorio.
De manera inmediata se articuló un trabajo técnico con el Jardín Botánico de Bogotá José Celestino Mutis, la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte y el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural. Equipos especializados en sanidad vegetal y árboles patrimoniales realizaron evaluaciones estructurales y fisiológicas para establecer el nivel de afectación y definir las intervenciones necesarias para su manejo y estabilización.
Según explicó María Claudia García, directora del Jardín Botánico, varias de las heridas provocadas por el fuego podrían ser irreversibles. No obstante, se implementarán medidas orientadas a favorecer la recuperación del ejemplar. La funcionaria subrayó que este árbol no es únicamente un individuo vegetal, sino un símbolo vivo de biodiversidad, memoria histórica e identidad cultural para la ciudad.
El ejemplar permanecerá bajo monitoreo permanente mientras se evalúa su respuesta biológica tras la afectación. Las decisiones técnicas se adoptarán con base en criterios científicos y en seguimiento continuo, considerando su ciclo natural de vida. Las autoridades insistieron en que cualquier determinación futura priorizará la protección del patrimonio natural y el respeto por el significado comunitario del árbol.
Desde el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, su director Diego Parra destacó que el Palo del Ahorcado representa las luchas sociales y los procesos organizativos que han construido identidad en Ciudad Bolívar. Protegerlo, afirmó, significa salvaguardar la memoria y los vínculos comunitarios que se han tejido durante décadas alrededor de este símbolo territorial.
Este eucalipto, único en la cima de Cerro Seco, ha acompañado procesos de migración interna y autoconstrucción de barrios en la localidad. Su presencia ha estado ligada a prácticas sociales, ambientales y espirituales que fortalecen el sentido de pertenencia. Para muchos habitantes, el Árbol de la Vida encarna resiliencia, arraigo y memoria colectiva.
En 2023, el equipo de Valoración del IDPC desarrolló talleres de cartografía social y recorridos territoriales con colectivos y organizaciones comunitarias. Este proceso permitió construir un documento de valoración patrimonial y reconocer el territorio físico y simbólico asociado al árbol, facilitando su inscripción en la Lista Indicativa de Candidatos a Bienes de Interés Cultural.
La Alcaldía Mayor reiteró el llamado a la ciudadanía para reconocer, respetar y cuidar los bienes que representan la memoria colectiva y el arraigo territorial. Las autoridades enfatizaron que la protección del patrimonio natural y cultural es una responsabilidad compartida que exige articulación permanente entre instituciones y comunidad para preservar estos referentes de identidad.
Sección
Bogota
