Ruido de Fondo Records es una de esas iniciativas que existen a contracorriente del consumo masivo y la inmediatez digital. Desde Colombia, este proyecto independiente ha apostado por devolverle al vinilo su dimensión más íntima: la del objeto único, hecho a mano, pensado para escucharse con atención. No se trata de nostalgia gratuita, sino de una decisión estética, técnica y cultural que reivindica el sonido como experiencia y no solo como archivo reproducible.
Lejos de funcionar como un sello discográfico tradicional, Ruido de Fondo Records se ha consolidado como un taller–laboratorio fonográfico especializado en la producción artesanal de discos de vinilo. Su trabajo se basa en la técnica conocida como lathe cut, un proceso en el que cada disco es cortado uno por uno, directamente sobre material virgen. Cada copia es distinta, irrepetible, con pequeñas variaciones que hacen de cada vinilo una pieza singular.
El proyecto nació en Antioquia de la mano de Pablo Mejía, quien vio en la ausencia de plantas de prensado locales una oportunidad para crear un modelo alternativo. Más que replicar la lógica industrial, Ruido de Fondo decidió construir un espacio donde artistas independientes pudieran materializar su música en formato físico sin depender de grandes tirajes ni presupuestos inalcanzables. Esa decisión marcó su identidad desde el inicio.
Uno de los mayores aportes del proyecto es haber eliminado las barreras de entrada al vinilo. Mientras las plantas industriales exigen cientos o miles de copias, Ruido de Fondo permite producir desde una sola unidad. Esto ha abierto la puerta a músicos emergentes, proyectos experimentales, artistas sonoros y creadores que buscan un objeto físico sin someterse a las reglas del mercado tradicional.
Los formatos que se trabajan en el taller incluyen discos de 7, 10 y 12 pulgadas, además de ediciones especiales que pueden incorporar diseños personalizados, etiquetas impresas y carátulas hechas a medida. El proceso es cercano y colaborativo: cada proyecto se construye junto al artista, respetando su intención sonora y visual. Aquí, el vinilo no es solo un soporte, sino parte integral de la obra.
Ruido de Fondo Records también ha ampliado el uso del vinilo más allá de la música convencional. Grabaciones de paisajes sonoros, piezas experimentales, registros íntimos o ediciones únicas concebidas como regalo han encontrado en este formato un nuevo sentido. El disco se convierte en documento, archivo emocional o pieza artística, capaz de contar historias que no siempre caben en las plataformas digitales.
En un país donde la industria fonográfica en vinilo prácticamente desapareció, este tipo de iniciativas cumplen un rol cultural clave. Recuperan saberes técnicos, mantienen viva una tradición y generan comunidad alrededor del sonido analógico. Desde Medellín y el oriente antioqueño, Ruido de Fondo se ha insertado en una red de melómanos, coleccionistas y artistas que entienden el valor del tiempo y la escucha atenta.
El proyecto dialoga también con una generación que, cansada de la saturación digital, busca experiencias más tangibles. En ese contexto, el vinilo artesanal aparece como una forma de resistencia cultural: un objeto que exige presencia, cuidado y paciencia. Escuchar un disco de Ruido de Fondo implica bajar el ritmo, poner la aguja y dejar que el sonido ocurra, con sus imperfecciones y matices.
Más que competir con el streaming, Ruido de Fondo Records propone otra lógica de circulación musical. Sus discos no buscan viralidad, sino permanencia. No están pensados para listas algorítmicas, sino para estanterías, tornamesas y escuchas compartidas. Es un modelo pequeño en escala, pero profundo en significado.
En tiempos donde la música se consume y se descarta con facilidad, Ruido de Fondo Records recuerda que el sonido también puede ser un acto artesanal y consciente. Su apuesta demuestra que aún hay espacio para proyectos que privilegian el proceso sobre la prisa y la identidad sobre la masificación. En medio del ruido, este taller sigue grabando surcos que dejan huella.
